domingo, noviembre 12, 2006

EL EMPECINADO LLEGA A EL PARDO Y HACE HUIR A JOSÉ I

os guerrilleros fueron la pesadilla de Napoleón. Era un ejército ágil, disperso, desorganizado, que lanzaba ataques fulminantes y desaparecía luego,ndiéndose con el paisanaje. Uno de sus jefes, el Empecinado, burló a los 20.000 franceses que defendían Madrid, llegó a El Pardo e hizo huir a José Bonaparte.

EN 1810, EL REY JOSÉ I se vió obligado a huir, «en camisa», cuando una partida guerrillera irrumpió en el palacio de El Pardo. Eran sólo 500 jinetes, que habían logrado infiltrarse en las líneas enemigas, desde su base de operaciones de Guadalajara, Habían burlado a 20.000 franceses que defendían Madrid y, rápidos como un relámpago, se habían presentado en el mismísimo palacio real. Dirigía a aquel comando montado Juan Martín el Empecinado, uno de los más osados y eficaces adalides de la guerrilla.
Al día siguiente otra partida guerrillera, del grupo de el Empecinado, aún mucho más reducida (30 jinetes) entró en Madrid, matando y acuchillando franceses. Luego desapareció.
La hazaña del Empecinado es un elocuente ejemplo del modo de actuar de la guerrilla. Pegados sobre el terreno, supliendo con movilidad y rapidez la inferioridad de medios y efectivos, los guerrilleros fueron erosionando las divisiones napoleónicas.
Con el tiempo, llegaron a adquirir un poder creciente,debido a la capacidad de convocatoria que tenían sobre el pueblo, que era la cantera de recursos humanos de la que se nutría. En febrero de 1812, el ejército de Francisco Espoz y Mina inmovilizó en la montañas del este de Navarra a la mejor fuerza contrainsurgente de Napoleón, los Infernales del general Soulier. Los 4.000 hombres de Mina, la formación guerrillera más colosal de España, atacó a los 2.000 soldados de Soulier cerca de Sangüesa. Dos años antes Mina habría dudado, incluso con una ventaja de dos a uno, en hacer frente a los veteranos franceses. En 1 8 1 2, sin embargo, las tropas de Soulier habían perdido gran parte de su capacidad disuasoria. Los navarros estaban tan acostumbrados a entablar batalla contra fuerzas superiores que cuando llegaba la oportunidad de enfrentarse a un número igual o inferior era, según se jactaba Mina, como llevar a sus hombres de fiesta.
Muchos de los guerrilleros que hicieron frente a las tropas napoleónicas ya tenían experiencia cuando la invasión de 1808. Juan Martín, que por su arrojo ganó el sobrenombre de el Empecinado, se había alistado a los 1 7 años en el regimiento de caballería del rey al comenzar la guerra entre España y Francia en 1792. Su valentía y dotes de mando se hicieron tan famosos que el general Ricardos le hizo su ayudante. Pero el honor de galopar tras el general no le compensaba de participar en la lucha.
El joven dragón pidió permiso para separarse del Ejército y formar su propia cuadrilla con camaradas oriundos, como él, de la Ribera del Duero. Con ellos comenzó a operar en Cataluña, molestando cuanto podía al enemigo, pero la paz le obligó a retirarse a su pueblo natal, en la provincia de Valladolid. Cuando la monarquía borbónica abandonó el país y el Estado se disolvió en juntas locales, Juan comenzó a reunir partidarios y atacar convoyes.
Otros jefes hacían lo mismo por Sierra Morena, las montañas de Navarra o el norte de Burgos y Soria. Siempre sujetos a la autoridad de la junta provincial y limitados por un radio de acción escaso para no alejarse de su lugar de origen, los guerrilleros carecían de una estrategia común. Así, cuando en 1811 el capitán general de Valencia pidió al Empecinado que atacase la columna del mariscal Suchet para impedir la toma de la capital, el castellano no pudo hacerlo porque la Junta de Guadalajara se lo impidió.
Por entonces, el Empecinado mandaba el temible Batallón de Tiradores de Sigüenza, una fuerza de tres mil hombres tan efectiva como poco disciplinada. El jefe les exigía acantonarse todos juntos, vivaquear como un ejército y marchar en formación. Los voluntarios se negaron y desertaron en masa.
Otro tanto le ocurría al cura Merino. Astuto, sobrio, cruel, excelente jinete, Merino dejaba a sus hombres en el campamento cada noche y luego se alejaba por los riscos de Lerma y sus cercanías con sólo dos ayudantes. A mitad de camino, ordenaba a los secretarios dejarle solo y seguía ascendiendo con su caballería. Cuando encontraba un repecho, al abrigo de un saliente o una cueva, desmontaba, sacaba una cazoleta y una pastilla de chocolate y se hacía su colación diaria. Lueg dormía placidamente donde nadie podía encontraelo. Así pasó la guerra y no conoció la derrota. Su nombre inspiraba mayor temor que cualquier mariscal de Napoleóm.
FRANCISCO ESPOZ E IRUNDÁIN cambió su segundo apellido por el de Mina, en honor del jefe guerrillero Javier Mina, sobrino suyo. Con su partida asoló las tierras navarras cometiendo unas atrocidades precursoras del terror carlista o etarra. Enterraban vivos a los franceses con la cabeza fuera para jugar macabras partidas de bolos hasta destrozarles el cráneo. O torturaban, empalaban, untaban de pez y paseaban desnudas y enjauladas, con cartelones insultantes, a las mujeres que habían osado casarse con un francés.
Frío y despiadado, Mina se empleó a fondo tambien con sus rivales y los fue eliminando a todos: Echevarría, Eguaguirre Sádaba y el cura Ujué. A su debido tiempo, él también recibió lo suyo. Capturado a traición en Estella, fue fusilado en el monasterio de Irache. (Imagen, el Empecinado)
Ignacio Merino

LA INTERVENCIÓN BRITÁNICA DECIDE EL CURSO DE LA GUERRA

OS FACTORES AYUDAN A EXPLICAR LA DERROTA de Bonaparte en España, en la última fase de la contienda (1812-13): la atención y las energías que el emperador tuvo que dedicar a Rusia y la intervención británica en la Península Ibérica.
En 1812, la guerra daba un giro brusco, Napoleón invadía el imperio de los zares y se veía obligado a concentrarse en una diflcil campaña, que le exigía destinar cuantiosos efectivos. España había dejado de ser objetivo bélico prioritario de París.
Paralelamente los ingleses, comandados por el duque de Wellington, hacían más efectiva su presencia en la contienda, desde su base de operaciones de Portugal. Los franceses se veían obligados a abandonar la meseta de Castilla la Vieja tras algunas derrotas, entre ellas la más notable la de los Arapiles el 22 de julio de 1812. José I abandonaba Madrid y el general Soult levantaba el asedio de Cádiz. Allí cobró fama la canción de sus mujeres: «Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones». Parece que las bombas francesas se asemejaban a los utensilios que usaban las mujeres para rizar su cabello.
El duque de Wellington se había convertido en el jefe de operaciones de las tropas británicas en España, tras la muerte del general John Moore en LaCoruña. Tras la batalla deTalavera lanzó una ofensiva contra Ciudad Rodrigo (1812), plaza que tomó, por lo que le fue otorgado el ducado del mismo nombre. A continuación fue puesto al frente del mando único del Ejército aliado anglo-hispano-portugués, y fue entonces cuando ganó la batalla de los Arapiles (Salamanca) y entró en Madrid.
Tras volver a su cuartel general en Portugal y pasar en sus bases el invierno de 1812, Wellington lanzó una nueva ofensiva en 1813 contra los franceses, Aquella fue la puntilla para el Ejército napoleónico. Las batallas de Vitoria y San Marcial (cerca de Irún) fueron decisivas para precipitar la salida de los invasores y el fin de la guerra. Las últimas tropas abandonaban el territorio español el 4 de julio de 1814 desde Figueras.
Wellington persiguió a los invasores en territorio francés, pero si no obtuvo más éxitos fue porque no convenía a Gran Bretaña que España se sentara en la mesa de los vencedores en el Congreso de Viena. Es decir, que los ingleses utilizaron la plataforma de la Península Ibérica para asestar un golpe mortal a Bonaparte, pero a la hora de adjudicar la gloria, minimizaron la decisiva contribución española.Dicho lo cual, hay que subrayar que sin el apoyo británico la contienda se hubiera prolongado más tiempo. El 6 de abril de 1814 había abdicado Napoleón y Fernando VII, liberado tras el Tratado de Valençay, en diciembre de 1813, recuperaba la Corona sin la intervención de las Cortes.(Imagen de Wellington).
M.I.C.

ZARAGOZA RESISTE

OS CRUENTOS ASEDIOS SUFRIÓ Zaragoza a lo largo de la Guerra. El primero en 1808 y el segundo en 1809. La capital aragonesa fue diezmada por las baterías francesas durante 2.200 días.
El primer asalto se produjo en junio de 1808, cuando el general Lefebvre llegó a la ciudad con 15.000 hombres. Había derrotado al general Palafox en Alagón, obligándole a replegarse hacia Zaragoza. El sitio se prolonga durante mes y medio. En los combates destaca por su heroísmo una mujer, Agustina de Aragón. La ciudad opone una férrea resistencia, y Palafox consigue salir y volver con nuevos efectivos. Todo ello obliga a los napoleónicos a levantar el asedio el 14 de agosto. Los españoles han perdido 2.000 hombres y los franceses, 4.000.
No tardarán los invasores en volver a la carga. Zaragoza es un importante nudo de comunicaciones y los franceses quieren tomarlo a toda costa. El 21 de diciembre, las baterías de Bonaparte machacan de nuevo las murallas de la ciudad. Palafox consigue sostenerla, gracias a nuevos refuerzos (30.000 hombres) y armas (160 piezas de artillería). Pero el implacable cerco francés se estrecha sobre Zaragoza, debilitada por los fantasmas del hambre y de las epidemias. En febrero de 1809 se combate casa por casa. Pero de nada sirve el heroísmo de paisanos y soldados. El día 20, la ciudad se rinde 50.000 españoles han caido en la batalla. Años después, Fernando VII concedería a la ciudad los títulos de Muy Noble y Muy Heroica.
Danuel Serrano

