jueves, septiembre 28, 2006

LAS SALAZONES DE PESCADO Y EL GARUM

pesar de los estudios realizados sobre esta salsa , debemos de enfatizar, que se siguen efectuándose nuevos descubrimientos al respecto que nos ayudarán más aun si cabe a sopesar la expansión que supuso el garum, asi como a las salazones como industria de origen fenicio, una de las nuevas fuentes de riqueza creadas en la época de las colonizaciones sobre cuya exportación al área griega y concretamente a Atenas, existen testimonios que se remontan al siglo V a. J.C. Pero el gran momento de expansión coincide con la paz romana. A partir del si glo I a. J.C., y más exactamente desde Augusto, los documentos no se limitan a algunas menciones en los textos clásicos, sino que se comprueba con los restos arqueológicos de las factorías donde se elaboraba.
Se extiende desde la desembocadura del Sado, al sur de Lisboa, donde existen las ruinas de uno de los conjuntos más extensos entre los hoy conocidos, hasta los alrededores de Cartagena. Su núcleo central fue la zona del Estrecho de Gibraltar, aprovechando la riqueza pesquera de la confluencia de las aguas del Atlántico con el Mediterráneo. La cadena de fábricas en las costas peninsulares se repite, al Sur, en las del litoral marroquí. Consisten en conjuntos de grandes cubetas, sólidamente construidas con el mejor mortero romano, entre patios a cielo abierto para el secado y preparación del pescado, hornos para calentar aguas, etc.
La contemplación de muchas de estas ruinas, dada la capacidad de los depósitos y el tamaño del conjunto de construcciones, permite darse cuenta de la gran importancia que tuvo la industria.
Las salazones de pescado se consumieron, en efecto, a gran escala, ya que se trataba de un alimento poderoso, de conservación relativamente fácil, que se podía exportar a grandes distancias debidamente envasado en ánforas y además relativamente barato. Cierto que existían variedades apreciadas, que cantan los gastrónomos de la época, y que alcanzaban precios elevados. Pero la mayor parte de las producciones, conocidas también con el nombre de liquamen podemos constatar que, por lo menos a fines del siglo I d. J.C., figura en la tarifa de precios de Diocleciano tasado a precio muy asequible.
El atún, la caballa, las diversas variedades del Scomber fueron los pescados utilizados para estas preparaciones, aunque no los únicos. Ignoramos el detalle de la elaboración y los resultados finales, pero a través de las descripciones de autores contemporáneos y de la continuidad de los tipos en la Edad Media, sobre todo en el Mediterráneo oriental de donde partieron y donde se han conservado técnicas emparentadas hasta nuestros días, es posible tener una idea de lo que fueron en tiempos romanos. Pero lo que nos interesa destacar ahora es el gran volumen de la industria en las costas meridionales hispánicas y su proyección económica.
Según las fuentes escritas, los dos grandes centros fueron Gades y Cartago Nova. Evidentemente bajo el nombre de Gades se incluye toda la zona inmediata del Estrecho.
Como es corriente en productos agrícolas o industriales exportados a gran distancia, predomina el nombre del centro exportador más destacado y conocido y se aplica a un conjunto del que la ciudad citada es en cierto modo la capital económica. El área de las salazones de "Gadir" debió comprender la costa del Algarbe -donde se han identificado varias factorías, ninguna de ellas extensamente excavada-, así como la de la zona onubense y la más inmediata a Cádiz. Entre esta ciudad y Algeciras, en la aldea de pescadores de Bolonia, las excavaciones de la ciudad romana de Baelo han revelado un grupo notable de fábricas.
Otros núcleos próximos aparecen en La Albaida de Sanlúcar de Barrameda, en Barbate, en Villavieja (bahía de Valdevaqueros), y ya en el sector malagueño, en San Pedro de Alcántara, Torremolinos y Torrox. La factoría de Sexi (Almuñécar) es conocida por vía doble: por las menciones de las fuentes y por los vestigios de sus piletas. Sin duda fue centro industrial importante y no en vano copió en sus monedas el tema del atún, procedente de las piezas gaditanas, pero que encajaba muy bien con una de sus principales fuentes de riqueza.
Por lo que respecta a las salazones de Cartago Nova, los textos contemporáneos no ofrecen duda en cuanto a su importancia: el "garum sociorum" -sobre cuyo sentido existen discusiones- que allí se producía fue especialmente apreciado. Pero en este caso el conocimiento arqueológico no acompaña a las fuentes antiguas, ya que en la zona cartagenera no se han descubierto hasta el presente restos importantes.
Otro grupo de factorías aparece en la costa alicantina, todas ellas estudiadas muy recientemente. Presentan particularidades técnicas distintas de las de Andalucía o Portugal. Salvo raras excepciones no existen cubetas de obra, sino que aparecen talladas en la roca a ras de mar y algunas parecen haber sido utilizadas como vivero de peces.
Existen indicios en Santa Pola, que era la zona portuaria de Llice (Elche), en las proximidades de Alicante, en relación con la ciudad que estuvo emplazada en el actual Tossal de Manises, y quizá también en la misma Alicante actual (antigua Lucetum), en el islote de El Campello, algo al norte de la ciudad, en Calpe y en Javea.

ATAQUES, ASEDIOS Y BOMBARDEOS A QUE CADIZ FUE SOMETIDO DURANTE LOS SIGLOS XVI, XVII Y XVIII


1530.-CADIZ ES ATACADA DESDE EL MAR
A partir de este año de 1530, dan comienzo los ataques de las distintas armadas o flotas de guerra contra CADIZ.
Es el célebre corsario Barbarroja, el primero que determina saquear la ciudad, luego que supo que las galeras españolas se hallaban en Italia, cuando la coronación del emperador Carlos V (24-II-1530); mas sabida por el Príncipe y marino genovés Andrea Doria, la determinación del de Argel, le salió al encuentro y le desbarató salvando a Cádiz de un espantoso saqueo.
Esto da a entender que aún por esta época, no estaba guardada la plaza suficientemente.

1533.-SALARRAEZ, O JABAN ARRAEZ, REY DE ARGEL, INTENTA ESTE AÑO UN ATAQUE
Una borrasca, frustra una nueva tentativa, esta vez llevada a cabo en 1553, por Salarráez, Rey de Argel, al que prendió don Álvaro de Bazán, Capitán General de las galeras de España, padre del primer Marqués de Santa Cruz.

1574.-S0RPRESA DE LOS MOROS
En 1574, llevaron a cabo los moros una sorpresa con desembarco en lo que entonces era la almadraba y casería de Hércules, y hoy se llama Torregorda. Esta sorpresa fue desbaratada en su iniciación.
Por primera vez se registra en la historia de Cádiz, la existencia de cañones en la defensa de su plaza fuerte.

