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viernes, octubre 17, 2008

DUELOS Y QUEBRANTOS

lo largo del Siglo de Oro se citan, en distintos libros, los grandes banquetes reales o los que ofrecían los nobles o los alcaldes de las ciudades a diversos monarcas o embajadas. En la obra de Martínez Montiño, cocinero real, aparecen platos suntuosos, e, incluso, en algunos conventos, se preparaban recetas dignas de príncipes, como el faisán de Alcántara, y otras parecidas.
La realidad del pueblo era muy otra, y los conventos, como también se puede apreciar, daban de comer a cientos de pobres y de peregrinos, siendo el plato fundamental la llamada sopa de convento, de pobres o sopa boba.
La expresión “duelos y quebrantos” aparece una y otra vez en las novelas, obras de teatro y en los manuscritos conventuales; Cervantes la usa en Don Quijote en distintas ocasiones. En realidad son huevos fritos con torreznos, como lo afirma Pedro Calderón de la Barca:



“Huevos y torreznos bastan que son duelos y quebrantos”.

Plato que se puede hacer en breves momentos y que lo podían ofrecer en los conventos a viajeros cansados y hambrientos. Sin embargo, Lorenzo Díaz, en su obra Recetario del Quijote, ofrece una receta algo diferente:

“Ingredientes: Huevos, tocino entreverado, jamón, sesos de cordero, manteca de cerdo, sal, pimienta.

Modo de hacerlo: Se fríen el jamón y el tocino en trozos, en una sartén amplia, utilizando la propia grasa que sueltan los torreznos.
Se cuecen los sesos, se limpian, se trocean y se saltean en un poco de manteca de cerdo.

Se baten los huevos, se salpimentan y se hace un revuelto con los ingredientes anteriores.

Se puede servir adornado con pan frito”.

Referencia:"La cocina de los conventos".Academia de la Cocina Esoañola.

jueves, septiembre 18, 2008

RACIÓN DE PUCHERO

urante mucho tiempo la gestión administrativa de los hospitales navales se había enconmendado a personas físicas, a modo de contrata, que se encargaban de suministrar a dichos hospitales todo lo preciso para du funcionamiento, tanto en el aspecto sanitario,incluido el personal, como en el dietético. Así estaban las cosas en el Cádiz de hasta el año 1865, en que.,a propuesta de su intendente se decidió llevarlo por gestión directa.Los beneficios económicos que se esperaban eran importantes, al igual que la asistencia a los enfermos.El cambio era radical y afectó naturalmente en la alimentación del personal ingresado, sobre todo por la sustitución del plan de alimentos, y muy especialmente tras la sustitución de la llamada "ración completa" por otra más acorde, conocida como "ración de puchero" que ya estaba vigentte en los hospitales del Ejército.
La ración de puchero constaba de carne limpia, sin huesos ni tendones(ocho onzas), de huesos y tendones (una onza), de garbanzos (dos onzas); de arroz una onza y media de patatas(seis onzas); de tocino(una onza), y de pan blanco(veinte onzas).Se especificaba que "estos alimentos se distibuían en tres comidas, para desayuno, comida y cena;el desayuno constaba de una sopa de ajos;la comida erea otra sopa de arroz, pan o fideos y un cocido a base de carne,tocino,garbanzos y patatas", la cena era nuevamente una sopa y un guisado o asado de carne y patatas.
Advertía que "el hueso y los tendones no se servían a los enfermos, por estar en la olla para mejorar la calidad del caldo y cocido", y distinguía cuando la carne empleada era de vaca o de carnero, sugiriendo que "la carne sobrante después de cocida no tiene otra aplicación que la de ser entregada a los establecimientos de Beneficiencia".Todo un ejemplo de dieta mediterránea que ni el malogrado bioquímico español Grande Cobián habría mejorado.

