ún no logro a entender como puede prevalecer la testarudez de un gobierno, ante la muerte de soldados españoles en Afganistán y Líbano, cuando de sobra es sabido que las tropas españolas se encuentran en una guerra con todos los aditamentos para considerar estos escenarios en los puntos más calientes del planeta.¿Cómo se puede privar del honor a unos soldados que han entregado la vida en establecer el orden mundial?,¿cómo es posible que se les prive a ellos y a sus familias del reconocimiento de un país que les ha enviado a la guerra?.
Salimos corriendo de Irak, para dar un golpe de efecto a la sociedad como herramienta para ganar las elecciones y al día siguiente de tomar el gobierno, dispersan a las Fuerzas Armadas en lugares infinitamente más conflictivos, haciéndonos ver que se trataba de una excursión sin riesgos, como una fuerza de interposición para evitar invasiones israelíes de suelo libanés, nos hicieron ver que al ir bajo los auspicios de la ONU, era totalmente diferente respecto a nuestra presencia en Irak, ¿donde están los pacifistas subvencionados?, dejemos de representar a las Fuerzas Armadas como ONG,s.
Había que pagar un precio a la machada, era imposible que saliese gratis el desafío de ZP.
Lo que sucede en el Líbano no es diferente de lo que sucede en Irak, o Afganistán, todo es producto de un integrísmo desorbitado que a toda costa nos quiere imponer una creencia y una religión de la forma que sea, es el odio a lo occidental.
Pero puestos a ser prácticos, aunque no se les reconozca los méritos a los soldados caídos, al menos, dótesele del material adecuado para cada misión en función del riesgo a asumir, tenga el coraje de no escatimar esfuerzos para proteger a sus soldados,-aunque esta última palabra le produzca escozor-, de todos es sabido que usted es un hombre de “paz”, aunque mande tropas a los escenarios más bélicos, de todos es sabido que se alinea con los países más radicales en función de la Alianza de Civilizaciones, creyó que todo acabaría huyendo de Irak, y le han servido el segundo plato y por desgracia creo que tendremos postre.
NELSON



























Las nuevas ordenanzas, aprobadas por Carlos III, comenzaron con un proyecto de 1749, que se fue perfilando hasta 1763, en que se intentó promulgar unas nuevas ordenaciones que no fueron del agrado del conde de Aranda, quien las reformó e impidió su salida hasta las definitivas que en esta fecha se sancionan. Parte de su filosofía se vislumbra en la posibilidad de llegar hasta el rey en la exposición de los agravios.



