1587.-CORRERIAS DEL PIRATA DRAKE
El 25 de abril de 1587 el Almirante inglés Francis Drake, conocido por el "pirata Drake" entra en la bahía .de Cádiz, al frente de la escuadra inglesa, pero sólo puede recorrer y saquear el primer seno de la misma, después de bombardear la ciudad, poniendo fuego y hundiendo algunos barcos, y llevándose prisioneros los de más porte, sin lograr un desembarco, notando a primera vista la importancia del Puntal, donde desde tiempos antiguos había un mal baluarte, que debió ser erigido como consecuencia de las sorpresas anteriormente mencionadas.
También fue objeto de los ataques de Drake, la Torre edificada sobre el islote de Sancti-Petri, llamado en la antigüedad "Heraclium" donde hay tradición estuvo el templo de Hércules, de gran
riqueza y fervorosa veneración por los gentiles. A mediados del siglo XV hubo allí una iglesia, en la que se sepultó a Pedro Suazo, señor del Castillo y puente de la Isla de León.

1596.-EL CONDE DE ESSEX SAQUEA LA CIUDAD
En los primeros albores de la mañana del 30 de junio de 1596, se avistó en Cádiz una poderosísima escuadra enemiga. Había salido de Plymouth el 13 y se componía de 150 naves inglesas con 10.000 soldados y 7.000 marineros, y 24 navíos holandeses con otros 5.000 hombres de desembarco, mandados los buques respectivamente por el almirante lord Carlos Howard, el mismo que había dirigido la flota inglesa contra la "Invencible" en el canal de la Mancha, y el vicealmirante Wardmond, y las tropas por el famoso lord Roberto Devreux, Conde de Essex, favorito de la Reina Isabel y por Luís de Nassau, y todos bajo el mando del almirante lord Effygham. El sobresalto de la población fue como se puede suponer. Llamáronse a toda prisa las milicias de Jerez pues apenas había en Cádiz guar nición, y don Diego de Sotomayor, General de la Armada, preparó la resistencia en el interior de la bahía y al abrigo del Puntal con 8 galeras y 3 fragatas, únicos buques disponibles de los 30 bajeles de guerra que había a la sazón en Cádiz, de los que preparaba el Rey contra Inglaterra, además de otros tantos de transporte, con 36 naves próximas a zarpar para la India.
Acudió también a la ciudad amenazada, el Duque de Medina Sidonia, Capitán General de aquella costa, quien irresoluto y perplejo no hizo más que aumentar la confusión al tratar de organizar
la resistencia. Muy débil fue la que se opuso a los ingleses; éstos después de varios combates en aguas de la bahía, contra nuestros bajeles y el fuego artillero de los distintos fuertes, una vez apagados éstos a pesar de su heroica resistencia, penetraron en la rada con escasas pérdidas, echaron a pique o incendiaron todos los barcos españoles después de saqueados, y el conde de Essex en un pequeño esquife, seguido de otros treinta que conducían hasta mil hombres armados de mosquetes, arcabuces y picas, se dirigió hacia el castillo del Puntal, cuyos fuegos habían sido apagados por los certeros disparos de las galeras enemigas, desembarcó tranquilamente sus tropas en este fuerte, se encaminó a la Plaza, rechazó una débil columna que había salido de ella, y entró en la misma tras de los fugitivos escalando fácilmente la muralla.
Rendido al día siguiente el castillo, puesto que carecía de víveres y no tenía pólvora ni aun para romper el fuego su artillería, pudieron los ingleses dedicarse al saqueo de la ciudad, que se verificó con un orden y método admirables; forzaron las puertas, profanaron e incendiaron los templos, quemaron los archivos, y recogieron la artillería, las campanas de las iglesias, y las rejas de balcones y ventanas, sin perdonar ni aun las aldabas de las puertas; tal fue su rapacidad. Y a pesar de la prevención terminante del conde de Essex, de respetar a las personas, pasaron a cuchillo a muchos de sus hijos. El 15 de julio abandonaron los aprovechados británicos la antes opulenta Cádiz, con un botín valorado en más de veinte millones de ducados. Como recuerdo de su visita, dejaron tan molestos huéspedes incendiada la catedral y 290 casas, de las 1.203 que tenía entonces la ciudad. Y en rehenes, lleváronse también, a muchos Canónigos, Regidores y Comerciantes haciéndose a la vela el 16 del mismo.
También fue atacada por los británicos al saquear el poblado de la Isla, el castillo de Sancti Petri, construido ya en estas fechas sobre el islote de "Heraclium", antes citado.
Corta es toda esta relación al hablar de la artillería de la Plaza.
Me refiero a las correspondientes al año 1564. que tanto el fuerte de tierra como el de San Felipe estaban artillados: el primero, a barbeta y el segundo, en cañonera.
Decimos anteriormente, al referir la "Sorpresa de los moros" en 1574, que por primera vez se registra en la historia de Cádiz la existencia de cañones en la defensa de su plaza fuerte. Pero en
1596 es ya clara la actuación de la artillería, como de ello se nos da información.
El sábado 29 de junio de 1596, se tenía en Cádiz la noticia de que el enemigo se había descubierto con rumbo a España desde el Algarve. El Corregidor don Antonio Girón se ocupó de visitar los
baluartes y la artillería de ellos, "todo lo cual con el descuido de largo tiempo estaba tan mal prevenido, que los carretones estaban podridos y quebrados, y si alguno aprecía estar sano, luego al primer tiro se quebraba y hacía pedazos. Además de esto, pólvora había muy poca y menos balas, y las que había, desproporcionadas a los cañones, unas grandes, otras pequeñas, todos los reparos sin ninguno, y con tanto descuido y negligencia, como si nunca pudiera suceder caso en que fuera menester la prevención necesaria, y cuando estas faltas se hubieran de reparar era menester mucho tiempo para reformar y poner en orden tanto desorden, tanta remisión y descuido".
Visto, pues, que el enemigo estaba tan cerca de tierra sobre la Caleta, hiciéronse el domingo 30 de junio de dicho año, algunos terraplenes y trincheras a su desembarcadero, al que lleváronse de la ciudad cinco piezas de artillería, dos de las cuales pusieron en la trinchera de un baluarte pequeño que allí se había hecho con el nombre de Santa Catalina; las otras dos junto a la cruz que estaba en la Caleta; y la quinta en la gruta, que llamábase, de la peña de Rota.
En el transcurso de la batalla naval que se libró con el enemigo, "nuestros galeones se fueron retirando hasta el Puntal donde comenzó en su favor a jugar la artillería del fuerte de San Miguel que está al Puntal; pero ella era tan poca, y mal acomodada, que sólo había dos o tres piezas que luego se desencabalgaron y una se quebró; y se vio claro que si en este fuerte hubiera mucha artillería y bien aderezada, se le pudiera hacer grande mal; mas él lo estaba tan desapercibido como si no los hubiera en el mundo".
En el baluarte que había al lado de la puerta del Muro, que es sola, la de Tierra, había "tres pecezuelas de artillería tan mal aderezadas y prevenidas que no fueron de provecho en la ocasión.
Sólo una se disparó contra los enemigos cuando venían ya marchando para la ciudad, e hizo tanto efecto que reparó y se detuvo en el campo, temiendo que habría muchas más piezas para la defensa de la entrada, mas como vieron que en aquella sola se resolvió toda la duda, volvió a marchar y seguir su viaje".
"Martín de Irigoyen, regidor y capitán de la nación vascongada, acudió con la gente de su cargo al baluarte de San Felipe que estaba a su cargo y custodia con cincuenta hombres de la nación.
En este baluarte, el mayor y más fuerte y de más importancia de todos los demás, aunque le hallan de falta ser muy alto, y la artillería, que desde él se juega, o no alcanza a las naos que van entrando o se pasan por alto las balas. Había en este baluarte cuatro piezas gruesas, empero tan mal prevenidas y dispuestas que no fueron de ningún provecho en la ocasión, pues en disparando las primeras balas, se hicieron las ruedas pedazos de las tres de ellas, de suerte que más no, pudieron servir, y las balas no alcanzaron a la armada enemiga, así por esto como por ser la pólvora mala y poca, diferente de la de los enemigos, con lo cual no solamente alcanzaban con las suyas a donde querían, más pasaban por encima de la ciudad hasta dar en el mar de levante que es de la otra parte. Créese también que los artilleros que eran extranjeros, hicieron mal su oficio, pues una de aquellas piezas que administró un artillero español, metió en las naos enemigas las balas que tiró".
Como puede verse aún se consideraban extranjeros dentro del país a los vascongados, lo que no dejaba de expresar la falta de unidad que se hacía indispensable en asunto tan importante como
era la defensa de la nación en la que Cádiz jugaba un importantísimo papel como cabeza de puente con América Española.
No fueron estos solos los "extranjeros", los capitanes: Lorenzo Simai, mercader flamenco de nación; Francisco Duarte Caboverde, de la nación portuguesa; Agustín Casanova, genovés, mandaron compañías que "para pueblo tan abierto y derramado, tan descuidado y desproveido, y que a tantas partes tenía que acudir y reparar era flaca y pequeña defensa para competir y detener el ímpetu y poder que tenía sobre sí" y más aún en el aspecto artillero.
No obstante, defendiose aquella noche, lunes primero de julio, el baluarte de San Felipe, hasta que viendo al día siguiente que la ciudad estaba rendida y entregada, se rindió y entregó con partido de las vidas de los que en él estaban, viendo que era imposible poderlo defender.
Los baluartes del Carbón, del Boquerón y del Postigo de la Madera, no tenían artillería.
Es importante registrar que en carta de don Gaspar de Anastro, proveedor de las Galeras, escrita al presidente, jueces y oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla, en el Puerto de Santa María, a las dos de la tarde del 3 de julio de 1596, se dice: "hoy ha llegado aquí el Capitán de la artillería de esa ciudad, que se dice Molina que me ha contentado la traza que toma en reparamos;..."
Este Capitán era el Teniente de Capitán General de la Artillería don Francisco de Molina, que en su lugar se encontrará interviniendo en las fortificaciones de Cádiz el 22 de agosto de 1566 y como fundador en 1575 de la Escuela de Artillería para la "Carrera de Indias", de aquella Casa de Contratación de Sevilla.
Esta flota de Indias había perdido en la refriega 4 galeones de 50 piezas de cañón cada uno, y 3 italianos cargados de artillería y municiones. "Y el Rey solamente perdió más de mil y doscientos
cañones en plaza y navíos, fuera de las municiones y armas que se llevaron los ingleses para armar más de seis mil hombres".
Entre los prisioneros llevados a Inglaterra por el Conde de Essex, figuraron el Corregidor, don Antonio Girón de Zúñiga y el Veedor de la Artillería de Cádiz, don Martín de Uzquiano, que volveremos a citar en su lugar, los cuales, con otros más, permanecieron allí en rehenes, hasta el mes de julio de 1603 que regresaron rescatados a España. Don Antonio Girón murió de melancolía, según refieren autores coetáneos, viéndose pobre y sin remedio.
Tan maltrecha quedó Cádiz con esta funesta visita de los ingleses, que de ella hay testimonio en una carta que el Marqués de Santa Cruz, escribió al Rey Felipe II, desde Rota el 2 de julio de
1596.
Felipe II escribió al Duque de Medina Sidonia, desde Toledo y con fecha 31 de julio de este año:
"…y así en la fortificación como en lo demás mandaré mirar lo que convenga, y que se dé al mayordomo de la artillería de Málaga suplemento de los 20 quintales de pólvora que dió por vuestra orden para meter en Cádiz.-Yo el Rey.-Por mandado del rey N. Sr.-Andrés de Prada".
La plaza estuvo después a punto de ser abandonada; Felipe II designó los puntos sobre los que debía recaer los informes acerca de si debía decidirse a fortificarla o a abandonarla. y si no se abandonó, fue porque el 21 de diciembre del mismo año, el Corregidor don Antonio de Ossorio, escribió al Rey, desde Cádiz, contradiciendo la idea de abandonarla y manifestando las ventajas de fortificar la costa de la Punta de San Felipe, etc.
De todas formas este saqueo y ruina, obligó a la Corona de Castilla a gastar, grandes sumas de dinero en el reparo de sus exigentes murallas y fortificaciones del frente de tierra, para salvarlas
de semejantes peligros.