viernes, noviembre 10, 2006

CONTRAESPIONAJE

lgarbani identifica a uno de los agentes del SIPM más activos, con el nombre de Otero. Llegó a instalarse en el Peñón donde afamó como comerciante de alhajas, aunque fuese una tapadera para ejercer como «uno de los puntales más firmes del Servicio». «Los servicios de contraespionaje —añade— también actuaban desde Gibraltar en la zona, de esta forma se reciben noticias de lo que se está haciendo en territorio del Campo de Gibraltar sobre fortificaciones y también del cemento y cañones que han sido desembarcados en la estación de San Roque. El SIPM parece encontrar al enlace de la Estación de San Roque y a otro enlace en el vapor de Algeciras, este último maquinista».
Un hidroavión biplano inglés fue detectado sobre la vertical de la batería de Punta Carnero, a principios de 1939, pero el incidente se zanja con una disculpa oficial del gobernador de Gibraltar, Ironside. A un maestro armero inglés, llamado Juan Chestman, lo pillaron infraganti, tomando fotografías y apuntes, en el Cortijo La Pólvora, en las cercanías de la Estación de San Roque. No resultaba nada extraño si se tiene en cuenta que las autoridades inglesas poseían fotografías de cinco baterías españolas, tomadas por aviadores y por agentes del Intelligence Service.
A medida que avanzaba 1939, empezó a ampliarse el campo de aviación de Gibraltar sobre terrenos del antiguo hipódromo. Se da la paradoja de que entre los obreros que estaban construyéndolo, figuraban los gruístas del puerto, algunos de los cuales habían sido fichados como informadores del SIPM y su profesionalidad era tan disputada que las autoridades franquistas pretendían usarlos para las fortificaciones de la costa española. El problema estribaba, según Algarbani, en que no terminaban de fiarse: si estaban espiando a los ingleses a sueldo del Ejército español, podían espiar a los españoles con cargo a Su Graciosa Majestad.
La luna de miel entre el Reino Unido y España iba dando las boqueadas y los diez mil ingleses o gibraltareños con pasaporte británico que vivían en el Campo de Gibraltar empezaron a tener problemas a la hora de obtener salvoconductos, un trámite cada vez más restringido y sujeto a intrincados controles que limitaban su circulación por algunas zonas, como las carreteras de La Almoraima y la de Castellar, donde podían ser testigos presenciales de movimientos sospechosos del Ejército español. Los filtros de los carabineros canalizaban su paso hacia la carretera de San Roque y se les impedía tomar la carretera del Zabal, que atravesaba Sierra Carbonera y cuyo uso se reservó a fines militares. Al mismo tiempo, la nueva España expropiaba las fincas de dueños extranjeros en Campamento y Puente Mayorga, una práctica que concluyó con la prohibición expresa de que ciudadanos que no fueran españoles pudiesen contar con propiedades inmuebles en el lado español de la frontera, en base a un decreto posterior que no se derogó hasta la promulgación de la Constitución de 1978. Una de las principales dificultades de este dispositivo estribaba en una finca de Guadacorte, propiedad de extranjeros a los que se terminó por dificultar el acceso a su propia heredad. Un sinfín de controles jalonaba el camino entre Cádiz y Málaga o el que llevaba de Algeciras a Jerez, a través de una tupida selva de alcornocales.
Todos los ojos eran pocos para vigilar aquel confín donde los tambores de guerra no habían dejado de sonar: desde El Toril y la Estación de San Roque hasta el Higuerón, desde Guadiaro a Chullera, se pretendía blindar el paso de vehículos y personas, para que nada ni nadie escapase al control de policías y militares españoles.
Juan José Tellez. Gibraltar en el tiempo de los espías.

martes, noviembre 07, 2006

CÁDIZ 1812:GERMEN PRECOZ DE NUESTRA DEMOCRACIA

spaña dio un paso de gigante al otorgarse una Constitución, nacida de una insurrección popular y sustentada en ideales patrióticos y reformistas. Era el germen de la democracia y la cristalizacíon de liberalismo.
LA TEMPRANA PRESENCIA DE ESPAÑA en la Historia del Constitucionalismo (el quinto país del mundo que se otorga una constitución escrita) es el fruto de la irrupción de un poder constituyente, de base popular, pero sólo se explica por los esfuerzos de la centuria anterior, el Siglo de las Luces, para superar la decadencia y acceder a la modernidad. Los españoles se enfrentan a la invasión napoleónica y al sometimiento del poder central con formas espontáneas de organización politica, cuya dispersión no es obstáculo para coincidir en la defensa común y en la recomposición de la unidad. La insurrección popular aglutina dos sectores bien diferentes: el tradicionalista, predominante en el ámbito rural, bajo la influencia del clero, y el de la intelectualidad burguesa de ideas avanzadas. Pese a tales diferencias, la constitución de la monarquía fue posible porque, después de los profundos cambios del siglo XVIII, ni los más proclives a la defensa del Antiguo Régimen desconocían la necesidad de reformas, ni los más liberales renunciaron a preservar ciertos principios.
Las Juntas Provinciales, que habían recogido el poder abandonado, configurándolo en formas diversas, lo pusieron en manos de una Junta Suprema Central, que, el 25 de septiembre de 1808, formaron en Aranjuez 35 miembros representantes de las Provinciales (uno por la de Canarias y dos por cada una de las restantes), bajo la presidencia del ya octogenario Floridablanca. Renunciando al concepto tradicional de estamentos, el 1 de enero de 1810 la Junta Central, instalada ya en la Isla del León —hoy San Fernando-, aprueba el Decreto de Convocatoria para la constitución de una Cámara de carácter único, que debía elaborar y aprobar una Ley Fundamental y estaría formada por representantes de la nación, incluidas las colonias de ultramar. Para la designación de diputados, la convocatoria establecía un sistema electoral de tercer grado y de carácter censitario. La Junta decidió disolverse entonces y designar un Consejo Supremo de Regencia, que quiso desconocer la convocatoria, pero terminó respetándola. La impropiamente llamada Constitución de Bayona fue determinante en la rapidez con que se sucedieron las decisiones posteriores, por la convicción de que había que disponer de un texto constitucional frente al otorgado por Napoleón en 1808. Las circunstancias dificultaban y en algunos casos impedían el desarrollo del proceso electoral, por lo que fue necesario cubrir las ausencias y retrasos con suplentes que, designados entre las minorías más inconformistas concentradas en el reducto sitiado, serían decisivos en la conformación de la mayoría liberal, luego debilitada con la incorporación de los titulares.
Las Cortes de Cádiz se constituyeron el 24 de septiembre de 1810, en la Isla del León, con 296 de los 300 diputados previstos, 220 por la Península y 80 por las provincias ultramarinas. La mayor parte procedían de las capas medias burguesas: eclesiásticos (90), abogados (56), funcionarios (49), militares (39) y catedráticos de Universidad (15). La presencia de la alta nobleza y de las capas populares fue insignificante. A pesar de que los eclesiásticos copaban casi un tercio de la Cámara, nunca actuaron con carácter estamental. Por el contrario, se enfrentaron en radical antagonismo, alineándose unos con los liberales, entre cuyas figuras más eminentes 4 destaca el diputado por Badajoz Muñoz Torrero, y otros, como el obispo de Orense, Pedro de Quevedo, con los más irreductibles inmovilistas.
Anticipando el cambio, el contenido del discurso inaugural, que pronunció Muñoz Torrero, fue votado en forma de ley (ahora se podría equiparar a la Ley para la Reforma Politíca de 1977) que reconocía a Fernando VII como único rey legítimo, atribuía a los diputados reunidos en Cortes la representación de la nación y la soberanía nacional, establecía la separación de poderes y otorgaba inviolabilidad a los diputados. Hay que añadir otras leyes que, desde el primer momento y paralelamente al debate constitucional, fueron aprobando las Cortes para suprimir los señoríos jurisdiccionales, el Tribunal de la Inquisición, los gremios y ciertos privilegios de estamentos. También se estableció por ley la libertad de imprenta y la competencia de las Cortes para aprobar el presupuesto del Estado, anticipando, con todo ello, la vigencia del nuevo régimen. En diciembre de 1810 fue designada la Comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución, que comenzó a debatirse, ya en la ciudad de Cádiz, en agosto de 1811 y fue promulgada el 19 demarzo de 1812.Los precedentes, notorios, son diversos. La influencia del primer constitucionalismo revolucionario francés no impide afirmar que la Constitución de Cádiz sólo aceptó a beneficio de inventario la francesa de 1 791. La mayor parte de los liberales españoles preferían la organización política inglesa, con su contrapeso de poderes, y la protección de la libertad desde un enfoque individual. Es cierto que no consiguieron imponer el sistema bicameral ni matizar la separación de poderes para hacerla más viable. Pero no puede negarse el impacto del pensamiento liberal inglés ni, más concretamente, el de las Sugerencias sobre las Cortes, que había escrito Lord Holland y había traducido Toreno, quien, valga como ejemplo, apoyó su defensa de la abolición de los gremios en argumentos de Adam Smith.
TAMBIÉN ESTUVO presente el espíritu de la Constitución americana que, fruto de una revolución más política que social sitúa en primer plano la protección contra los abusos de poder.Finalmente, es notoria la expresa reindivicación de nuestro pensamiento político clásico y de "la antigua y venerable Constitución de España", defendida por Jovellanos, el adalid de la moderación y de la concordia en las Cortes de Cádiz, y asumida por los liberales para "restablecer las leyes que habían convertido a nuestros antepasados en hombres libres".
Los fundamentos del nuevo régimen constitucional y del ideario del primer liberalismo español están contenidos en el discurso de Agustin argüelles, que precede a la extensa Contitución de 1812, cuyos 384 artículos, agrupados en diez títulos, tienen un claro predominio de normas orgánicas. Más de 300 artículos están dedicados a las Cortes, el rey y sus secretarios de Estado, la administración de Justicia, las diputaciones y los ayuntamientos.Partiendo de una estricta separación de poderes, se instaura la elegibilidad de los ayuntamientos, se establece el sufragio universal y se suprime el mandato operativo, importante innovación que atruibuye a los diputados la representación de la nación. Se garantiza la igualdad de todos los españoles ante la Ley, sin exclusiones ni privilegios, y se asegura la distribución equitativa de los gastos del Estado, estableciendo una caja única y una fiscalidad común.
Se reconoce, además, la libertad de contratación y la libre disposición de la propiedad privada, suprimiendo mayorazgos y vinculaciones. Se configura un Estado unitario, del que desaparecen aduanas interiores y viejos fueros territoriales, anteponiendo los derechos de los españoles a los históricos de cada reino. La proclamación de Argüelles («formamos una Nación y no un agregado de naciones»), apenas suscitó más polémica que la originada por la implantación del modelo departamental francés.
SE INTRODUCE EL SERVICIO MILITAR obligatorio y se encomienda a la Milicia Nacional la defensa de la Constitución. Se instituye la primera enseñanza, al alcance de todos. Tampoco falta, aunque se haga de forma dispersa, el reconocimiento de ciertos derechos individuales, garantías procesales, inviolabilidad del domicilio, con innovaciones tan importantes como la libertad de imprenta, primera formulación de la libertad de expresión. En el debate de esta última, apenas un mes después de constituidas las Cortes, se perifila la agrupación de diputados por tendencias: la mayoría que defendió la propuesta conforme el grupo de los liberales, utilizando por primera vez el término en sentido político, y atribuyó a la oposición el poco grato apelativo de serviles.
Con la vuelta de Fernando VII y el apoyo de casi un tercio de los diputados, partidarios de acabar con el proceso de reformas liberales, la Constitución fue derogada el 10 de marzo de 1814, sin que el aislamiento de Cádiz y las circunstancias de la guerra hubieran permitido apenas comenzar a aplicarla.Se repiten insistentementelos intentos de restablecerla(acaso se deba destacar el de Díaz Porlier) hasta que,al fin,el 10 de marzo de 1820, tras el pronunciamiento de Riego, se inicia el trienio liberal, en el que se desarrolla, con moderación, pero con notable eficacia, el régimen instituido en Cádiz. La hostilidad de Europa toma cuerpo en el congreso de Verona(1822) que condena el principio representativo, como incompatible con la monarquía, y encomienda a Francia la tarea de destruir la revolución en España y Portugal. Consumada la nueva invasión por los cien mil hijos de San Luis, el 1 de octubre de 1823 se inica la década omniosa, a la que siguió El Estatuto Real de 1834 y un efímero restablecimiento de la Constitución liberal de 1836.
No llegó a seis años, en tres períodos discontínuos, la difícil andadura de la Constitución de Cádiz, segada por la irreductibilidad de algunas de las diferencias que dividian a la nación y, especialmente, como se lamentaba Quintana en carta a Lord Hofland, por «la repugnancia invencible que el rey sentía por el gobierno constitucional y su disposición siempre constante a cooperar con cuantos tratasen de destruirlo».
A pesar de todo, allí estaba el germen precoz de nuestra democracia, cristalización del liberalismo español, y en buena medida del europeo que, convertido en símbolo mítico, deja una profunda huella en la Historia de nuestro constitucionalismo y extiende su influencia por toda Europa y por las nuevas naciones de la América Hispana.
Gabriel Cisneros

