
El desarrollo de la artillería y la infantería relegaron a un papel secundario a la caballería, cuyas misiones principales pasaron a ser los golpes de mano y los ataques rápidos por los flancos.
Pero a pesar de todos los cambios técnicos y tácticos, la guerra continuaba siendo un enfrentamiento entre gentilhombres. El honor, y no sólo la victoria, guiaban a los reyes y oficiales, que trataban con dignidad y benevolencia a los prisioneros de su rango, aunque no sucedía lo mismo con los soldados. La Revolución iba a provocar un cambio radical en aquella concepción de la guerra. La lucha entre los revolucionarios y los ejércitos realistas no era fruto de apetencias territoriales o del simple deseo de batirse, sino que estaba motivada por un enfrentamiento entre concepciones políticas opuestas. El honor y las normas caballerescas iban a ser olvidados en aras a la efectividad y la victoria.
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