1625.-LA ESCUADRA ANGLO-HOLANDESA ES DERROTADA EN NUEVO ATAQUE A CADIZ
Resentido Carlos 1 de Inglaterra por el desaire que sufrió al serle negada la mano de la infanta Doña María, hermana de Feli. pe IV, apenas subió al trono mandó contra la Península una escuadra de 90 velas que, al mando de lor Wimbledon, se presentó delante de Lisboa. No atreviéndose a atacar dicha plaza, continuó su rumbo a Cádiz, con orden de quemar la escuadra surta en la bahía de Cádiz, de tomar esta ciudad de grado o por la fuerza y saqueada. En esta armada anglo-holandesa, figuraban los generales sir Eduardo Cecil y Guillermo de Nassau.
El día primero de noviembre del año del Señor, de 1625, un centinela que estaba en el torreón del castillo de San Sebastián anunció una armada inglesa.
Al anochecer del día de su llegada, el enemigo echó a tierra 10.000 hombres y comenzó a combatir el castillo del Puntal, cuya defensa estaba a cargo del Capitán don Francisco Bustamante, con 8 piezas de artillería y menos de cien hombres. Al amanecer del siguiente día, ya el castillo estaba muy maltratado: dos piezas habían sido desmontadas, pues las de las galeras enemigas habían respondido a nuestros fuegos con mayor daño y con mejor fortuna.
Viendo los contrarios tanta resistencia en poder tan pequeño, acudieron más galeras a combatir el fuerte y bien pronto no quedó en la fortaleza almena que no fuese derribada.
Más de 4.000 balas dispararon los ingleses contra el castillo. Desmontadas al fin todas las piezas, y con sólo treinta hombres, afligidos y desalentados al hambre, a la fatiga y a las heridas, el
Capitán Don Francisco Bustamante, se rindió a partido honroso sacando sus armas, y su bandera por medio de los ingleses que ya habían desembarcado desde que el castillo apenas podía ofendedos.
Los resultados en esta jDrnada fueron fatales a pesar de todo para los ingleses, quienes perdieron lo más florido de la gente de guerra, pues Don Francisco Girón, al frente de algunas fuerzas que acudieron apresuradamente de diversos puntos, consiguió rechazados, auxiliados por las que llevó el Duque de Medina Sidonia, Capitán General de Andalucía, y los ingleses desistieron de su empresa, viéndose obligados a huir, a causa de la heroica defensa tanto de la plaza de Cádiz, como de la Armada que estaba sobre las aguas de su bahía, que estaba mandada por Don Pedro Alvarez de Toledo y Osorio, I Duque de Fernandina y V Marqués de Villafranca del Bierzo, Almirante de las galeras españolas, reembarcándose precipitadamente con pérdida de algunos cientos de hombres y de 30 naves, haciendo rumbo a Plymoyth .
De estos hechos y sucesos se manifiesta y lo confirma el testimonio del Sr. Rey Felipe IV dado en 1.° de diciembre de 1660, en que dijo; "era Cádiz la Plaza de más importancia de esta Monarquía, y en que los enemigos tienen puesta la mira para invadida".