PRIMER ATENTADO CON BOMBA-LAPA

apoleón salvó la vida por dos segundos, el 24 de diciembre de 1800,cuando, al paso de su carroza, estalló una carreta que tenía amarrado un barril de pólvora. El atentado se saldó con 20 muertos.
EL 24 DE DICIEMBRE DE 1800, la Ópera daba una representación de La Creación de Haydn y Bonaparte anunció que estaría presente, junto con toda su casa, en este magnífico oratorio. Yo estaba de servicio, pero, como el primer cónsul iba a asistir a la ópera, supe que no sería de necesidad en el castillo y decidí, por mi cuenta, acudir al teatro Feydeau, ocupando el palco que madame Bonaparte nos autorizaba y que se hallaba situado debajo del suyo. Cuando la comitiva llegó a la mitad de la calle Nicaise, la escolta que precedía el carruaje encontró el camino obstruido por una carreta, que parecía haber quedado abandonada, y en la que se halló un barril fuertemente amarrado con cuerdas. El jefe de la escolta ordenó que se apartara la carreta a un lado de la calle, y el cochero del primer cónsul azuzó vigorosamente los caballos que salieron disparados como el rayo.
Apenas habían transcurrido dos segundos cuando el barril que había en la carreta estalló ocasionando una terrible explosión. Ninguno de los escoltas del primer cónsul murió, pero varios resultaron heridos; y las pérdidas ocasionadas a los vecinos de la calle y a los transeúntes que se hallaban cerca de la horrible máquina fueron mucho mayores. Más de veinte resultaron muertos y más de sesenta seriamente heridos.
Todas las ventanas de las Tullerías se rompieron y muchas casas se vinieron abajo. La totalidad de las de la rue Nicaise e incluso algunas otras sufrieron graves daños. Los cristales del carruaje del primer cónsul quedaron convertidos en añicos.
Napoleón se salvó por los pelos. Si el cochero del primer cónsul hubiera conducido con menos rapidez, todo habría acabado para su sueño. (...)
El primer cónsul entró en la ópera, donde fue recibido con aclamaciones tumultuosas, contrastando la inmovilidad de su rostro con la palidez y la agitación del de madame Bonaparte, que había temido no tanto por sí misma como por él.
DESPUÉS DE ESTA LAMENTABLE CATÁSTROFE que tanto pesar produjo en Francia y tanto luto en muchas familias, toda la Policía se movilizó en la búsqueda de los autores de la conspiración. Ni siquiera el nombre del más humilde de sus sirvientes se vio mezclado en conspiraciones criminales contra una vida que era considerada tan valiosa y gloriosa.
El ministro de Policía sospechaba que los realistas habían llevado a cabo este atentado, pero el primer cónsul lo atribuyó a los jacobinos, porque ya eran culpables, según él, de crímenes igualmente odiosos.
Se detuvo a 130 hombres de entre los más destacados de este partido, sobre la base de la mera sospecha, y sin ningún tipo de juicio. Ahora es sabido que el descubrimiento, proceso y ejecución de St. Régent y de Carbon, los verdaderos criminales, demostraron que las conjeturas del ministro eran más exactas que las del jefe de Estado.
El 4 de Nivoso, al mediodía, el primer cónsul celebró una gran revista en la plaza de Carrousel, donde se reunió una muchedumbre innumerable de ciudadanos para verle y también para darle testimonio de afecto por su persona.Por aquel entonces, el primer cónsul era amado no sólo por sus hechos militares, sino todavía más por la esperanza de paz que había proporcionado a Francia, una esperanza que iba a materializarse muy pronto.

CONSEJOS PARA LIBRARSE DE LA MILI

uando el servicio militar sólo era el prolegómeno de una guerra donde miles de jóvenes morían a diario, lo normal era buscar excusas para no ir.
FORMAR PARTE DEL EJÉRCITO ERA DURO. Conocer el mundo a costa de largas y extenuantes marchas, no volver a ver a la familia y a los seres queridos en lustros e, incluso, perder la vida era lo único que ofrecían las filas napoleónicas. Por eso, el ingenio de muchos jóvenes se agudizó, buscando maneras de librarse del reclutamiento. De esta forma, se consumaron muchos matrimonios prematuros. Casarse era una solución fácil, si se tenía novia no había que darle muchas vueltas y si, por el contrario, uno se encontraba «soltero y sin compromiso», siempre podía recurrir a sus encantos para tratar de conquistar a una solterona o una viuda. Y, aunque parezca mentira, todavía hoy existen muchos registros matrimoniales en los que figuran enlaces llevados por muchachos de 20 años y señoras de más 60. A propósito de registros, hay que decir que en los censos fechados en las épocas en las que se llevaban a cabo las levas militares se puede detectar un considerable aumento de la natalidad. Y los recién nacidos también suponían un «pasaporte» para la excedencia.
Entre estas causas «provocadas» para librarse de la guerra, existían otras más dolorosas, como la automutilación. Así, muchos de estos «insumisos» procedieron a cortarse los dedos índice de las manos o a arrancarse todos los dientes de la boca. ¿El motivo? Sin el dedo índice no se podía disparar el fusil, arma que en esta época cobra especial importancia y, sin los dientes, resultaba imposible preparar los cartuchos de pólvora. Pero las autoridades no tardaron en darse cuenta del embuste y, de esta forma, muchos tullidos por voluntad propia fueron destinados a los cuerpos auxiliares, es decir, no se libraron de la guerra.
Con el sistema de reclutamiento impuesto por Napoleón, tras las levas se procedía a realizar un sorteo en el que se determinaban los excedentes de cupo. Generalmente no sobraba mucha gente y, por eso, era vital obtener un número muy alto en esta especie de rifa militar, ya que así uno se aseguraba dicha excedencia. Pero esto no siempre resultaba y eran realmente muy pocos los que conseguían librarse gracias a la suerte. Por eso, muchos optaron por comprarla, obteniendo números altos gracias a los sobomos.Y es que el dinero podía asegurar el no ir a la guerra. De este modo, un método «legal» para librarse era el denominado «reemplazo». Este sistema, que estaba sólo al alcance de los más pudientes, consistía en que el rico en cuestión, que previamente había sido reclutado, mandaba a la guerra a un sustituto al que, por sus servicios, había pagado una gran cantidad de dinero.
Si todo lo anterior resultaba inútil y al joven no le quedaba más remedio que ir a la guerra, todavía podía desertar. Si era descubierto y no moría fusilado tras ser encontrado traidor en el pertinente consejo de guerra, el joven insumiso tendría que soportar durante toda su vida el estigma de cobarde. Pero a fin de cuentas, tal y como reza el dicho, «las tumbas están llenas de valientes».

lunes, noviembre 06, 2006

LA LEGIÓN DE HONOR

onaparte fundó la Legión de Honor en 1802. Contaba con varios grados:gran águila, grandes oficiales, comandantes, oficiales y legionarios. Fue concedida a toda clase de personas: escritores como Goethe, artistas como David o simples grognards. Este apelativo, que significa gruñón, era el que cariñosamente daba Bonaparte a sus veteranos, siempre murmurando por las penalidades del servicio pero leales y esforzados en las batallas. Decía que en ellos estaba la clave de la victoria. La Legión de Honor se aproximó a las antiguas órdenes de caballería, especialmente a la de San Luis, y, cuando el 11 de julio de 1804 se creó su insignia, tuvo la misma forma y la cinta el mismo color.

EL DECLIVE DE LA CABALLERÍA

rusia creó la mejor infantería de la época y Francia revolucionó la artillería. El artífice de aquella transformación fue Gribeauval, quien asignó a cada pieza tareas diferentes según fuera de campaña o de sitio, aligeró las piezas de campaña, acortando y adelgazando el cañón, y separó la cureña del avantrén, lo que dio más maniobrabilidad al conjunto. Reforzó la red de escuelas militares de artillería creadas a principios de siglo, donde se impartía una formación técnica basada en las matemáticas, la física y el dibujo industrial. Aquella nueva artillería podía realizar hasta dos disparos por minuto con un alcance comprendido entre los 600 y los 1.000 metros.
El desarrollo de la artillería y la infantería relegaron a un papel secundario a la caballería, cuyas misiones principales pasaron a ser los golpes de mano y los ataques rápidos por los flancos.
Pero a pesar de todos los cambios técnicos y tácticos, la guerra continuaba siendo un enfrentamiento entre gentilhombres. El honor, y no sólo la victoria, guiaban a los reyes y oficiales, que trataban con dignidad y benevolencia a los prisioneros de su rango, aunque no sucedía lo mismo con los soldados. La Revolución iba a provocar un cambio radical en aquella concepción de la guerra. La lucha entre los revolucionarios y los ejércitos realistas no era fruto de apetencias territoriales o del simple deseo de batirse, sino que estaba motivada por un enfrentamiento entre concepciones políticas opuestas. El honor y las normas caballerescas iban a ser olvidados en aras a la efectividad y la victoria.

LEDY HAMILTON


mma Lyons nació el 26 de abril de 1763. Hija de un herrero, trabajó de sirvienta y verdulera. Para lograr la liberación de un primo suyo, alistado por la fuerza en la Armada, se hizo amante del teniente de navío John Payne, quien le proporcionó alguna información. Una vez cansado de ella, el oficial obtuvo un embarque y se la cedió a sir Harry Fetherstonehaug. Al arruinarse éste, Emma Lyons buscó un nuevo amante que la mantuviera, al que abandonó para irse con Charles Greville, quien a su vez se la cedió a su tío, William Hamilton, embajador de Gran Bretaña en Nápoles. Allí intimó con la reina y ocupó el primer puesto de la sociedad napolitana. Nelson conoció a Emma Hamilton durante su primera estancia en Nápoles, pero su relación no se inició hasta 1798, tras la victoria de Abukir y la participación de los británicos en la política napolitana. El almirante británico se encontraba totalmente dominado por su amante, y su vergonzoso comportamiento —al permitir la ejecución de los patriotas rendidos a cambio de respetar su vida— se debió, en parte, a las presiones de Emma Hamilton.