jueves, julio 17, 2008

LA REALEZA, PREOCUPADA POR LA BUENA COCINA

no de los oficios internacionalmente apreciado, a lo largo de los siglos fue el de cocinero de la realeza.Y es que la realeza europea, debido sobretodo a los matrimonios con vástagos de casas reales de diversa procedencia, contribuyó grandemente a la difusión ya la mezcla de las tradiciones culinarias de las diversas naciones. No solo viajaban sus miembros, sino que también lo hacían sus cocineros, lo que permitió la acumulación de un saber culinario verdaderamente internacional. Durante el siglo XVIII y principios del XIX, estaba de moda a cocina francesa. Se hablaba ya por entonces de la «nueva cocina», más sofisticada y moderada en cuanto a la ingesta con respecto a siglos anteriores. Lo más prestigioso era disponer de un cocinero francés. Ello sucedió desde que el primer Borbón, Felipe V, accedió al trono de España. Los cambios no solo afectaron a los nuevos patrones políticos con los que gobernó y a la multitud de reformas estructurales, sino que también cambió la forma de comer de la propia corte. La nobleza, en consecuencia, terminaría imitando en muchos aspectos a la cocina que traía el nuevo rey. Así sucedía en la corte española, en la que un menú de un día cualquiera podía incluir: - una o dos sopas, pollo al estragón, hinojos con pavo, pollos panados y lomo de ternera a las finas hierbas; pavito asado al ajo, torta de pichones con higadillas, setas de olor, criadilla de tierra escabechadas y alcachofas. De postre,judías verdes guisadas, alcachofas y espinacas. Y pastelería variada para terminar.
(Referecia.-La corte de Carlos IV,editorial Espasa)

viernes, febrero 15, 2008

NUEVOS SABORES

na vez establecidos en los territorios de Siria y Palestina, los toscos colonos francos no tardaron en descubrir las delicias de la cocina oriental y muy pronto se acostumbraron al uso de las especias, poco difundido en Occidente, al menos hasta la época de la Primera Cruzada.Además de ser más rica en sabores, la cocina oriental pasmaba a los cruzados por la variedad de los condimentos y, sobre todo, de los dulces a base de fruta exótica y azúcar de caña. La robusta dieta de los guerreros europeos, acostumbrados a consumir grandes cantidades de tocino y demás grasas animales, dio paso a una cocina más ligera y variopinta; sin duda, más adaptada a las condiciones meteorológicas del terreno.Es difícil decir si las mujeres jugaron un papel relevante en la aculturación de los francos por las costumbres orientales.Aunque se verificó sin mayores problemas un cierto número de matrimonios mixtos, celebrados sobre todo en el entorno de la realeza y de los principes y sólo con armenias o bizantinas, no parece sin embargo que los cruzados tuviesen mucha intimidad con las mujeres locales, exceptuando claro está, las relaciones ocasionales con prostitutas y criadas o la efímera presencia cercana de alguna concubina.

martes, enero 29, 2008

EL CANDIÉ

ecuerdo que en mi infancia, los males se atenuaban de forma casera y casi artesanal, pero si os puedo decir, que en mi mente, permanece aún un bebedizo o pózima que suponía el remedio universal para todos los males, al menos en aquellos que manifestaban alguna debilidad evidente.
No os puedo decir, si lejos de la provincia de Cádiz esto se conocía o era remedio genuíno de esta tierra que tiene remedio para todo.
Me refiero al candié(del inglés candy & egg)-como ven tenemos una soltura en traducir el inglés que la academia Trinity, se queda a unos cuantos cuerpos atrás-, pues como decía,este preparado que se elaboraba con azúcar y huevo, vino dulce moscatel, o brandy, se servía en un vaso de cristal con el papel de estraza a modo de tapadera, agitándose posterioremente para el perfecto ligado de todos los ingredientes, según los entendidos a este preparado en coctelería se le denomina Porto Flip, desconozco si era por el flipe que cogíamos al ingerir semenjante brebaje, o porque se ha hecho famoso al comprobar que las generaciones de aquellos tiempos gozamos de una salud a prueba de moscatel y otros caldos.
Pero, no queda aqui la cosa, creo recordar que exíste un grupo musical que se llama CANDY FLIP, no me extraña, porque nosotros también acababamos bailando ¡y de que forma!, en fin amigos, si teneis cierto grado de osadía y en momentos bajos decidís tomar un candié,hagan el comentario oportuno, será de utilidad para todos.
Nelson