1686.-,-OBSERVACION DE UNA ESCUADRA FRANCESA
Algunos historiadores hacen referencia a un ataque de la escuadra francesa a Cádiz, en mayo de 1686, que no tuvo lugar ni en fuerza ni en fondo, pues esta escuadra se limitó a mantenerse dos
meses frente a Cádiz, sobre la que realizó algunas operaciones de reconocimiento y de tanteo, rechadas, por la guarnición artillera de la plaza, que prestaba sus servicios en sus fortalezas.

1702.-OTRO ATAQUE A CADIZ
El 24 de agosto de este año, dio fondo fuera de la bahía, la escuadra de los coaligados anglo-holandeses mandados por los generales Duque de Harmond y Jorge Hesse, Príncipe de Armstad; partidarios del Archiduque Carlos de Austria. El primero que saltó a tierra fue el Príncipe de Armstad.
Mandaba las costas de Andalucía como Capitán General don Francisco del Castillo, marqués de Villadarias, todas sus tropas eran 150 hombres veteranos y 30 caballos, mandadas por don Félix Vallaró, y la guarnición de Cádiz no llegaba a 300 hombres, siendo su gobernador don Escipión Brancacio, Duque de Brancacio, y su Jefe de Artillería, don Jerónimo Hernández, Teniente General de la Artillería.
Tanto la plaza, como el castillo de Santa Catalina de El Puerto, hallábanse faltos de pólvora y municiones, el castillo de Matagorda había estado cerca de un siglo, más de respeto que de
otra cosa.
Los ingleses desembarcaron en la costa de Poniente de la Bahía, en las ensenadas de los Cañuelos, y en Rota, con 500 hombres; ocuparon las baterías de la Puntilla y de la Bermeja, y rendida Rota por su gobernador, desembarcaron un regimiento en el Puerto de Santa María.
Para tomar a Cádiz se acercaron los enemigos de Rota a Matagorda, a la que acometieron en vano 600 hombres; formaron trincheras cuyos aproches no pudieron continuar por el fuego del Castillo, y el de Puntales, a lo que contribuyeron en mucho y eficazmente, el socorro enviado a Cádiz por Sevilla y la nobleza de Andalucía, así como el fuego de las galeras de España y Francia mandadas por el Conde de Fernán Núñez que se hallaban dentro del puerto y batían directamente las trincheras fáciles de arruinar ya que estaban fundadas en arena. Bajaron 2.000 ingleses para defenderlas, pero éstos no se atrevieron a penetrar al interior manteniéndose a la orilla del mar porque Villadarias les hacía creer tener mucha gente levantando polvaredas de día y haciendo varios fuegos distantes por la noche con lo que fingía campamentos; éstos y los continuos ataques que daban sus tropas a las trincheras de noche, les hizo desistir de la empresa y se retiraron con precipitación hacia Rota seguidos de las milicias del país que les hicieron no pocos estragos, con lo que tumultuariamente volvieron las espaldas y arrojando las armas sólo buscaron las lanchas que los llevasen a los navíos; pero no siendo éstas en suficiente número se ahogaron muchos con la precipitación, y 600 ingleses quedaron muertos sin los que se ahogaron; se recobró Rota y los enemigos abandonaron el Puerto de Santa María después de saquearla.
Por último intentaron forzar el puerto pero éste estaba cerrado con una cadena de fuertes maderos y echados a pique de fuera de ella, 8 grandes navíos llenos de piedras; dos navíos que impetuosamente se dejaron ir contra la cadena con viento en popa, quedaron desarbolados porque no habiendo podido romperla sufrieron el fuego de las baterías exteriores y de la plaza, y de este modo abandonaron su proyecto haciéndose a la mar el 31 del mismo agosto.

1704.-NUEVO ATAQUE A LA PLAZA DE CADIZ
El 6 de septiembre de 1704,fue atacado por los ingleses al mando del vicealmirante sir Jorge Bings, el castillo de Santa Catalina, y fueron enégicamente rechazados por la guarnición con la que cooperó la artillería, con el fuego de sus cañones. Durante este ataque, los anglófilos de tierra firme intentaron en vano ocupar el castillo de San Sebastián.