NAPOLEÓN REVOLUCIONA EL ARTE DE LA GUERRA

poleón Bonaparte se erigió, a final de siglo,en el general más competente de Europa, gracias a sus innovaciones en la técnica y la estrategia. La introduccíón de la infantería, caballería y artillería ligeras y el desarrollo de la intendencia y el mando pusieron la base de sus rotundas victorias.
EL GENERAL BONAPARTE, veterano de las campañas de Italia y Egipto, ya había dejado de manifiesto que era mucho más que un aprovechado alumno de los maestros militares franceses. Aunque educado según los principios de Lazare Carnot y de los hermanos DuTeil que tanto le ayudaron en los primeros pasos de su brillante carrera militar, el ahora emperador de Francia supo aprovechar logros del pasado y sumarlos durante los últimos años a innovaciones de especial relevancia en el campo de batalla. La infantería napoleónica es, en ese momento, la primera de Europa. Aunque el uso de formaciones como la columna y la línea distaba mucho de ser original, Napoleón logró sumar a esos elementos la creación de una infantería que podría denominarse ligera.
Sus componentes eran reclutas bisoños o voluntarios novatos cuyo entrenamiento y veteranía resultaban insuficientes para permitirles maniobrar de una forma más convencional pero cuya efectividad final resultó innegable. Desde septiembre de 1804, todos los regimientos franceses recibieron la orden de convertir una de sus compañías de fusileros en voltigeurs o unidades ligeras. Estos voltigeurs sirvieron, por ejemplo, a Napoleón para ocultar sus maniobras a las fuerzas enemigas. De mayor importancia aún fueron los aportes introducidos por Napoleón en el arma de caballería. A semejanza de lo sucedido con la infantería, el emperador de los franceses creó unidades de carácter ligero. Los lanceros o chevau-légers-lanciers, por ejemplo, proporcionaban a los regimientos pesados una capacidad de reconocimiento impensable en otro ejército europeo.
De la misma manera, unidades como los cazadores a caballo o los húsares cumplian un papel de extraordinaria importancia cubriendo retiradas, despistando a las tropas enemigas en la detección de los avances militares o combatiendo en el campo de batalla. Los dragones —otro de los grandes aportes de Bonaparte— incluso se convirtieron en una especie de unidad de caballería intermedia entre las pesadas y las ligeras. Útiles en combate directo, desempeñaban funciones relevantes en la protección de los flancos y en tareas de reconocimiento. Posiblemente, donde Napoleón mostró con más claridad su talento militar en relación con la caballería fue en su utilización como un arma ofensiva independiente, algo absolutamente inusitado para sus oponentes. Sus ataques con masas compactas de caballería en Jena o Eylau tuvieron un efecto paralizante, primero, y aniquilador después, sobre las mejores fuerzas armadas del continente. Sin embargo, a pesar de sus éxitos en la utilización de la infantería y de la caballería, no debe olvidarse que Napoleón fue educado como artillero y que esta circunstancia tuvo una especial trascendencia en su revolución del arte de la guerra. En contra de la opinión de distintos teóricos de la artillería, Napoleón modificó el calibre de sus cañones de manera radical. Así, los pertenecientes al calibre 4 fueron sustituidos de manera prácticamente total por los del 6 y los del 8 por otros del 12. No sólo se trató de un aumento de calibre. El emperador además transformó la artillería de arma de apoyo en un arma ofensiva que hizo converger con terribles consecuencias sobre un punto concentrado de las lineas enemigas.
Además, desde 1800, Napoleón realizó un esfuerzo considerable para que el ejército francés contara con conductores encargados exclusivamente del traslado lo más rápido posible de las piezas artilleras. Estas importantes innovaciones llegaron complementadas por el desarrollo específico de dos pilares del ejército imperial. Nos estamos refiriendo a la intendencia y al mando. La primera no era ciertamente perfecta, pero Napoleón supo consagrar un sistema de despojo y requisa de aquellas zonas por donde pasaban sus hombres que prácticamente aseguraban su alimentación y abastecimiento.
En cuanto al segundo, su sofisticación fue comparativamente extraordinaria. Sin temor a exagerar, puede decirse que no contaba con el más mínimo paralelo en los ejércitos de Rusia, Austria o Prusia. Al Cuartel General Imperial —dividido en el Cuartel General de la Grande Armée, el Comisariado General de Intendencia y la Casa del Emperador— Napoleón sumó un servicio topográfico realmente incomparable y, muy especialmente, la obtención de una verdadera montaña de datos relativos a las fuerzas enemigas. Ese sistema permitió a Napoleón controlar con notable perfección fuerzas militares de un tamaño realmente impresionante, circunstancia una vez más totalmente fuera del alcance de otros ejércitos.
Con todo, constituiría un error pensar que los éxitos del emperador radicaron únicamente en las innovaciones técnicas. Bonaparte supo además utilizar de manera magistral factores como la moral de las tropas, la movilidad de sus fuerzas (en buena medida derivada de las reformas ya señaladas) y la capacidad para separar y parcelar, primero, y destruir, después,las tropas enemigas. Entonces —sería inútil negarlo—Napoleón era con mucho el general más competente de Europa. Pese a todo,existían razones para interrogarse acerca del tiempo que podria mantener esa superioridad indiscutible. Para empezar, los éxitos imperiales derivaron en buena medida de su mando único y centralizado. Sinembargo, habría que preguntarse si,enfrentado con una guerra en varios frentes, sería capaz de delegar en subordinados o insistiría en mantener el mando de una manera única y, por ello, ineficaz. Tampoco parecía que la política seguida por las tropas francesas en territorio enemigo pudiera contribuir a cimentar de manera perdurable las victorias de Napoleón.
LA TÁCTICA DE PRACTICAR expolios continuados y sistemáticos podía ser útil entonces para abastecer a las tropas, pero dificilmente se podía ser tan optimista en relación con las posibles reacciones futuras. Enfrentado con poblaciones civiles hostiles e incluso opuestas violentamente, ¿podría Napoleón sofocar todo tipo de sublevaciones sin que eso influyera negativamente en su estrategia?Finalmente, había que tener en cuenta que los adversarios de Napoleón fueron derrotados vez tras vez desde hacía más de un lustro. Sin embargo, sería erróneo considerarlos como a un conjunto de soldados torpes o incompetentes. Eran, en términos generales, militares hábiles, e induso brillantes, desbordados por una mente bélica superior. Pero precisamente por ello entraba dentro de lo verosímil que acabaran un día adaptando las innovaciones napoleónicas e introduciéndolas en sus ejércitos. Para entonces, Napoleón podría hallarse frente a avispados alumnos dotados con medios materiales superiores. Al darse tal circunstancia, el sol del hasta entonces invicto emperador comenzaría a eclipsarse.

CHOCA CONTRA EL «DIQUE» DE WELLINGTON


o era sencillo acabar con Bonaparte. En 1815, se escapó de Elba y se enfrentó a los aliados en Waterloo, pero Wellington le hizo morder el polvo para siempre.
DERROTADO POR LAS POTENCIAS ALIADAS (Inglaterra, Rusia, Prusia y Austria), el emperador dejó el poder en 1814 y fue conducido a la isla de Elba. Pero en febrero de 1 815 se escapó y pocas semanas después ya estaba en el palacio de las Tullerías. Francia entera volvía a vibrar con el pequeño Gran Corso. Sus viejos granaderos desempolvaron sus morriones de piel de oso. El 1 de junio,sus tropas le juraban fidelidad en el Campo de Marte.
Pero el emperador no encajaba ya en la Europa del Congreso de Viena y los aliados se prepararon para aplastarlo. La guerra es inevitable. La Grande Armée se pone en marcha en dirección a Bruselas, donde le espera el duque de Wellington al frente de las fuerzas coaligadas.
La inferioridad francesa es manifiesta (125.000 hombres frente a 227.000 soldados aliados). Pero Napoleón hace suya la máxima de César y planea dividir al enemigo y vencer por separado a ingleses y prusianos. Envía, por un lado, al mariscal Ney para cortar el paso a Wellington; y a Grouchy, por otro, para frenar al general prusiano Blücher. Esta última misión tiene éxito, pero sólo relativo. El francés logra derrotar en Ligny al centro del ejército prusiano pero quedan imbatidas las alas que se reagrupan ordenadamente y escapan. La organización germánica será la perdición para Bonaparte.
El emperador pensó que su plan había surtido efecto y decidió atacar a Wellington en Waterloo, el 18 de junio. Pero como el terreno amaneció empapado de lluvia, y Napoleón tenía problemas para emplazar las baterías, retrasó el combate hasta el mediodía. Perdió así un tiempo precioso, ya que los prusianos de Blücher se dirigían rápidamente al escenario de la batalla. El emperador ordenó varios ataques frontales contra los ingleses, pero todos se estrellaron contra la férrea resistencia de Wellington.
Las horas se consumían y cuando apareció Blücher la balanza se inclinó definitivamente del lado de los aliados. Ingleses y prusianos machacaron a los franceses y Napoleón tuvo que huir. Constituido prisionero de los ingleses fue enviado a Santa Elena, en el Atlántico sur. Habia terminado el último vuelo del águila. (Imágen Duque de Wellington)
Alfonso Basallo

domingo, noviembre 05, 2006

32.000 MUERTOS EN EL TERREMOTO DE LISBOA

ue una de las mayores catástrofes de la Historia, comparable a laerupción del Vesubio sobre Pompeya. En medio del Siglo de las Luces, los elementos se desataron y se tragaron la capital portuguesa cuando gobernaba el ilustrado marqués de Pombal. El terremoto, de una intensidad desconocida hasta la fecha, se cobró más de 32.000 vidas.
LISBOA ERA EL 1 DE NOVIEMBR.E DE 1755, Día de Todos los Santos, un gigantesco montón de escombros en el que reinaban la desolación, el dolor y la muerte. Un terremoto de intensidad desconocida hasta la fecha había reducido la ciudad a un informe conglomerado de materiales de construcción convertidos, en un horizonte enrojecido por el crepúsculo, en un caótico amontonamiento de cascotes, piedras rotas y maderas astilladas.
Bajo ellas yacían los cadáveres de unas 32.000 personas, una gran parte de la población lisboeta. Muy poca gente resultó completamente ilesa. Quienes perdieron su hogar y no habían sufrido heridas de gravedad vagaban como fantasmas andrajosos entre las ruinas ásperas de lo que fue una urbe bella y próspera.
Otras personas, heridas o no, permanecían inmóviles, paralizadas por el estupor, sobre cordilleras inestables de tejados hechos añicos y muros fragmentados. En la mayor parte de Lisboa no había casas, no había calles. Las ruinas, según su ubicación, estaban polvorientas o todavía húmedas, porque el maremoto que sucedió al seísmo causó también incontables estragos.
Y además, la marca del fuego. El terremoto que azotó a la capital lusa provocó numerosos incendios en diversos puntos de la ciudad. Muchas de las edificaciones que resistieron el temblor de tierra se derrumbaron posteriormente, calcinadas, como consecuencia del devorador apetito de las llamas.
No ERA ÉSTA LA PRIMERA VEZ que la capital portuguesa sufría movimientos telúricos de importante consideración. Pero todos los seísmos anteriores a 1755 parecían un ensayo del desastre que entonces la asoló. Para algunos devotos, de religiosidad exacerbada por el horror, se trataba de avisos del cielo, registrados en la Tierra, que desembocaron en un gesto final de destructora cólera divina.
Lisboa no era Sodoma ni Gomorra, pero su creciente papel de puerto de enlace entre Europa y América,entre Europa y África, había engendrado en ella crecientes pecados capitales, especialmente de avaricia y lujuria. El comercio floreciente con ultramar estaba convirtiendo a la ciudad en un volcán de intrigas, fortunas y apetitos que contaminaban su pureza y atentaban contra su hermosura.
La riqueza, la ambición y el aluvión de personas de todas las latitudes que habían llegado a Lisboa en busca de la prosperidad económica habían creado en numerosas zonas un desordenado crecimiento urbano. Calles estrechas y construcciones a menudo endebles contribuyeron a acrecentar la magnitud de la catástrofe.
LA TIERRA AGRIETADA, el mar desencadenado y el fuego ávido se cebaron en un escenario propicio al desastre. El centro de la capital portuguesa quedó prácticamente destruido. De esta parte de la urbe, únicamente, y por razones caprichosas de los elementos desatados, el Barrio Alto escapó indemne. Los barrios viejos (Alfama, Mouraria, Xábregas y La Madre deDios) sufrieron cuantiosos daños.
En una estimación oficiosa, se calcula que unos 10.000 edificios quedaron total o parcialmente destruidos. Quienes sostienen la teoría de un Dios indiscriminadamente iracundo señalan que el terremoto tampoco respetó a las iglesias, la mayoría de las cuales yacían con las piedras de sus torres y bóvedas mezcladas con las de sus cimientos y sótanos. Estaban llenas de fieles que asistían a las celebraciones del día de Todos los Santos, por lo que el número de víctimas resultó elevadísimo.
El primer ministro del rey José I, el ilustrado Marqués de Pombal, artífice de la modernización del aparato del Estado e impulsor de la actividad mercantil y las relaciones comerciales portuguesas, se comprometió a reconstruir la ciudad, pero bajo un diseño urbanístico diferente.
La vieja Lisboa de edificios hacinados, presa fácil de los desastres naturales, iba a pasar a la Historia. El nuevo trazado se iba a fijar, a partir de 1755, de acuerdo con las lineas de un tablero de ajedrez. Una nueva Lisboa surgirá de los escombros, el polvo, el barro y la ceniza dejados por aquel inolvidable terremoto.
Carlos Toro

