
Estos porcentajes se mantienen, tanto en la emigración legalmente registrados, como en la emigración ilegal. Según los registros oficiales, las licencias para emigrar a las Indias, concedidas entre 1509-59 por la Casa de Contratación de Sevilla, ascienden a 15.480; 2775 entre 1509-19, 1.127 entre 1520-29, 8.048 entre 1530-39, 766 entre 1540-49 y 2 764 hasta 1559. Sin embargo, junto a esto existe un intenso comercio y tráfico ilegal hacia las Indias, que eleva presumiblemente la cifra de personas emigradas a las Indias hasta las 100.000.
El elevado número de emigrantes, responde a la grave situación económica existente en la península Ibérica; la mayor parte de esta emigración procede en su casi totalidad de Castilla, ya que es el reino español más poblado y está prohibido ir a América a los naturales de los otros reinos, aunque estos emplean medios ilegales para emigrar.
La situación económica de España, en la primera mitad del s XVI, es de franca prosperidad, ante el estímulo de los metales preciosos procedentes de América. Se caracteriza por el aumento de la población, el desarrollo de la Mesta y la industria, la solidez de la moneda y un autoabastecimiento cerealístico. Sin embargo, en este período pueden verse ya signos claros de la recesión de los años siguientes, sobre todo a partir de 1557, cuando se declara la primera quiebra del estado. La agricultura y las clases campesinas dan señal de la crisis. La población peninsular en el s XVI alcanza los 9.485 .000 habitantes, 8.235.000 si descontamos Portugal. De estos, un 75 %, unos 6 millones, constituye la población productiva, de la cual un 75 %, unos 4.5 millones, son campesinos. Sin embargo, el rendimiento general del suelo es pequeño y no cubre las necesidades.
A pesar de cierta reactivación de la agricultura, dos aspectos frenan una evolución racional: el fuerte impulso otorgado a la Mesta, lo que resta tierras a la agricultura, y la pujanza de la aristocracia y, en consecuencia, del latifundismo señorial. Esto provoca que cultivos tan importantes como el del trigo, sufra graves irregularidades en sus cosechas y frecuentes oscilaciones de precios.Al complicarse con periódicas manifestaciones el terrible trinomio sequía-hambre-peste, la emigración aparece como solución ideal, restando importantes brazos al campo que repercuten aún más negativamente en su desarrollo.