1796, 1797, 1798, 1800.-ESCUADRAS BRITANICAS DE JOHN JERVIS y NELSON FRENTE A CADIZ
El 2 de agosto de 1796 el almirante británico sir John Jervis, bombardeó la plaza. Fue desde el castillo de San Sebastián desde donde se dispararon las piezas que hicieron enmudecer las fragatas y cañoneras inglesas.
Una poderosa escuadra inglesa, a las órdenes del almirante John Jervis con Nelson de segundo, dio vista a Cádiz, en 1797, y bombardeó a esta ciudad en los días 3 y 5 de julio causando poco daño en edificios y personas y recibiendo bastante sus navíos de los proyectiles que les disparaban las baterías, puestas en la muralla que cae a la banda del mar del Sur. Después de algunas refriegas se retiró la Armada inglesa.
En esta defensa de Cádiz, se hace gala de competencia técnica, con fortuna. A los fuegos de la artillería de la plaza que fueron dirigidos, por el Brigadier, Coronel, don Antonio Rodríguez de Valcárcel, Marqués de Medina, contribuyó con sus acertadas disposiciones, el Teniente General de la Armada, don José de Mazarredo; éste había apostado convenientemente y organizado para el combate, la escuadra de su mando, compuesta de 25 navíos de línea, 11 fragatas y 3 bergantines, con unas 136 embarcaciones de fuerza sutil.
Atacada y bombardeada la plaza, intentó Nelson forzar el puerto para destruir los buques españoles; mas las lanchas cañoneras que operaron bajo las órdenes del Teniente General don Federico Gravina y del Jefe de Escuadra don Juan M. Villavicencio contribuyeron con sus ligeras y hábiles maniobras y la bizarra decisión de su gente a rechazar al enemigo los dichos días 3 y 5 de julio, en que dio los principales ataques, distinguiéndose, con aquéllas, el Brigadier don Antonio de Escaño y el Capitán de Navío don Cayetano Valdés.
Para hacer más eficaz el bombardeo, los ingleses habían construido en Gibraltar una barcaza de extraordinarias dimensiones, con varios morteros en el centro, y en las bandas o costados, cañones de grueso calibre, pesada mole que bautizaron jocosamente los gaditanos con el nombre de "el bombo", y cuyas malas condiciones marineras la hacían inmanejable; así que aun cuando rompió el fuego, causó poco estrago en la ciudad.
Nelson, en vista del mal éxito de sus ataques, desistió de la empresa, volviéndose a Gibraltar para llevar a cabo su expedición contra Santa Cruz de Tenerife. .

AMENAZA DE 1798
El11 de marzo de 1798, se vio Cádiz amenazada de nuevo por una escuadra enemiga, que se limitó a hacer acto de presencia sin otras consecuencias.

1800.-PRELUDIOS DE TRAFALGAR
En 1800 azota la ciudad de Cádiz una horrorosa epidemia. En esta confusión una poderosa escuadra inglesa, con tropas de desembarco, a las órdenes del Almirante Nelson, se acercó a esta isla, pero después de un parlamento con el Capitán General de Andalucía y Gobernador de Cádiz, don Tomás de Moda, en el que este General le puso de manifiesto "cuan poco decoroso y honroso le sería atacada encontrándose en semejante estado", Nelson, ordenó poner proa a Gibraltar, Cabo Espartel y San Vicente, dejando sin efecto su determinación de acometer a Cádiz, contentándose sólo con asediar su bahía después de una demostración "en fuerza" y de realizar una "preparación artillera" a cargo del Almirante Guillermo E1phinstone Keiths, su segundo jefe, al que acompañaba el General Albercombry.