jueves, noviembre 02, 2006

CARLOS III REPUEBLA ANDALUCÍA CON COLONOS

L ÉXODO HACIA AMÉRICA en los siglos XVI a XVIII junto a la expulsión de judíos y moriscos originó que los territorios del Sur se vieran deshabitados.En 1767, Carlos III promulgó un decreto para ocupar zonas despobladas de Andalucía con colonos extranjeros. Las zonas elegidas fueron el paso de Sierra Morena entre El Viso y Bailén y el camino entre Córdoba y Ecija. El ministro de Hacienda había concertado con Juan Gaspar de Thurriegel un contrato para asentar en España, bajo la dirección de Pablo de Olavide, a 6.000 colonos alemanes (católicos) y flamencos.El objetivo era la puesta en marcha de una sociedad campesina de nueva planta totalmente original. Tierras sin cultivar, hombres y mujeres nuevos en el pais, régimen jurídico especial... Se trataba de detener la decadencia de la agricultura. No tendrían entrada los ganados de la Mesta, no podrían acumularse tierras en manos de unos pocos, se exigía un cierto nivel cultural (alfabetización) y alguna cualidad de oficio. Se trataba también de dar mayor seguridad a los inhóspitos parajes de la carretera Madrid—Cádiz, asoladas por los bandidos.
DE ESTA ACTUACIÓN,surgen localidades comoLa Carolina, Carboneros,Guarromán, Rumblar,Santa Elena, Prado delRey, La Carlota, Pinedas,Fuencubiertas, Garabato,Luisiana, Fuente Palmera,Peñalara, Herreria, o Aldea del Río, entremuchas otras...
A.M.

lunes, octubre 30, 2006

LONDRES TOMA GIBRALTAR CON UN ACTO DE PIRATERÍA

NGLATERRA APROVECHÓ la ambigüedad del conflicto para quedarse indefinidamente con el estratégico enclave de Gibraltar. No estaba en guerra con España, sino que, simplemente, era aliado de uno de los pretendientes al trono. En cierto modo se podría decir que era aliado de una de las dos Españas en liza. Con lo que en términos estrictamente jurídicos, no ganó la pLaza por un acto de guerra, sino por un acto de piratería.
A cambio, FelipeV logró afianzarse como soberano de España, tras la Guerra de Sucesión. El primer rey Borbón había sido designado heredero por Carlos II el Hechizado en su controvertido testamento. Pero el archiduque Carlos de Austria, invocaba su derecho sucesorio. Apenas llevaba Felipe un año en el trono, cuando se desató el conflicto.El detonante fue Luis XIV. El monarca francés no sólo obtuvo privilegios comerciales en la América española e introdujo sus tropas en Flandes sino que, además, afirmó los derechos de Felipe a la sucesión del trono francés e incluso cuestionó la legitimidad de la casa reinante en Inglaterra insistiendo en que la dinastía legítima eran los destronados Estuardo. Precisamente por ello, varias potencias europeas apoyaron la causa del pretendiente austriaco.
Bien entrado 1701 se produjeron algunos combates de poca envergadura entre fuerzas francesas y austriacas en Italia. Pero el conflicto estalló en toda su intensidad cuando los ingleses desembarcaron en los Países bajos en 1702. A la causa austriaca se sumaban Inglaterra y Holanda, y el año siguiente lo harían también Saboya y Portugal. La guerra mo iba a ser un paseo militar para el eje borbónico(Madrid-Paris) .
EN ESE CONTEXTO, se perdió Gibraltar. En agosto de 1704, una fuerza combinada anglo-holandesa había atacado el enclave. Hasta esa fecha, Gibraltar había sido una ciudad española más. Su Ayuntamiento estaba compuesto por trece regidores que representaban a unos vecinos dueños absolutos de la villa y de los terrenos colindantes, es decir, del Campo Llano de Gibraltar. El territorio comprendía toda la comarca costera de la bahía de Algeciras en la que en 1704 no existía más ciudad que Gibraltar (5.000 habitantes) ya que su puerto era el único que ofrecía re fúgio contra los vientos de Levante. El comandante de la fortaleza, Diego de Salinas, solicitó autorización al Ayuntamiento para poder rendirse a los anglo-holandeses.
Como quiera que el consistorio no deseaba acatar como rey al archiduque Carlos, se trasladó en corporación, con sus archivos y documentos, a la ermita de San Roque, a unos diez kilómetros de la ciudad. Esperaba regresar una vez que cambiara el signo de las hostilidades.
No lo conseguiría nunca.
Hasta ahí la situación era comprensible en el curso de una guerra. Lo que resultó intolerable desde el punto de vista del Derecho fue que el almirante inglés Rooke tomara Gibraltar en nombre de la reina Ana dado que España no se hallaba en guerra con Inglaterra y la intervención militar inglesa sólo defendía una fuerza combinada anglo-holandesa que había atacado el enclave.
Pero los ingleses no se contentaron con robar la plaza. La limpiaron de españoles, al hacer huir a la población. Las fuerzas de Felipe de Anjou intentaron recuperar Gibraltar y procedieron en septiembre a iniciar un primer asedio que no concluyó, infructuosamente, hasta marzo de 1705. Para entonces, España se había convertido en un territorio ya desgarrado por la guerra.
La Corona de Aragón había abrazado la causa del archiduque, a pesar de que en las Cortes de Barcelona de 1701- concedieron incluso privilegios a la región desconocidos hasta la fecha, como fue un puerto franco en la Ciudad Condal y el envío de dos navíos anuales a las Indias.Pero la propaganda austriaca se reveló muy eficaz en su empeño por demostrar que la administración borbónica iba a perjudicar los intereses de Aragón y Cataluña, debido a su acusado centralismo.
El primer rey Borbón estuvo a punto de perder la guerra(y también la corona) en 1704. Ante el empuje de las fuerzas aliadas, se vió obligado a retirarse de Madrid donde entró el archiduque Carlos en medio de una gélida acogida, en tanto que el resto de Europa las tropas francesas tuvieron que abandonar Italia y los Países Bajos españoles.
La situación comenzó a cambiar en abril de 1707 cuando las fuerzas de Felipe V obtuvieron la victoria de Almansa sobre un ejército aliado. El triunfo permitió a Felipe recuperar parte de los reinos de Valencia y Aragón e incluso, de Lérida. La reacción inmediata del monarca fue decretar la abolición de los fueros de las regiones vencidas. Era una medida justificada por el Derecho de la época, que castigaba a los súbditos rebeldes con la pérdida de sus privilegios.
PERO LAS TORNAS VOLVIERON a cambiar. El general inglés duque de Marlboroung logró una sucesión de victorias que dejaron abierto el camino de París a las tropas aliadas. Ante esa situación, Luis XIV decidió que tenía que firmar la paz a cualquierr precio incluyendo el abandono de su nieto Felipe
En 1717, las tropas del archiduque Carlos entraron de nuevo en Madrid, pero las victorias de Brihuega y Villaviciosa permitiron a Felipe de Borbón recuperar Aragón y Cataluña. Diversos factores políticos decidieron, entonces de la contienda.
En primer lugar, el terrible desgaste humano y económico sufrido por Francia aconsejaba la paz. Del lado británico también había deseos de negociar, tras la llegada al poder del partido inclinado al armisticio. En segunrdo lugar, el acceso a trono de Austria del pretendiente a la Corona española, el archiduque Carlos hizo replantearse las cosas a sus aliados, Inglaterra y Holanda. La posibilidad de que España volviera a quedar ligada al Imperio,como en la época de la época de Carlos V, era tan peligroso para Londres y Amsterdam como la unión de Fracia y España. Así que retiraron su apoyo a la causa austriaca.
Por último, Felipe V contaba con apoyo popular que, dificilmente, podía ser revertido por la acción de las armas aliadas. En 1713 cayó Barcelona, último bastión de la causa del archiduque, tras ser bombardeada.
La larga guerra de Sucesión había terminado. En virtud del Tratado de Utrech(1713) Inglaterra se quedaba con Gigraltar y Menorca, y el imperio de Flandes, Milán, Nápòles y Cerdeña.
Tres siglos después, el Peñón sigue siendo una herida abierta. El recuerdo lacerante del alto precio pagado para afianzar a FelipeV en el trono de España.
Cesar Vidal

LA GUERRA DE MAMBRÚ

OHN CHURCHILL, duque de Marlborough, (y antepasado de Sir Winston) fue el más brillante general de la Guerra de Sucesión. Habla nacido en 1650 e hizo una meteórica carrera politica, gracias al ascendiente de su mujer (Sarah Jennings) sobre la reina AnadeInglaterra.
Marlborough humílló a las tropas del Rey Sol, en las batallas de Blenheim(1704), Ramillies (1706) y Oudernaarde (1708). Pero su estrella declinó cuando la reina se enemistó con Sarah. El general falleció en 1722.
Debido a la dificil pronunciación de su apellido los franceses lo transformaron en Mambrú. Se convirtió en un personaje popular del cancionero infantil tanto en Francia como en España, donde se hizo famosa la tonadilla Mambrú se fue a la guerra...