sábado, diciembre 22, 2007

LA LECHE, TAMBIÉN ERA UN MEDICAMENTO

a ciencia y la opinión pública medievales miraban a la leche y sus derivados con suspicacia, pero ésta era mitigada, en parte, por el reconocimiento de su eficacia como medicamento en algunos casos. La leche de cabra pelirroja, por ejemplo, era considerada especialmente adecuada para la dieta de los recién nacidos —como complemento de la leche materna— y de los enfermos en general; por otro lado, la leche de yegua se aconsejaba a quienes tenían problemas en las vías respiratorias. Existía además el lac chalybeatum, convertido en medicamento gracias a la inmersión en la leche de un cilindro de hierro incandescente que después se dejaba enfiar, o de pedazos mármol, un remedio que parece haber sido muy efectivo en los casos de disentería. Una variante, útil para curar las llagas, preconizaba la mezcla con escorias procedentes de la fusión del cobre.

martes, diciembre 18, 2007

EL QUESO-MANOS DE MUJER

odo el proceso era controlado por el magister formagerius (maestro quesero), que sabiamente dosificaba el cuajo, los tiempos de cocción y la sal necesaria, raspaba la corteza y, finalmente, preparaba los lugares destinados a la curación del queso, con sucesivas capas de mantequilla fresca. Según la mentalidad de la época, debía tener manos suaves, de tacto delicado y casi femenino, motivo por el cual eran preferidos los individuos jóvenes, de manos todavía sin estropear por los años y el trabajo.
El comercio del queso había alcanzado en el siglo XV tales dimensiones que atrajo la atención de los legisladores, haciendo que entrase en vigor una precisa normativa que reglamentaba su venta. Así, por ejemplo, en Ivrea, Turín, estaba autorizada solamente a determinadas horas y en la plaza del mercado, o en su defecto dentro de la muralla, de modo que pudiera controlarse fácilmente, a fin de hacer pagar al comerciante el impuesto correspondiente; también se toleraba un pequeño comercio que se realizaba de puertas afuera de la ciudad.
Los vendedores estaban encuadrados, como los demás profesionales, en una corporación con los mismos privilegios y obligaciones que las otras. En algunos lugares de Italia se sabe que los miembros de la corporación de los formagerii debían costear uno de los trofeos del palio que se corría a mediados del mes de agosto.


domingo, febrero 18, 2007

SE PROHÍBE PERSEGUIR A LOS CRISTIANOS

ebido al exceso de mártires, elgobernador Plinio Segundo se vio en la necesidad de dar cuenta de la situación al emperador Trajano,quien reaccionó con un decreto que impedía perseguir a los cristianos.