miércoles, septiembre 27, 2006

PRIVILEGIOS DEL CUERPO DE INFANTERÍA DE MARINA ESPAÑOLA

a Infantería de Marina es un cuerpo de la Casa Real, lo cual no quiere decir que haya cumplido históricamente las funciones asignadas a éstos de manera preferente y exclusiva, sino que ha gozado de una asimilación honorífica en concurrencia con otras unidades menos caracterizadas.
Conviene hacer esta puntualización que, lejos de disminuir su mérito, lo acrecienta, porque como señalaba acertadísimamente Almirante al referirse a los precedentes de las guardias reales posteriores, las Guardias de Corps, "cuyos hechos de guerra no son sabidos, pero cuyos fueros, preeminencias, privilegios y ceremonias llenan volúmenes..," lo importante es haberse hecho acreedores por méritos propios a aquellos honores.
Aunque hemos señalado que su misión ha sido siempre eminentemente operativa, el hecho de ser también tropa de casa real ha traído consigo el desempeño ocasional y en menor escala de cometidos propios de las Reales Guardias, como son el de custodia de personas reales dispuesto en 1816 y el de cubrir calle por parte de los granaderos de Marina que desde el año anterior forman parte integrante de la propia Guardia Real .
La presencia de la Compañía "Mar Océano" en la actual Guardia Real obedece a un nuevo criterio por el que ésta consta de una representación de los tres ejércitos, aunque muy bien pudo haberse basado también en el privilegio de la Infantería de Marina.
En 1907 se tuvo que recordar que el Cuerpo, por estar declarado tropa de casa real, tenía supremacía para montar la guardia del rey y de la demás familia, porque éste, como todos los demás privilegios, le era también cuestionado; por ello y también porque siempre hay quien no quiere enterarse, conviene hacer algo de historia.
La consideración de cuerpo de la Casa Real no tuvo lugar con anterioridad a 1763, año en el que se concede el título de título de "Real", "como premio a lo bien que se portaron sus individuos en la defensa del castillo del Morro y plaza de La Habana en el año anterior y junto a los artilleros de las Brigadas.
Hubiera cabido la posibilidad de interpretar que el título no hubiese tenido también las consecuencias antes señaladas, pero no fue así.
La condición honorífica de tropa de la Casa Real se vio confirmada en 1806 con motivo de una riña ocurrida extramuros de Madrid entre soldados de las Reales Guardias Españolas y de los Batallones de Marina.
Ambos cuerpos quisieron juzgar la causa, alegando el primero su "acción atractiva", es decir el privilegio del conocimiento de todas las causas en que se viera involucrado sin consideración a cualquier otra circunstancia. Este alegato, reconocido por los Batallones, no fue óbice para que éstos aduciesen igual privilegio; lo que les fue otorgado en términos no del todo claros justificándose la decisión de designar como competente a la Dirección General de la Armada en el hecho de estar los Batallones respecto a las Guardias "en todo nivelado con ellos, tanto en el modo y forma de enjuiciar las causas y formar las sumarias, cuanto en el goce de los privilegios y consideraciones que en todos casos y circunstancias tengan sus individuos como tropa de Casa Real" . Ésto,que era sin duda una confirmación del privilegio del "fuero atractivo" que ponía al Cuerpo al mismo nivel jurisdiccional que las tropas de la Real Casa, podía sin embargo no ser interpretado, dada su rebuscada redacción, como un reconocimiento de que la Infantería de Marina gozaba de la misma condición. Por ello, una nota aclaratoria en el propio expediente indica: "Su Majestad declara que su Real intención al erigir el Juzgado de la Dirección general en esta corte, ha sido que siendo igual en todo á los Juzgados de guardias de Corps, españolas y walonas, tenga la misma acción atractiva que gozan aquellos Cuerpos, porque todos son de Casa Real". Alcalá Galiana, tan contrario en todo lo que sea favorable a la Infantería de Marina, interpreta la aclaración como una osadía de escribiente de ministerio que tuvo fortuna, lo cual resulta tendencioso e inadmisible, además de absurdo, ya que ¿cómo hubiese podido prosperar semejante aspiración en el enrarecido panorama de unos cuerpos celosos de otros si no fuese absolutamente legal su condición, como parece desprenderse de todas formas de la redacción de la Real Orden? y si no fuese considerada la de Marina tropa real ¿en virtud de qué podría tener derecho de atracción? Si bien el Cuerpo se vendrá conociendo como de Batallones, sin más, durante algún tiempo, pronto se denominará "Brigada Real de Marina" y "Real Cuerpo de Artillería e Infantería de Marina" cuando ambos, Brigadas y Batallones, estén unidos,.y cuando se separen, seguirá con el nombre de "Real Cuerpo de Infantería de Marina" y no precisamente por haberlo heredado de los artilleros.
Alfonso XII sancionaba en 1908 el siguiente decreto: "El Cuerpo de Infantería de Marina, por estar declarado tropa de mi real casa, tendrá preferencia sobre los otros Cuerpos que no gocen de este privilegio para montar la guardia de calle a Mi Real Persona, así como también a todas las demás de Mi Real Familia, especialmente en las capitales de los departamentos o apostaderos marítimos, por radicar en ellos los principales núcleos del aludido Cuerpo" .
De lo anteriormente señalado se desprende un privilegio de tipo jurídico que es el indicado "fuero de
atracción” por el que el Cuerpo tenía derecho a juzgar no sólo a sus reos, sino también a los de los otros cuerpos, no siendo éstos de la Casa Real, y respecto de los cuales pudiesen declararse sus tribunales correspondientes competentes, siempre y cuando hubiesen sido aprehendidos por oficiales o tropa de Batallones o hubiese alguna relación con éstos. Enjuiciaba por lo tanto el Cuerpo las sumarias, inhibiéndose los demás tribunales, tanto civiles (en atención al "fuero militar"), como militares (en atención al "fuero de atracción").
El pertenecer a tropa de casa real traía consigo además el de formar cuerpo con sólo un destacamento constituido por un cabo y cuatro soldados, mientras que los requisitos normales eran que concurriesen en un mismo lugar un mínimo de dos compañías completas con bandera propia. Esta concesión, general para todas las unidades de igual parangón, no se dio sino a finales de siglo (1799) y no tenía otro objeto que el de conceder a los destacamentos y comisiones de leva una mayor representatividad.
La preferencia en formaciones y revistas tenía mayor trascendencia, pasando la Infantería de Marina inmediatamente después que las Reales Guardias (española y valona), de los Alabarderos y de los Carabineros Reales.
Desaparecidas algunas de estas unidades, ocuparía el puesto inmediato a los Alabarderos en 1858. En las plazas marítimas, guarnecidas por tropas de infantería de ambos ejércitos, para el rompimiento de la retreta, es decir, de la formación para retirarse, los Batallones tenían derecho preferente al no tener que coincidir en el servicio con otras de las unidades citadas más preferentes.
Para los individuos de este cuerpo se facilitaba el pase a otro de la Casa Real dándoseles preferencia. Vigente en el siglo XVIII, se volvió a actualizar esta prerrogativa en 1857.
Otras peculiaridades que se han venido atribuyendo tradicionalmente a la citada condición no tienen un origen tan claro. Tal es el caso de las sardinetas, comunes a todos los granaderos y cuya misión original era la de proporcionar una superficie dura y rugosa en la que poder rascar el fósforo con el que prender la granada en el caso de fallar el chisquero o en ausencia de él. Almirante sin embargo las identifica como distintivo especial definiéndolas como "variedad de alamar ó alamares en la bocamanga que distinguía las compañías de preferencia en la infantería" .
A cualquiera de ambas posibilidades o a las dos puede deberse su origen, pero de lo que no cabe duda es que acabarían convirtiéndose en una peculiaridad más del Cuerpo, porque aunque para granaderos sólo se escogían de cada compañía seis soldados y sólo formaban unidad ocasionalmente, las "Instrucciones" de Patiño habían establecido desde la fundación del Cuerpo que "Todos los soldados de estos batallones deben ser instruidos en el servicio de granaderos" . Pasaron pues a ser casi un emblema, que perduraría tanto cuando ya no existiesen granaderos, como cuando el hecho de haber sido considerada tropa de casa real no tuviese ninguna relevancia en las etapas republicanas de nuestra historia.
El uso de los colores azul y encarnado del uniforme, considerado por algunos como prueba del privilegio real citado, tampoco nos parece fehaciente. Tal vez se podría afirmar respecto del de los oficiales a los que, como pertenecientes al Cuerpo General en sus orígenes pudiera corresponder, pero no a la tropa que no adquiere la honrosa condición hasta 1763, habiendo lucido con anterioridad esos colores.
Aunque el galón de oro de la casaca era harto significativo, así como el que tambores y cornetas usasen la greca morada y blanca, de la Casa Real, en sus vueltas y botas, no lo fue tanto el galón correspondiente a sargentos y cabos para usar en el sombrero, concedido más bien particularmente a éstos por méritos propios y no por pertenecer a un determinado cuerpo. En este mismo grupo cabe encasillar el que los sargentos no armasen el cuchillo-bayoneta cuando lo hacía el resto de la tropa, en señal de distinción y de mérito.
La preferencia en el acto de pagamento era uno de los honores que más repercusión material tenían en unas épocas en las que la puntualidad en las pagas constituía una sorprendente excepción.
A pesar de todo lo indicado, el mayor de los privilegios, del que carecieron generalmente las omnímodas Guardias de Corps por no haberse hallado en las ocasiones, fue el de ocupar en campaña el puesto de mayor peligro: el de extrema vanguardia en los avances o el de extrema retaguardia en las retiradas, del que dimanó el de formar a la cabeza de las columnas de desembarco, cubrirlas con sus guerrillas y estar en la primera línea de choque que se dictaminó para Marina porque en una época (1886) en la que se ponían en duda, tanto su Utilidad como sus privilegios, en eso todo el mundo estuvo conforme.
Así se reconoció desde la Guerra de la Independencia por Castaños, Cuesta, Blake y Wellington, y por ello el 6° Regimiento de Marina entró el primero en Tolosa del Languedoc en 1814.
Bibliografía: La Infantería de Marina Española - Historia y Fuente.- Hugo O´Donell y Duque de Estrada.