IVAN EL TERRIBLE, NACIDO PARA MATAR

A HISTORIA DE IVÁN EL TERRIBLE, nacido en 1530, es la historia de una paranoia. Una fuerza destructora que surgió en él desde muy joven. Quizá porque quedó huérfano de padre —Basilio III— a los tres años, porque su madre Elena murió posiblemente envenenada después de ocho años en la regencia o tal vez porque desde ese momento la aristocracia terrateniente que se hizo cargo del país—los boyardos— le trató con desprecio y llegó a descuidar incluso su alimentación y vestimenta. Esta situación duró hasta que el joven cumplió 13 años, cuando mató al principal boyardo de la regencia. Ganado el respeto de sus nobles, cuatro años más tarde Iván fue nombrado zar de todas las Rusias y casó con Anastasia Romanos hija de uno de sus enemigos.
Los primeros años de su reinado, sin embargo, fueronn bastante fructíferos. Estableció una asamblea que, aunque estaba lejos de las formas democráticas, permitía la solución de muchos problemas por el propio zar. Tambien reorganizó el gobierno de sus provincias y hasta se ocupó por la implantación de mejores jueces. Para satisfacción de su pueblo, en 1552 comenzó la expansión de Rusia hacia Asia al declarar la guerra a los Kanatos independientes. La derrota del Kanato de Astracán cuatro años después llevó las fronteras rusas hasta el Caspio. Hacia Europa trabó estrechas relaciones con Inglaterra, pero el comercio no era posible sin tener una salida al mar Báltico o sin que Polonia y Suecia dieran consentimiento. Por ello, en 1558 comenzó una guerra que duró 25 años y terminó con la derrota rusa.
La desconfianza y el sadismo de Iván se acentuaron a partir de 1560, cuando murió su mujer de un mal que el zar atribuyó al veneno. Los únicos culpables sólo podían ser los boyardos, de modo que se lanzó a un exterminio que alcanzó también a sus familias y sirvientes. El pánico se instaló en el país, pero aún se acrecentó más cuando Iván se retiró en 1564 a un arrabal de Moscú. El pueblo pidió su regreso, y el zar aceptó con dos condiciones: la de tener el derecho exclusivo de juzgar a los traidores y ir de crear la oprichnina, un estado dentro de otro que estaba compuesto por sus más fieles, los oprichniks. Iván redujo sus títulos al de príncipe de Moscú y eligió como zar a uno de sus secuaces, un tártaro al que simulaba rendir homenaje. Este negro periodo duró ocho años y supuso el aniquilanento casi definitivo de los boyardos. En cualquier caso, él mantenía su influencia, como demuestra que ordenara la destrucción de Novgorod y de Pskov en 1570 por sospechar que habían pactado con los lituanos. Las escenas de barbarie en ambas ciudades, con ciudadanos asados vivos y sus oprichniks cabalgando con cabezas de perro en sus monturas, duró seis semanas. Nadie pudo decir cuántas personas murieron en ese tiempo.
Sus últimos años no fueron menos nefastos. El país entró en una crisis económica, agudizada por decretos que impedían a los campesinos escapar de sus terrenos en ruina. El paroxismo de sus actuaciones llegó a tal extremo que, incluso, mató a su primogénito Iván en 1582 tras un ataque de ira y se entregó a las profecías y hechizos de magos y brujos que provenían de sus tierras aún paganas en el norte. Iván el Terrible murió en 1584 y le sucedió su hijo Fiodor, que era deficiente mental. Una circunstancia de la que se aprovecharía la escasa nobleza que aún quedaba para poner la primera piedra de su venganza.
Javier Lorenzo

domingo, octubre 29, 2006

PEDRO SERRANO,"ROBINSON" ESPAÑOL

A ISLA SERRANA QUE ESTÁ en el viaje de Cartagena a La Habana se llamó así por un español, llamado Pedro Serrano, cuyo navío se perdió cerca de ella y él solo escapó nadando, que era grandísimo nadador, y llegó a aquella isla, que es despoblada, inhabitable, sin agua ni leña, ni aún yerba que poder pacer, ni otra cosa alguna con que entretener la vida.
Así pasó la primera noche, llorando su desventura. Luego que amaneció volvió a pasear la isla, halló algún marisco que salía de la mar, como son cangrejos, camarones y otras sabandijas, de las cuales cogió las que pudo y se las comió crudas, porque no había candela donde asarlas o cocerlas.
Así se entretuvo hasta que vio salir tortugas; viéndolas lejos de la mar, arremetió con una de ellas y la volvió de espaldas; lo mismo hizo de todas las que pudo, que para volverse a enderezar son torpes; y sacando un cuchillo que de ordinario solía traer en la cinta, la degolló y bebió la sangre en lugar de agua. Lo mismo hizo de las demás; la carne puso al sol para comerla hecha tasajos, y para desembarazar las conchas para coger agua en ellas de la llovediza, porque toda aquella región, como es notorio, es muy lluviosa.
Viéndose Pedro Serrano con bastante recaudo para comer y beber, le pareció que si pudiese sacar fuego para siquiera asar la comida y hacer ahumadas cuando viese pasar algún navío, que no le faltaría nada. Con esta imaginación dio en buscar un par de guijarros que le sirviesen de pedernal, porque del cuchillo pensaba hacer eslabón, para lo cual no hallándolos en la isla, porque toda ella estaba cubierta de arena muerta, entraba en la mar nadando y se zambullía.Y tanto porfió en su trabajo que halló guijarros y sacó los que pudo; y viendo que sacaba fuego, hizo hilas de un pedazo de la camisa, muy desmenuzadas, que le sirvieron de yesca.
Y para que los aguaceros no se lo apagasen hizo una choza de las mayores conchas que tenía de las tortugas que había muerto, y con grandísima vigilancia cebaba el fuego porque no se le fuese de las manos. Dentro de dos meses, y aún antes, se vio cómo nació, porque con las muchas aguas, calor y humedad de la región se le pudrió la poca ropa que tenía. El sol con su gran calor le fatigaba mucho, porque ni tenía ropa con que defenderse ni había sombra a que ponerse. Cuando se veía muy fatigado se entraba en el agua para cubrirse con ella.
CON ESTE CUIDADO vivió tres años, y en este tiempo vio pasar algunos navíos; más aunque hacía él su ahumada, que en la mar es señal de gente perdida, los barcos no la veían, y se pasaban de largo, de lo cual Pedro Serrano quedaba tan desconsolado que tomara por partido morirse y acabar ya.
Al cabo de los tres años, una tarde, sin pensarlo, vio Pedro Serrano un hombre en su isla, que la noche antes se había perdido en los bajíos de ella y se había sustentado en una tabla del navío. Cuando se vieron ambos, no se puede certificar cuál quedó más asombrado de cuál. Serrano imaginó que era el demonio que venía en figura de hombre para tentarle en alguna desesperación. El huésped entendió que Serrano era el demonio en su propia figura, según lo vio cubierto de cabellera, barbas y pelaje. Cada uno huyó del otro, y Pedro Serrano fue diciendo: Jesús, líbrame del demonio! Oyendo esto, se aseguró el otro, y volviendo a él le dijo: "No huyais, hermano, de mí, que soy cristiano como vos. para que se certificase, dijo a voces el Credo.
Durante otros cuatro años vieron pasar algunos navíos y hacían sus ahumadas, mas no les aprovechaba por lo cual ellos se quedaban tan desconsolados, que no les faltaba sino morir. Al cabo de este largo tiempo acertó a pasar un navío tan cerca de ellos que vio la ahumada y les echó el batel para recogerlos. Así los llevaron al navío donde admiraron a cuantos los vieron y oyeron sus trabajos pasados. El compañero murió en la mar vi niendo a España. Pedo Serrano llegó acá y pasó a Alemania, donde el emperador estaba entonces; llevó su pelaje como traía para que fuese prueba de su naufragio y de lo que en él había pasado. Algunos señores le dieron ayudas de costas para el camino y la majestad imperial, habiéndole visto y oído, le hizo merced de cuatro ini! pesos de renta. Yendo a gozarlos murió en Panamá, que no llegó a verlos.
Garcilaso de la Vega,"el Inca"(1539-1616), extracto de los comentarios reales.

LOGOTIPOS DE LA MUERTE

AS BANDERAS NEGRAS CON HUESOS y calaveras son todo un símbolo representativo de los piratas. A medio camino entre la leyenda y la realidad, algunos museos del Caribe conservan en sus fondos los vestigios de estas telas asociadas con la muerte.
Lo cierto es que no todos los barcos lucían estos estandartes de forma continuada. De hecho, los bucaneros preferían pasar desapercibidos la mayor parte del tiempo y sólo izaban la enseña momentos antes del abordaje.
La función de estos tafetanes era puramente psicológica. Por los puertos circulaban miles de relatos acerca de la extrema crueldad de la que los corsarios hacían gala en sus abordajes. Por eso, cuando los tripulantes de una nave veían recortarse en el horizonte la insignia pirata, quedaban automáticamente paralizados por el terror, circunstancia que, de cara al combate, les dejaba indefensos. Pero si las víctimas daban muestras de ofrecer resistencia, los piratas alzaban una segunda bandera, la Jolly Roger, que indicaba su falta de piedad y clemencia durante la lucha.
Por otra parte, no todos los piratas llevaban en sus banderas el clásico diseño de la calavera con los huesos atravesados. Así, Barbanegra, uno de los más célebres piratas de todos los tiempos, exhibía un estandarte negro decorado con el esqueleto de un diablo que en una mano llevaba un reloj de arena y en la otra, una lanza que atravesaba un corazón sangrante.
g.b.

LIGAR EN LA FRANCIA DE LUIS XIV

n militar, Choderlos de Lacros, publicó en 1782 Las amistades peligrosas, una novela con la que tuvo un rápido y sonoro éxito.Entre otras cosas, enseñaba cómo ligar en la Francia de Luis XIV.

"MUY SEÑORA MÍA, VD. ME PROHÍBE que le hable de mi amor; pero, ¿en dónde podré hallar fuerza bastante para obedecer a su mandato? Unicamenie ocupado de un sentimiento, que debería ser tan dulce, y queVd. hace tan cruel; muriendo de dolor en el destierro a que Vd. me ha condenado; no viviendo sino de privaciones; víctima de un tormento tanto más doloroso, cuanto me recuerda sin cesar su indiferencia, ¿será preciso que pierda aún el solo consuelo que me queda? ¿DesviaráVd. sus ojos para no ver las lágrimas que me hace derramar? (...) ¿No sería más digno deVd., de su alma tierna y generosa, tener piedad de un desgraciado, que lo es sólo por su causa, que no el querer multiplicar sus penas, con una ley tan injusta como rigurosa?
Vd. finge temer el amor, y no quiere considerar queVd. sola ocasiona los males de que le reconviene. ¡Ah!, sin duda, este sentimiento es penoso, cuando el objeto que lo inspira no lo experimenta mutuamente; pero ¿en dónde buscaremos la dicha, si un amor recíproco no la procura? La tierna amistad, la dulce confianza, y la única que sea sin reserva, la disminución de los pesares, el aumento de los placeres, la esperanza encantadora, el delicioso recuerdo, ¿quién, quién puede procurarlos sino el amor? Vd. le calumnia, Vd. que, para gozar de todos los bienes que le ofrece, necesita sólo no rehusarlos (...).
Me obligaVd. a defenderme a mí mismo; pues mientras que dedico mi vida a adorar sus encantos, Vd. emplea la suya en suponer y condenar mis faltas. Ya me suponeVd. inconstante y engañoso; y abusando, en daño mío, de algunos errores que yo mismo he confesado a sus pies, se complace en confundir lo que yo era entonces, con lo que soy al presente. No contenta con haberme condenado al martirio de vivir lejos de Vd., emplea un horrible sarcasmo, hablándome de placeres en punto a los cuales sabe bien cuán insensible me ha vuelto Vd. No cree Vd. ni mis promesas, ni mis juramentos: pues bien, me queda todavía una garantía que ofrecer, y a lo menos no le será sospechosa; ésta esVd. misma.
No quiero sino queVd. se pregunte a sí misma de buena fe. SiVd. no cree mi amor, sin duda un instante de que reina únicamente en mi alma, si no está segura de haber fijado este corazón, hasta ahora en efecto demasiado inconstante, consiento en sufrir el castigo de este error; lloraré, más no apelaré de él; pero, si al contrario, haciéndonos justicia a los dos, se veVd. forzada a convenir en que no tiene ni tendrá jamás rival para conmigo, entonces no me obligueVd., se lo suplico, a combatir ilusiones, y déjeme, a lo menos, el consuelo de ver que no duda de la sinceridad de un sentimiento que, en realidad, no acabará ni puede acabar sino con mi vida. (...)¿Qué he hecho, en suma, sino resistir al torbellino en que me había metido? Introducido y presentado en la sociedad, joven todavía, y sin experiencia; pasado, por decirlo así, de mano en mano, por una multitud de mujeres, que todas se apresuraban con su facilidad a dejar lugar a una reflexión que conocían debía serles poco favorable, ¿tocaba a mí dar el ejemplo de una
resistencia que no hallaba en parte alguna? ¿O debía yo castigarme de un momento de error, que a menudo había sido provocado, empleando una constancia segura mente inútil, y en la que no se hubiera visto sino una ridiculez? ¿Qué otro medio, si no es un pronto rompimiento, puede justificar una vergonzosa elección?
PERO PUEDO ASEGURAR A VD. que en este devaneo de mis sentidos (...) no ha tomado parte mi corazón. Nacido para amar, las intrigas amorosas podían distraerle, pero no llenarle; cercado de objetos seductores, pero despreciables, ninguno llegaba a poseer mi alma; me ofrecían placeres, y yo buscaba virtudes; yo mismo, en fin, me reputé inconstante, porque era delicado y sensible.Sólo al ver aVd. se ha rasgado el velo que cubría mis ojos; bien pronto he reconocido que el encanto del amor dimana de las calidades del alma; que ellas solas pueden producir su exceso y justificarle. Conocí en fin que me era igualmente imposible no amar a Vd. y poder amar a otra.VeaVd., señora, cuál es este corazón a quien teme Vd. entregarse, y de cuya suerte debe Vd. decidir; pero sea la que fuere la que Vd. le reserva, no cambiará nada los sentimientos que le profesa. Éstos son inalterables como las virtudes que los han hecho nacer"
Choderlos de Lados (1 741-1803)Extracto de «Las amistades peligrosos»«