FUE TAN FUERTE la persecución que entonces nos oprimía en todo lugar que Plinio Segundo, muy destacado entre los gobernadores, impulsado por la gran cantidad de mártires, comunica al emperador la abundancia excesiva de aniquilados por causa de su fe. En la misma carta menciona que no se les ha tomado en ningún acto impío ni contrario a las leyes, con la excepción de levantarse al despuntar el día para cantar himnos a Cristo como a un Dios, y que a ellos también les está prohibido adulterar, asesinar y cometer delitos semejantes, y que en todas las cosas actúan de acuerdo con las leyes.
Trajano reaccionó a todo esto con la promulgación de un decreto que incluye lo siguiente: no buscar a la tribu de los cristianos, pero castigar a quien caiga. Por esta causa la persecución, que mostraba la amenaza de oprimirnos terriblemente, se calmó en cierto modo, pero no obstante no faltaban excusas para quienes deseaban dañarnos. En unas ocasiones eran los pueblos, en otras el gobernador local, quienes disponían maquinaciones contra nosotros, de modo que, a pesar de no haber persecuciones declaradas, algunas se encendían en ciertas partes según cada región, y muchos creyentes lucharon con diversos martirios.
Esta información ha sido tomada de la Apología latina de Tertuliano (...). Su traducción es la siguiente: «Sea como fuere, encontrarnos que está prohibido incluso que nos busquen. Pues Plinio Segundo, gobernador de una provincia, habiendo ya sentenciado a algunos cristianos, y tras rebajarlos en sus cargos, confuso por la gran cantidad de ellos y sin saber qué quedaba por hacer, consultó al emperador Trajano diciéndole que, fuera de que se negaban a adorar a los ídolos, nada impío encontraba en ellos. También le indicaba esto: Que los cristianos se levantaban al despumar el día y cantaban himnos a Cristo como a un Dios, y que para conservar su saber se les había prohibido dar muerte, adulterar, codiciar, disfrutar y cualquiercosa semejante. A esto Trajano respondió por escrito que no se buscara a la tribu de los cristianos, pero que se castigara al que hubiere caído». Todo esto también tuvo lugar en este tiempo.(...)
Tras ostentar el mando del Imperio diecinueve años enteros y seis meses, Trajano fue sucedido por Elio Adriano. A éste, Cuadrato presentó una instancia en favor de los cristianos. Se trata de la Apología defendiendo nuestra religión, porque muchos hombres perversos intentaban inquietar a los nuestros. Todavía circula entre gran número de los hermanos, y nosotros mismos tenemos este escrito en el cual se observan muestras evidentes del conocimiento y de la rectitud apostólica de este varón.
Por su parte, nos da evidencias de su antigüedad cuando dice lo siguiente: «Pero los hechos de nuestro Salvador se hallaban siempre presentes porque eran verdaderos; los que habían sido sanados y los que se levantaron de los muertos no sólo fueron vistos al ser sanados o resucitados, sino que algunos sobrevivieron, durante los días del Salvador, y una vez que El hubo partido permanecieron el tiempo suficiente, de modo que algunos de ellos incluso han llegado hasta nuestros días."


Eusebio de Cesarea. Fragmento de "Historia eclesiástica"

jueves, febrero 15, 2007

EL EMPERADOR Y LOS JURISTAS

E ENTRE TODOS los pueblos de la Antigüedad, tan sólo en Roma se dieron las condiciones culturales precisas para la formación y desarrollo de un ordenamiento jurídico elaborado y controlado por particulares expertos en discernir lo justo de lo injusto: los jurisprudentes o juristas. Vinculada en sus orígenes al colegio de pontífices, la ciencia jurídica, una vez secularizada, se mantuvo ligada a la aristocracia patricio-plebeya de gobierno hasta poco antes de la caída de la República, cuando, al igual que había pasado algunos decenios atrás en el ámbito judicial, se produce la entrada de elementos procedentes del orden ecuestre en el ámbito jurisprudencial.