EL IMPULSO DE LA CARTOGRAFIA

onaparte planificaba meticulosamente las operaciones militares y, para ello, necesitaba disponer de una cartografía lo más detallada posible. Originalmente, disponía de buenos mapas de España, Portugal, Francia, los Paises Bajos, Prusia, Sajonia, Austria y Rusia, pero su escala era demasiado grande.
Con el fin de disponer de una cartografía más detallada, Bonaparte ordenó a sus ingenieros ejecutar importantes trabajos y procuró obtener todos los mapas producidos en el extranjero. Gracias a sus directrices, Bacler d´Alba dibujó el primer mapa del conjunto de la península itálica, en el que unificó las numerosas cartas locales existentes. En vísperas de la campaña de Rusia, se imprimió el primer mapa completo del territorio ruso en dos versiones, una a escala 1:300.000 y otra a escala 1:500.000. La primera ocupaba veinticinco hojas y la segunda tres. La Grande Armée recibió quinientas copias, algo impensable en los restantes ejércityos de la época.

EL EJERCITO ESPAÑOL EN 1808

as tropas de la monarquía española estaban formadas por tres organizaciones diferentes.
La primera y más importante era el Ejército, que incluía las tropas de la Casa real y las Armas de Infantería, Caballería, Artillería e Ingenieros. Sus efectivos procedían del voluntariado, de la leva y de las quintas.
Laleva era el reclutamiento obligatorio de aquellos individuos sin profesión ni domicilio conocidos, y estaba estructurada en milicias provinciales; es decir, un ejército de reserva que podía ser movilizado en caso de guerra y que comprendía 42 regimientos, dotados de un reglamento propio desde 1767. La quinta era el reclutamiento mediante sorteo de súbditos honrados, que podían quedar exentos en función de su profesión o por motivos familiares; estas milicias urbanas habían sido disueltas por el reglamento citado, pero volvieron a crearse en ciertas ciudades durante 1794 a consecuencia de la guerra contra Francia, en el marco de la Primera Coalición.

martes, septiembre 26, 2006

ORDEN DEL 23 DE ABRIL DE 1796

oldados en quince días habéis conseguido seis victorias, tomando 21 banderas, 55 piezas de artillería, varias plazas fuertes, conquistado la parte más rica del Piamonte; habéis hecho 15.000 prisioneros, matado o herido más de 10.000 hombres...Desprovistos de todo, habéis suplido todo. Habéis ganado batallas sin cañones, atravesado ríos sin puentes, habéis vivaqueado sin aguardiente y frecuentemente sin pan. Las falanges republicanas, los soldados de la libertad, eran los únicos capaces de sufrir lo que vosotros habéis sufrido."

Napoleón Bonaparte

BALAS DUMDUM

as tropas británicas del noroeste de la India comprobaron quelos modernos fusiles der epetición resultaban inadecuados contra fanáticos enemigos. El calibre de las nuevas balas resultaba insuficiente para detener a cientos de enemigos lanzados al ataque, y se pensó en un proyectil que produjera un mayor choque contra el cuerpo. En el arsenal de Dumdum, en Calcuta,se contruyó una nueva bala explosiva con la punta rebajada en formna de cruz, quenetró oficialmente en servicio en octubre de 1899, con la advertencia que debía cargarse una a una en el fusil. No obstante, aquel mismo año fueron prohibidas en la Convención Internacional de la Haya.

LOS LEGIONARIOS DE CAMARÓN.CAMPAÑA MEXICANA

nos 2.000 légionnaires habían llegado a Veracruz al mando del coronel Jeanningros, jefe del 1er Régiment Étranger.
A finales de abril de 1863, se les encargó custodiar los convoyes que se dirigían a Puebla y el día 29, el coronel ordenó que una compañía marchara en vanguardia de una expedición. La misión correspondió a la 3ª Compañía, formada por polacos, alemanes, belgas, italianos, españoles y una mayoría de franceses. La unidad carecía de capitán, y todos sus oficiales estaban enfermos, por lo que tomó el mando el capitán Danjou, ayudante del primer batallón, y los subtenientes Maudet -el abanderado- y Vilain –el pagador-, quienes partieron con 62 hombres a la una de la madrugada del 30 de abril.
Habían recorrido dos tercios del camino cuando el coronel mexicano Millán se dispuso a atacarlos con 800 jinetes del ejército, 300 irregulares y tres batallones de infantería; en total, unos 2.000 hombres. Al amanecer, la caballería cargó contra los légionnaires, que los rechazaron a costa de perder todos sus víveres y municiones de repuesto, ya que los mulos que los transportaban se espantaron.
La vegetación permitía a los franceses proseguir su camino a cubierto. Pero el capitán Danjou -un veterano curtido en la guerra y el servicio, que había perdido su mano izquierda, debiéndola sustituir por otra articulada de madera comprendió que aquella fuerza mexicana les impediría llegar a Puebla y decidió entretenerla en combate contra su unidad. En lugar de esconderla, hizo que la compañía ocupara una hacienda llamada Camarón, que luego los franceses denominarían Camerone.
Parapetados en la casa y las paredes del patio, esperaron el ataque enemigo. Cuando el coronel Millán les pidió que se rindieran, respondieron a tiros.
Contaban con sus buenos fusiles de infantería modelo 1857 y sus largas bayonetas, mientras que la caballería mexicana, con sables, lanzas y carabinas Spencer sin bayoneta, estaba mal dotada para combatir a pie. El capitán Danjou fue el alma de la resistencia, hizo jurar a sus hombres que combatirían hasta el final y, a media mañana, murió de un balazo.
Los tres batallones mexicanos de infantería asaltaron la casa y la incendiaron, pero tuvieron que retirarse ante el fuego abierto por los legionarios, que resistían entre el humo, sin beber ni comer desde la madrugada. Ya eran mayoría los muertos y heridos cuando el subteniente Maudet, un cabo y tres legionarios hicieron una descarga y se lanzaron a la bayoneta; murieron antes de llegar a los mexicanos. Ya sólo combatían un cabo y dos legionarios cuando el coronel Combas ordenó detener el ataque y tomarlos prisioneros. Habían resistido durante diez horas.
Al día siguiente llegó a Camarón una columna con el coronel Jeanningros. Entre los cadáveres rescataron al único superviviente, el tambor Laï,herido de siete lanzadas y dos balazos.
El coronel reconoció el cuerpo de Danjou, cuya mano ortopédica recogió como reliquia. De los 65 hombres, dos oficiales y 22 legionarios murieron en combate, un oficial y dos legionarios heridos murieron poco después de terminar la lucha, y otros 19 heridos lo hicieron durante su cautiverio; el resto, casi todos heridos, cayeron prisioneros, y sólo Laï fue rescatado.
Camarón se convirtió en la gesta simbólica de la Légion Étrangere; sus tropas presentaban armas cada vez que pasaban ante el lugar. Años más tarde, se colocó una placa con los nombres de Danjou, Villainy Maudet en el patio de honor de la Légion y, actualmente, todas sus banderas y estandartes tienen bordada la leyenda«Camerone 1863». En la ceremonia anual del 30 de abril, el cofre que guarda la mano del capitán es colocado a la derecha de la bandera del 1er Régiment Étranger, sostenida por un general y un légionnaire veterano.