sábado, octubre 28, 2006

OLIVARES NO DA EJEMPLO EN LA LUCHA ANTICORRUPCIÓN


ON GASPAR DE GUZMÁN Y PIMENTEL, nació en 1587, en Roma, donde su padre, por entonces conde de Olivares, era embajador de España. Como tercer hijo varón de la familia, en un principio se pensó destinar su futuro hacia la Iglesia, por lo que se le envió a estudiar Leyes y Teología a Salamanca. Sin embargo, la muerte de sus hermanos mayores convirtió a Gaspar de Guzmán en el heredero del título de su padre cuando éste falleció, en 1607. Desde entonces, los planes del nuevo conde de Olivares apuntaron hacia la Corte española.
Gaspar de Guzmán logró ser nombrado gentilhombre del príncipe heredero, el futuro Felipe IV, en 1615. Su influencia le permitió ocupar una posición relevante en Palacio cuando Felipe subió al trono, en 1621, y alcanzar el cargo de valido del monarca, en 1622. En ese puesto, Olivares desarrolló toda su carrera política hasta que el fracaso militar de España acarreó su desgracia, en 1643. Guzmán se exilió en Toro, donde murió en 1645. Durante más de veinte años, el conde había dirigido España con una autoridad que rozaba el autoritarismo, pese a que nunca gustó que le llamaran valido. Prefirió el título de ministro, que el rey no quiso otorgarle, y cuyas funciones, según explicaba él mismo, debían limitarse a preparar las decisiones del monarca: «que llegue al príncipe la materia digerida, y con todas las consideraciones que hay de una parte y otra parte, para que el príncipe escoja lo que le pareciere más conveniente (...)», escribía.
A lo largo de todo ese tiempo, el conde se había propuesto tres objetivos: restaurar la reputación del rey de España, unificar sus territorios y sanear la economía de Castilla, «cabeza de la monarquía». En primer lugar, se trataba de mantener la reputación de Españay su hegemonía en Europa, por medio de la estrecha solidaridad dinástica entre los Austrias de Madrid y los de Viena: «Estas dos casas no se han de dividir por nada», se lee en una consulta de 1630. Por eso, Olivares reanudó la guerra con los Países Bajos en 1 62 1, después de expirar la tregua de doce años firmada en 1 609.
En segundo lugar, Olivares procuró transformar el país en una monarquía unificada que acabara con los fueros de los otros componentes del reino, lo que provocó la revuelta armada de los catalanes y de los portugueses. Finalmente, las reformas económicas y sociales que impulsó —sanear la moneda, salvar las finanzas de la corona de las garras de los banqueros extranjeros, concretamente de los genoveses, fomentar el comercio y la industria— chocaron con la oposición de la nobleza, que no supo o no quiso tener el apoyo de las Cortes y de las clases medias urbanas.
Otra gran preocupación del conde fue la llamada «limpieza de manos». En un decreto de 14 de enero de 1622, Gaspar de Guzmán exigió «que todos los ministros que fueren escogidos o promovidos para los cargos públicos [...] al tiempo de su elección o promoción den inventario de las haciendas que tienen». Sin embargo, el texto nunca se cumplió, ni siquiera para su mismo impulsor.
A pesar de aquellas declaraciones, Olivares se mostró siempre muy codicioso de honores y riquezas. Mientras que su padre nunca había podido llegar a la dignidad de Grande de España, su hijo la obtuvo pocos días después del advenimiento de Felipe IV. Desde que en 1625 se le nombró duque de San Lúcar la Mayor, Olivares fue designado como Conde-Duque.
Finalmente, en 1639 se leyó en la sesión del 30 de mayo de las Cortes una comunicación anunciando que el rey había concedido al Conde-Duque de Olivares «un regimiento perpetuo en las ciudades y villas con voto en Cortes y de que fuera procurador de corte con voto fijo y perpetuo en cuantas más adelante se celebrasen».
En lo personal, Olivares no sintió mucha simpatía por uno de los prejuicios más arraigados en la sociedad de su tiempo: la limpieza de sangre.Tampoco compartió el antisemitismo de muchos de sus contemporáneos e incluso pensó en pedir la colaboración de los mercaderes judios de origen ibérico que vivían en Holanda. Además, el conde fue profunda y sinceramente creyente, especialmente desde que la muerte de su hija, en 1626, le hiciera pasar por una crisis religiosa profunda, obligándole a meditar sobre la vanidad de las esperanzas humanas. A Olivares le invadió una creciente melancolía que le llevó a preocuparse por el pecado y la muerte. Pero desde entonces puso especial empeño en el cumplimiento de sus deberes religiosos, confesando y comulgando diariamente y dedicando muchas horas a una devoción que bordeaba el éxtasis ante sus imágenes preferidas. Especial predilección tuvo por Santa Teresa de Jesús, cuyo corazón incrustado de diamantes legó a la reina en su testamento.
OLIVARES FUE PROBABLEMENTE uno de los hombres más cultos de su tiempo. Su biblioteca privada fue una de las más ricas de Europa, con 2.700 impresos, 1 .400 manuscritos y numerosas colecciones de documentos. En ella figuraron pocas obras de literatura, pero sí numerosos autores de la Antigüedad, crónicas, tratados políticos —los de Bodino, Guicciardini, Maquiavelo—, libros de religión —entre los que se encontraban, por dispensa especial, algunos incluidos en el Indice - y los libros de Erasmo y Calvino, por ejemplo, aunque no los de Lutero. Además, el Conde-Duque tuvo licencia para tener y estudiar los trabajos de los rabinos sobre el Antiguo Testamento y el Corán.
A pesar de sus fracasos, Olivares fue, sin lugar a dudas. un hombre de Estado de excepcional categoría, digno rival de Richelieu. Sin embargo, el cardenal francés gobernó un reino en plena expansión, mientras que la España que le tocó regir a Olivares ya no era la nación poderosa y dinámica de los tiempos de CarlosV y Felipe II, Sino un país agotado por el esfuerzo excesivo al que se vio sometido durante más de un siglo.
Joseph Pérez Catedrático de Historia de la Universidad de Burdeos.

jueves, octubre 26, 2006

CROMWELL INSTAURA LA REPÚBLICA


ACIDO EN HUNTINGDON (Inglaterra) en 1599, Oliver Cromwell ocupa un lugar crucial en la Historia de ese país. Educado en los ambientes más puritanos de la nobleza rural, toda su vida estuvo marcada por la defensa de los valores y la fe calvinista.
Firme partidario de las bondades del Parlamento frente a la monarquía y el episcopado, costeó su propio regimiento tras el estallido de la Guerra Civil en 1642. Su brillantez militar le ganó muchos adeptos. Sus decisiones fueron cruciales para las derrotas de los realistas en las batallas de Marston Moor y Naseby.
Relativamente moderado y con la guerra a su favor, prefería un acuerdo con Carlos I que limitara su poder. Sin embargo el rey prefirió las armas, siendo condenado a muerte en 1649. Meses más tarde, Cromwell, dueño de la situación, instauraba el único régimen republicano que ha conocido Inglaterra.
No obstante, el sistema no tuvo una vida fácil, y hubo de imponerse por las armas en Irlanda y Escocia. Nombrado Cromwell Lord Protector, el régimen derivó en una auténtica dictadura militar donde el político se comportó como un rey sin corona.
La fuerte personalidad del Protector, junto con su destreza en la guerra, sentaron las bases para la formación del futuro Imperio Británico. El Protectorado apenas sobrevivió un año a la muerte del Lord en 1658.
Ismael Martín

FRANCIS DRAKE, LICENCIA PARA MATAR ESPAÑOLES

RAKE NACIÓ EN TAVISTOCK, Inglaterra, en 1540. Desde muy joven sintió la llamada del mar y con apenas 13 años se enroló por primera vez como grumete para aprender las artes marineras. Su ascenso fue meteórico y antes de cumplir los 30, en 1567, ya se encontraba al frente de su propia tripulación. Con ella y con su nave, Judith, participó, formando parte de una escuadra capitaneada por su pariente John Hawkins, en un viaje rumbo al golfo de México que tenía como objetivo principal traficar con esclavos. Dichos intereses fueron frustrados por un grupo de buques de guerra españoles que, en un corto pero letal enfrentamiento, mandaron a pique dos de los barcos ingleses. Aquel día nació la repulsa de Drake por los españoles; un odio que no le iba a abandonar durante el resto de su vida.
Así, en 1572 saqueó, con sólo dos barcos, todas las dársenas españolas del mar Caribe, avistó el océano Pacífico, hizo que la bandera inglesa ondeara en el puerto de Nombre de Dios, destruyó la ciudad de Portobelo, y, por si fuera poco, volvió a casa cargado de oro, plata y piedras preciosas españolas. No es de extrañar que en Inglaterra los suyos le recibieran como un héroe y que la propia reina Isabel I le concediera una patente de corso, es decir, le nombrara pirata oficial del reino con licencia para abordar, saquear y matar a cuantos españoles quisiera. Además, la soberana también le encomendó la tarea de sofocar la rebelión que en aquellos momentos estaba sucediendo en Irlanda.
Tras cuatro años ocupado en esta empresa, la reina le envió en secreto a las costas del Pacifico. Drake tenía dos misiones: por un lado, espiar a los españoles y, por otro, destruir la práctica totalidad de sus colonias, asentadas en aquellas latitudes. El 1 3 de diciembre de 1577, zarpó del puerto británico de Plymouth, al mando de cinco galeones y un total de 166 hombres. El viaje, que de por sí era largo, casi duró el doble y estuvo a punto de irse al garete por culpa de las inclemencias del tiempo. Así, después de cruzar el océano Atlántico, tuvo que abandonar dos de sus naves en el estuario del Río de la Plata, en América del sur. En el mes de agosto de 1578 se adentró en el estrecho de Magallanes, en el extremo meridional del continente americano. Dieciséis días después, ya navegando por el océano Pacífico, una serie de violentas tormentas, que se prolongaron durante más de 50 días, destruyeron una de las naves y, para colmo, otra desertó y volvió a Inglaterra. Drake se encontraba solo, acompañado únicamente por la pequeña tripulación del Golden Hind, el que otrora fuera buque insignia de la expedición.
Estos acontecimientos no afectaron a la moral del corsario y decidió seguir adelante. Su desventaja numérica, que remitía a sus primeros tiempos como pirata, no fue inconveniente alguno y consiguió saquear un buen número de puertos españoles, capturar buques enemigos y, lo que era más importante, hacerse con cartas de navegación precisas. Sin embargo, éstas no le fueron de mucha ayuda y se vio obligado a continuar su travesía hacia el norte, llegando a la actual frontera de Estados Unidos con Canadá. Drake buscaba un paso hacia el este y, al no encontrarlo, tuvo que dar media vuelta. Pero el Golden Hind, abatido por las inclemencias, los enfrentamientos y la extensa duración del viaje, necesitaba unas reparaciones urgentes. De este modo, el bucanero se detuvo al norte de lo que hoy se conoce como la «Bahía de Drake», en San Francisco, para llevar a cabo los arreglos. Además, aprovechó la ocasión para tomar posesión del territorio en nombre de Inglaterra.