Entre los proyectos reformadores que Julio César llevaba entre manos cuando cayó asesinado, se encontraba una codificación del Derecho, que contaba con el apoyo de algún jurista de su confianza, pero con la oposición de casi todos los demás, que con esa medida veían peligrar su tradicional gestión del derecho privado. Augusto no retomó el plan «rupturista» de César; fuera por la oposición de Labeón—el jurista más importante y de mayor coraje del momento, que estaba firmemente persuadido de la necesidad de salvaguardar la naturaleza científica del Derecho para no desvirtuar su función política—, o fuese sin más por el convencimiento o el interés de Augusto, que presentaba el nuevo régimen bajo la apariencia ideológica de restauración del viejo orden republicano, el caso es que el príncipe prefirió desmarcarse del proyecto cesariano y se limitó a efectuar una sutil maniobra, hábilmente justificada, que iba a marcar para siempre la jurisprudencia romana: el emperador, «para que la autoridad del Derecho fuera mayor», otorgaba un título especial a algunos juristas, en principio a los mejores, y con ello su autoridad quedaba reforzada al contar con el respaldo de la máxima autoridad imperial.
El régimen de esa concesión quedó institucionalizado con Tiberio. A partir de entonces, las opiniones de los juristas privilegiados serían las que de verdad iban a contar en la práctica, en especial para los jueces, que debían seguirlas a la hora de resolver los litigios a ellos confiados. El correcto uso que tanto los emperadores como los juristas hicieron del delicado mecanismo propició que éste funcionara sin sobresaltos durante mucho tiempo.
En los comienzos del Principado, la relación del emperador con los juristas, sobre todo con los pertenecientes a tradicionales familias senatoriales, fue a veces dificil; el caso más representativo es el del ya mencionado Labeón (aprox. 50 a.C.-l5 d.c.), hijo de uno de los cesaricidas, persona incorruptible y de gran fama pública, que mantuvo siempre una relación de hostilidad hacia Augusto; esa independencia suya frente al poder político, aunque no su hostilidad hacia el príncipe, parece que se transmitió a sus discípulos:Nerva (abuelo del futuro emperador) y Próculo. Más acomodaticio con el poder político se mostró en general otro sector de los juristas. Dificultades objetivas se presentaron a los jurisconsultos bajo emperadores como Calígula, Claudio o Nerón, mientras se abre una nueva era para ellos con la dinastía Flavia, cuando Vespasiano empieza a asociar a los más relevantes juristas a la administración del Imperio.
De todos modos, el verdadero cambio se produce con Adriano, cuando se consolida el Consejo Imperial y los mejores juristas son llamados a formar parte del mismo, y ellos aceptan. En ese momento la jurisprudencia bascula, y el tradicional jurista independiente deja paso al jurista burocrático, que cobra por sus servicios y que insensiblemente se convierte en instrumento al servicio de la política imperial.La mutación es muy importante, pues a pesar de la relevancia que el sector profesional de los juristas alcanza en la administración, la burocratización de la jurisprudencia iba a determinar la pérdida de la identidad de la misma como portadora de una función autónoma fiente al poder político; desde Adriano, los juristas, ni como personas individuales ni como grupo, constituyen ya ninguna alternativa política, cultural o ideológica al poder imperial.
CON LA DINASTÍA de los emperadores Severos (193-235 d.c.), algunos juristas llegan incluso a ocupar la prefectura del Pretorio, el más alto cargo ejecutivo después del emperador. Así ocurre con Papiniano y Ulpiano, que tuvieron muertes especialmente dignas y dramáticas que contribuirían a su mitificación. Emilio Papiniano (hacia 150-212 d.C.), que había sido prefecto del Pretorio con Septimio Severo, se negó a justificar el asesinato de Geta a manos de su hermano Caracalla, por lo que éste lo mandó ejecutar. Su discípulo Domicio Ulpiano (hacia 1 70-223 d.c.), que gobernaba Roma mientras Alejandro Severo era poco más que un niño, se trazó la titánica tarea de sacar adelante la que se revelaría a la postre como última tentativa de privilegiar al estamento civil frente al militar, saldada con su asesinato a manos de los pretorianos ante los aterrados ojos del todavía adolescente emperador. Corría probablemente el mes de agosto del año 223 d.C., y esa escena, de una fuerza plástica arrolladora, puede ser contemplada simbólicamente como el inicio de la cuenta atrás para la salida de la jurisprudencia creadora de la escena pública.
El asesinato de Alejandro Severo a las puertas de Maguncia el 20 de marzo de 235 pone punto final al Principado, y viene a ponerlo de hecho también a la jurisprudencia creadora. A la caótica situación en que se verá sumido el Imperio durante medio siglo, sólo será capaz de poner fin una gran personalidad como la del general ilírico Diocleciano (284-305 d.C.), pero el nuevo régimen instaurado por éste se manifestará ya incompatible con la existencia de unos profesionales libres, como habían sido los juristas clásicos.
Javier Paricio. Catedrático de Derecho Romano

SE REDUCE LA PRISIÓN PREVENTIVA

N UNA ÉPOCA en la que la arbitrariedad era moneda corriente, pese a la solidez y coherencia del Derecho romano, Trajano se preocupó por reforzar las garantías jurídicas del ciudadano. Dos reformas claves son atribuibles, en este sentido, a este Cesar de origen hispánico. La primera es la reducción del tiempo de detención preventiva. La segunda, la prohibición de aceptar denuncias anónimas. Las dos medidas tenían como objetivo preservar el estricto respeto a la legalidad. Todo indica que el tiempo de detención preventiva era largo, cuando no indefinido, y que eran relativamente frecuentes las denuncias anónimas, todo lo cual dejaba a muchos ciudadanos romanos indefensos ante la ley. Dos importantes avances del Derecho para evitar que los jueces pudieran extralimitarse en sus funciones o cometer abusos de autoridad.

