
Observé, pues, que el Fénix iva navegando; pero tirado a remolque, y es caso que no se ha visto jamás en alta mar; iva que volaba, y en su seguimiento la flota. Iva tirado de una trenza visible y fortísima texida, no de filásticas cansadas sino de hilos finísimos más que el coral, preciosísimos más que el oro, solisísimos más que el diamante; y eran los pensamientos, los amores, los deseos de toda España, de vuestros Lealísimos Vasallos, que disparados de nuestras costas, y prendiendo del tajamar al Fénix, con licencia interpretativa del soberano, hacían fuerza para contraer y sincopar la extensión de los mares y lograr quanto antes el día feliz de ver a V. M.»
P. G. F.