DRAKE PERMANECIÓ EN AQUEL LUGAR, al que llamó «Nueva Albión», en recuerdo de su amada patria, hasta el 23 de julio de 1579, día en el que zarpó de nuevo. Su rumbo no había variado un ápice del original y siguió en dirección oeste, hasta llegar al archipiélago de las Molucas, a las islas Célebes y a Java, en Indonesia. Recién estrenado el año siguiente, bordeó el cabo de Buena Esperanza por el extremo meridional de África y finalmente llegó a Inglaterra en septiembre de 1580. Había cumplido con el encargo de la reina, y de paso, circunnavegado el globo terráqueo. Como recompensa, la soberana le concedió el título de Sir, marcando con este sentido homenaje el comienzo de una fructífera carrera política-llegó a ser alcalde de Plymouth y miembro del parlamento-que no le apartó del mar.
En 1585 levó anclas de nuevo al frente de una gran flota, rumbo a las islas occidentales. El propósito de este viaje no le resultaba nuevo, pues Isabel I le volvió a encomendar la misión de invadir y destruir cuantas colonias españolas pudiera. Dos años más tarde, la reina le reclamó de nuevo. La guerra con España era inminente. Felipe II estaba reuniendo en Cádiz una poderosa armada, capaz de poner en peligro la corona británica. Era necesario que Drake destruyera dicha flota y así lo hizo. La hazaña le valió el puesto de vicealmirante, cargo con el que cosechó éxitos y fracasos. En 1589 derrotó a la Armada Invencible, pero su intento de aniquilar los restos de ésta falló y se vio obligado a volver a sus labores como político. . En 1595 la reina confió por última vez en él y le envió de nuevo contra los destacamentos españoles en el continente americano, pero volvió a fracasar. Al año siguiente Drake murió. Uno de los héroes más famosos de Inglaterra abandonaba este mundo por la puerta de atrás a causa de la disentería.
G.B.

miércoles, octubre 25, 2006

¿ Quién informaba a Rudolf Roessler?


n agente secreto de nacionalidad alemana, pero al servicio de los rusos, recogía de otras fuentes las mismas noticias reunidas por “A 54” a propósito de la “Operación Barbarroja”. Este agente se llamaba Rudolf Roessler.
Roessler, después de haber huido de Alemania, se había instalado en Lucerna llegando a director de una casa editorial especializada en publicaciones antinazis. Después se había hecho amigo del agente ruso Alexander Rado, jefe de una red de espionaje que operaba en Suiza, y Roessler, con su fé comunista, no había tardado en aceptar el encargo de actuar como espía de los soviéticos.
Hasta su muerte, Rudolf Roessler no quiso revelar nunca los nombres de sus informadores. Pero debía de tratarse de personalidades muy influntes en los ambientes militares alemanes,porque sus informaciones resultaban siempre exactas. Fue precisamente a través de su personal red de espionaje como Roessler conoció que Hitler había cursado la “Normativa número 21"es decir, la orden de intensificar los preparativos de la invasión de la URSS que debería tener lugar en las primeras semanas de junio.
Estaban entonces en enero de 1941, faltaban casi cinco meses para la hora"H" que señalaría el comienzo del ataque. Roessler corrió a Alexander Rado y muy excitado le transmitió la información rogándole advertir inmediatamente a la central de Moscú.
La indecisión de los generales soviéticos.La noticia llegó normalmente al Kremlin con la garantía de Alexander Rado, el cual había tenido modo de comprobarla. Pero este segundo anuncio tuvo la misma decepcionante acogida que el primero, y Stalin rehusó tomarlo en consideración y no quiso refozar sus defensas.El dictador soviético seguía empeñado en creer que ningún peligro amenazaba a la Unión Soviética. Así, hablando con el embajador alemán, le dijo que no prestara atención a aquellos rumores considerándolos una maniobra de los servicios secretos occidentales, que esperaban así convencerle de romper el pacto de no agresión que le mantenía unido al estado alemán.
A pesar de la obstinación de Stalin en no querer creer en la proximidad de la ¡nvasión alemana, los generales sovieticos llevaban tiempo preocupados. En contra de la opinión oficial, consideraban que la guerra estaba muy cercana.
Pero estaban habituados a no manifestar libremente su propio pensamiento porque sabían que, con Stalin. eso podía ser muy peligroso.
Así, a fin de no correr riesgos personales, los generales, hicieron correr un riesgo mortal a todo el país.

martes, octubre 24, 2006

MISTERIOSO COLÓN

UIÉN ERA AQUEL HOMBRE MISTERIOSO que con su solo espíritu cambió el curso de la Historia, desvió a una nación poderosa de su camino natural, dobló el espacio del mundo físico abierto al hombre y ensanchó sus horizontes mentales allende las esperanzas más extravagantes de aquella edad, creando así el ambiente para la atrevida concepción humanista a cuyo señuelo el hombre, super-mono, se ha soñado a sí mismo, desde entonces, como una especie de vice-Dios?.
Tres rasgos capitales se vislumbran en la imagen que sus contemporáneos nos transmiten: le rodea el misterio, le yergue la soberbia; le impulsa e ilumina un hondo sentido de su misión en la tierra. Nadie sabe quién es, de dónde viene, qué es lo que se propone. Nadie puede hacerle bajar la cabeza ni aceptar una pulgada menos del total exorbitante que exige. Nadie deja de sentir el magnetismo que le da el estar poseído de una idea, dominado por un mensaje. (...) Ocurre que todo ha conspirado para rodear la vida de Colón de tanto misterio como él parece haber deseado. No, por cierto, como sucede con Shakespeare, porque los datos disponibles sean exactos y poco importantes, sino al contrario, porque estos datos, relativamente numerosos, no concuerdan. Es difícil resolver el rompecabezas que ofrece la historiografía de Colón y es imposible si se aceptan en su sentido literal, por un lado, sus propias declaraciones y, por otro, los documentos reunidos por el gobierno italiano y por la ciudad de Génova para probar su origen genovés. (...)
OTROS ESPECIALISTAS colombinos resuelven el problema rechazando casi todas las declaraciones del propio Colón como otros tantos inventos y embustes. No cabe duda de que Colón administraba la verdad con notoria cautela; pero falta a la más elemental sutileza no sólo sobre el carácter de Colón, sino sobre la naturaleza humana, quien atribuye no ya al descubridor de América, sino a cualquier hombre, una predisposición constante a mentir, cuando la proclividad humana al mínimo de acción nos lleva a todos a decir la verdad siempre que no haya interés en contra. Al fin y a la postre subsisten dificultades sin resolver entre el Colón que nos pintan los papeles genoveses y el que nos revelan las declaraciones del propio descubridor.
Fuente:Salvador de Madariaga(1886-1978)Extracto de «Vida del muy magnífico señor don Cristóbal Colón»

domingo, octubre 22, 2006

LAS REFORMAS DEL GRAN CAPITÁN: LA CORONELIA


l ejército español que había salido de la Reconquista presentaba un aspecto nada convencional dentro del panorama europeo. Por una parte, gracias a la Guerra Civil Castellana y la campaña contra el reino nazarí de Granada, las mesnadas señoriales habían sido desplazadas frente a un ejército real y profesional que constaba de abundantes fuerzas de infantería y se apoyaba en un tren de artillería que le permitió tomar los hasta entonces inexpugnables castillos del reino nazarí, pero también atar fuertemente a la díscola y poderosa nobleza gracias a su poder demoledor del que el estado se hizo en un principio administrador. Como diría Cisneros a los nobles de Castilla, “estos son mis poderes”, mostrándoles los cañones del parque de artillería real.No menos importante que el aumento de la artillería de campaña fue la articulación de la infantería según las ordenanzas del rey don Fernando, que fueron el germen de una división del bloque de combatientes en compañías y escuadras, que les dotaba de mayor movilidad y cohesión gracias a la profesionalización del empleo militar. Las particularidades de la reconquista favorecieron el desarrollo de un infante más ligero que sus homólogos europeos, habituado a las acciones de escaramuza (o de tipo guerrilla) frente a la solidez del cuadro de picas y la poca libertad de movimientos del hombre de armas o jinete de caballería pesada. Así pues, el ballestero, el arcabucero y el jinete ligero a la morisca fueron los protagonistas de la lucha convencional contra los moros y dejarían una fuerte impronta en la adaptación del cuadro de picas suizo- alemán en el ejército español.El ejército que en 1496 abandonó el litoral español camino a Nápoles habría de reformarse tras la única derrota del Gran Capitán en la batalla de Seminara. El nuevo marco orgánico sería la coronelía, un paso previo al concepto de tercio, que se articulaba en tomo a una plana mayor (coronel, sargento mayor, tambor mayor, oficiales de intendencia...) que controlaba a las compañías, que constaban de aprox. 250 hombres al mando de un capitán y un abanderado (alférez) con un suboficial encargado de la disciplina (el sargento) y subdividido en escuadras de 15 a 30 hombres al mando de un cabo de escuadra. Sin embargo, el esquema hispano no se fundamentaba en una muchedumbre de picas con unos elementos auxiliares parcos en número, sino que desde un primer momento se manifiesta una predilección por el arma de fuego frente a la pica, de tal modo que en los decenios sucesivos, y sobretodo en Flandes, donde la naturaleza del terreno no favorecía acciones de caballería pesada, se hubo de regular el porcentaje de arcabuces/picas dada la inusitada fruición con la que el infante español acogió este arma, adelantándose en algunos decenios a otros ejércitos de la época.

NUEVAS LEYES DE INDIAS.ESPAÑA 22.11.1542


a corona española dicta una serie de leyes para el gobierno de las Indias, publicadas, además de en castellano, en las principales lenguas indígenas.
Mientras en el plano administrativo se crean el virreinato de Perú y las audiencias de Lima y de los Confines(luego Guatemala), para mejor organizar el gobierno de estos territorios, las Nuevas Leyes de Indias establecen la desaparición del carácter hereditario de las encomiendas, y que los indios pasen a depender directamente de la corona a la muerte de su actual encomendero.
La actitud de encomenderos y conquistadores es totalmente desfavorable, al punto de llegar a protagonizar revueltas, como la dirigida por Gonzalo Pizarro en Perú(1544-48).
El fin, oficial, de las encomiendas, es un triunfo para las posturas de defensa de los indios, como la encabezada por el padre Las Casas. Sin embargo, el triunfo tiene algo pírrico;de hecho, las encomiendas perduran hasta principios del s. XVII.