domingo, febrero 11, 2007

BANQUETES ORGIÁSTICOS

os banquetes celebrados en Roma eran todo un acontecimiento social.Los organizadores se preocupaban de que todo saliera perfecto, pues suhonor iba en ello, en unos ágapes donde el sexo estaba presente.
LOS BANQUETES se convertían en juicios. Para los ciudadanos ricos, cada ágape debía ser el mejor organizado, el más ameno, el que mejor comida y bebida sirviese, el que más diversiones y distracciones ofreciese, en definitiva, el mejor celebrado nunca. El anfitrión rico en este tipo de encuentros tenía que dar a sus invitados una imagen de sí mismo dotada de todo su esplendor. A fin de cuentas, el banquete no era otra cosa que una representación en la que cada uno daba vida a su personaje. De este modo, dar fiestas se convirtió en todo un arte y era una celebración común a todos los ámbitos sociales, aunque, bien es verdad, sólo en los más detacados tenía una especial relevancia.

Los banquetes se celebraban al final de la jornada. Solian dividirse en dos partes. Durante la primera mitad del festín, se comía pero no se bebía. Aquí, los excesos gastronómicos eran muy frecuentes. En una misma reunión se podía encontrar gran variedad de platos. Hasta 100 especies diferentes de pescado, enormes cantidades de carne de cerdo, de vaca, de cordero, de pato, de avestruz y un sinfin de animales exóticos traídos expresamente para la reunión desde todos los rincones del vasto Imperio, además de una gran variedad de fruta que se consumía casi en cantidades industriales: higos, melocotones, melones y así un largo etcétera.

Para la conservación de estos alimentos se ordenaba traer, expresamete, nieve y hielo procedente de los Alpes. Por el contrario, en el transcurso de la segunda parte, no se comía y sí se ingerían cantidades ingentes de alcohol. Una exquisitez, muy de moda en la época de Calígula, era beber perlas disueltas en vinagre. Los comensales se disponían, reclinados, en lechos. Se consideraba ordinario y vulgar comer sentado en un banquete. En algunos de estos festines, remarcando su acento lúdico, muchos de los comensales se adornaban con flores, símbolo, en este caso, del furor que siempre estaba presente y nunca debía faltar en una orgía.
G.B.

domingo, enero 21, 2007

LENGUA DE MIRLO Y SALSA DE ENTRAÑAS DE PESCADO

ARA EL GRAN PÚBLICO el yantar de los antiguos romanos aparece vinculado a copiosísimos manjares e incluso a una especie de comida italiana actual repleta de pastas. Ambas imágenes resultan sugerentes pero distan mucho de la realidad. Hasta el período del Alto Imperio, el romano no destacó por la sofisticación en la mesa sino por una búsqueda de alimentos que llenaran, en el sentido más literal del térno.
El pan tardó en ser utilizado de manera generalizada por los romanos y puede que no se impusiera hasta el siglo II a.C. Durante los siglos anteriores el trigo se utilizaba fundamentalmente para preparar la puls, una sopa que suele distinguirse en los tratados de la polenta, elaborada con cebada tostada y triturada. De las verduras, los romanos consumían la col, el puerro, las lechugas y las acelgas.
Inicialmente, las frutas de que disponían los romanos fueron limitadas. Tenían, fundamentalmente, manzanas, peras, cerezas, ciruelas y uvas, a las que se sumaban algunos frutos secos, como las almendras, las nueces y las castañas.
Por lo que se refiere a las carnes, los romanos consumían, sobre todo, aves de corral, como la gallina; corderos y cabritos, y, en menor medida, cerdo y buey .De la caza destacaba el ciervo. Asimismo eran aficionados a los caracoles. Hasta aquí sus gustos son similares a los nuestros. No se puede decir lo mismo de otros platos, que para ellos eran exquisitos. Es el caso de los lirones, que criaban en las granjas; la carne de asno salvaje, la lengua de mirlo o la pechuga del sítaco, una especie de papagayo parlanchín.
Tampoco sería agradable para un paladar de hoy el cochinillo asado y relleno de pajaritos vivos. Se asaba el cerdo, se introducían gorriones o periquitos, se cosía el asado y acto seguido se sacaba a la mesa y se procedía a trinchar el animal. Era un espectáculo digno de verse. Primero se oía el piar de los pajarillos, presos en el cerdo como Jonás en la ballena, y luego, al abrir la tripa del gorriníllo, brotaba de su vientre la bandada de aves. Lo curioso es que los invitados al banquete se comían luego el asado, con los restos dejados por sus diminutos habitantes.
Los estratos más humildes de la población consumían sobre todo pescaditos conservados en salmuera, mientras que las clases acomodadas manifestaban su predilección por pescados que todavía en la actualidad resultan de precio elevado como es el caso del rodaballo, el esturión o los salmonetes.
Lo condimentaban casi todo con una salsa hecha de entrañas podridas de pescado, llamada garum.Y lo regaban con vino, que se tomaba mezclado con agua. Bebían, además, el mulsurn (vino mezclado con miel), aqua mulsa (hidromiel) y cerveza.
Los frugales romanos consumían por regla general una sola comida fuerte al día. El desayuno no era consumido siempre y no pocas veces, cuando se tomaba, solía consistir en algo muy ligero que, en ocasiones, se reducía a un simple trozo de pan o incluso a un vaso de agua, posiblemente para facilitar el tracto intestinal. Sólo entre las clases pudientes este desayuno era más rico, incluyendo aceitunas, huevos, queso, pan y miel. La comida principal se realizaba al mediodía y por la noche se consumía una cena. No obstante, también era muy habitual que la comida se retrasara al final del día y entonces se suprimía la cena. En esos casos, era normal introducir un almuerzo entre el desayuno y la comida.
La mayoría de los romanos tomaban el almuerzo en alguna taberna o compraban algo de comida a vendedores callejeros. Desde luego, y fuera cual fuera su contenido, se trataba de una comida rápida, de pie y fría.La comida de los acomodados constaba por regla general de tres platos, lo que se denominaba ab ovo usque ad mala (del huevo a las manzanas). El primer plato era algo ligero -huevos, verduras, pescado o mariscos- preparado de manera muy sencilla. El plato principal consistía en carnes cocinadas en cantidad y calidad relacionadas con el poder adquisitivo de la familia. De postre, tomaban fruta, pasteles o aceitunas.
Era bastante corriente que en los hogares pudientes abundaran los invitados y que la cena se transformara en un banquete (convivium). En estos casos, los ricos e influyentes patroni -dirigentes políticos y financieros- reunían en torno a su mesa a los clientes, que eran jóvenes aspirantes a hacer carrera, pero también artistas o abogados sin empleo. El patronus tenía la obligación de invitarles a comer, pero si no le agradaba su compañía o no la estimaba útil, tenía la posibilidad de regalarles comida que se llevaban a casa en una cesta. Aunque conocemos algún caso, como los de Nerón o Vitelio, en que la cena comenzaba por la mañana y se extendía a lo largo del día, se trataba de una excepción.
La comida se consumía con los dedos habitualmente aunque se cortaba con cuchillos que tenían la hoja de hierro y el mango de hueso, madera o bronce. También eran habituales las cucharas de bronce, plata o hueso y se utilizaban para consumir alimentos líquidos o huevos. Nos han llegado los nombres de los diversos instrumentos. Por ejemplo, sabemos que las cucharas podían ser cacillos o trulla, cuchara propiamente dicha o ligula y la cucharilla puntiaguda o cochlea para sacar los caracoles de la concha o ayudar a limpiar los mariscos.
Aunque comían sentados, entre las clases acomodadas se fue abriendo paso la costumbre de comer recostados en lechos e incluso de yantar al aire libre en sus jardines privados. Los lechos se agrupaban en grupos de tres (los famosos triclinios). Sólo comían sentados los niños a los que se colocaba en taburetes ante el triclinium paterno (Suetonio, Claudio, XXII), los esclavos —que sólo podían recostarse para comer los días de fiesta (Columela XI, 19)— los paletos procedentes de provincias y los clientes de posadas y tabernas (Marcial V, 70).
César Vidal.