LA FORJA DE UN ALMIRANTE EN DIEZ AÑOS

elson tiene su primera acción de escuadra en 1795, francamente más tarde que sus compañeros. Mandaba el navío Agamenon, a las órdenes del vicealmirante William Hotham, en el Combate de Hyeres y queda sumamente insatisfecho porque aquél se contentó con hacer dos presas y no a por todas. En adelante es su obsesión.
En el Combate de cabo San Vicente monta el Captain y destaca saltando con el trozo de abordaje, espada en mano, a dos buques españoles, el San José y al San Nicolás, que se rinden. Esta acción, junto con su intervención en Copenhague (1801) a las órdenes de Parker tiene lugar tras dos sublimes desobediencias Calder, también capitán de navío en San Vicente, «hurgando» en la falta de Nelson de acuerdo con las instrucciones generales de escuadra, mereció esta respuesta de Jervis: «Ciertamente fue así, y siempre que usted cometa tal clase de quebranto a sus órdenes, le perdonaré también» . Al parecer no hay constancia de reprobación oficial o privada por parte de Parker.
Seis días después de cabo San Vicente asciende a contralmirante -en su turno por antigüedad-, tras 18 años en el empleo de capitán de navío; tenía 39 años. Por 'este tiempo tiene lugar un bloqueo a Cádiz, en una de cuyas acciones, entre botes armados ingleses y nuestras fuerzas sutiles, salva la vida por la interposición heroica.del patrón de la lancha.
Su primer mando como jefe de escuadra es un pequeño grupo de combate. Como fuerza de desembarco llevaba la reembarcada por el irresistible avance de las fuerzas de Napoleón. Además de llenar la inactividad impuesta con una operación de desembarco limitada en Tenerife, esperaban apresar un convoy de ultramar. El fracaso es tan conocido como el arrojo de Nelson desembarcando con las fuerzas de asalto.
En 1798 se le confía el mando de la escuadra del Mediterráneo, y después del gran desconcierto que le supone la coladera de una flota de invasión de más de 150 velas, tras una búsqueda incierta, la encuentra fondeada en Aboukir. Propio de su tenacidad, ya cerca del ocaso, se atreve a atacar. La varada de su amigo Troubridge, buque más avanzado, no le amedrenta.
Hay una tercera desobediencia --doble- menos conocida. Siendo segundo del vicealmirante Keith, comandante en jefe del Mediterráneo, se niega en dos ocasiones a reforzar Menorca, a la que aquél estimaba en peligro, dando preferencia a las operaciones en apoyo de los reyes de Nápoles.
No contento, escribe al primer Lord dándole sus razones, y de paso –muy deslealmente- reprochando a su jefe el que se le hubiera escapado la combinada en su paso del Estrecho al Atlántico (1801). A la tercera reiteración de Keith, envía a su segundo Duckworth con cuatro navíos sin fuerzas de tierra, que dejó en Nápoles. En otra carta privada al primer Lord, que ha desaprobado su conducta, escribe con toda arrogancia «que no cree que exista ningún oficial de mar que conozca los asuntos de mar y tierra del Mediterráneo mejor que él mismo» . Sin lugar a dudas, fue muy benévolo con Nelson por tratarse del héroe de Aboukir.
En esta etapa desarrolla una intensa actividad de diplomacia armada con una libertad de acción sorprendente. Su única directiva, o mejor en ausencia de aquélla, actuaba a propia iniciativa con una simple intención superior: Inglaterra, Inglaterra e Inglaterra. Tras la rendición de Nápoles, no acepta el armisticio acordado con los rebeldes y ejecuta al comandante en jefe de la Marina republicana, Caraccioio, y 100 más. A decir de tratadistas, en nuestros días difícilmente hubiera escapado de la consideración de crimen de guerra (y para el capitán de navío Foote, que firmó el armisticio).
Como almirante del Canal está a disgusto. Lo encuentra poca cosa para él y tiene que ensayar un zarpazo, que se salda con el fracaso contra las fuerzas sutiles de defensa de Boulogne. Esta acción es la mencionada anteriormente elogiando a Miralles.
En la primavera de 1803 es el comandante en jefe del Mediterráneo. Transcurren dos largos años de vigilancia de la escuadra de Napoleón en Tolón que no de bloqueo, para dar todas las oportunidades al enemigo. En 1804, desanimado, está a punto de pedir su traslado al Almirantazgo.
A primeros de 1805, Villeneuve sale de Tolón y las fragatas inglesas no aciertan a seguirlo. Tras una búsqueda infructuosa por todo el Mediterráneo tiene noticia de que se ha reunido con navíos españoles y navegan a las Indias.
Aún siendo el almirante del Mediterráneo no espera órdenes y sale a la caza, temiendo que las intenciones de Napoleón fueran la toma de Jamaica. Cruza el Atlántico en ambos sentidos en setenta días. Cuando desembarca en Gibraltar, pone pie en tierra por primera vez en dos años. En agosto arría su insignia en el Vicctory surto en Spithead. Estaba muy cansado y deprimido porque ha puesto en peligro a Inglaterra. Ha quebrado la doctrina: en caso de pérdida del enemigo, repliegue al Canal. No obstante, es nombrado comandante en jefe de las fuerzas de bloqueo, iza su insignia en el Vicctory y sale para Cádiz; era el 15 de septiembre 1805.
Desde que llega al golfo de Cádiz, mantiene un dispositivo de vigilancia con fragatas y algunos navíos en primer escalón para protegerlas, mientras otros se avituallan en la bahía de Lagos y Tánger. La destreza para mantener cadenas de comunicación visual era clave para la reunión rápida en cuanto se tuviera noticia de que la combinada daba la vela.

lunes, septiembre 25, 2006

LA TÉCNICA Y LA GUERRA

a moderna tecnología se aplicó de lleno durante la Guerra de Secesión, con el uso de minas, fortificaciones de campaña, globos de observación, imprentas de campaña, transportes ferroviarios, telégrafos y el desarrollo de la llamada cirugía de guerra.
En el Norte, fue reglamentario el fusil Springfield de 14 mm, aunque algunas unidades contaban con la carabina inventada por Chistopher Spencer en 1860, de calibre 13 mm y con un cargador tubular de 7 cartuchos, alimentado por la culata. Lossudistas importaron grandes cantidades de fusiles británicos Enfieldy contaron con bastantes fusiles del sistema Minié. Los cartuchos fabricados en el Sur eran de mala calidad, y los soldados preferían los capturados a los nordistas, que también podían utilizarse en sus fusiles.
A lo largo de la guerra, Colt vendió al Norte 35.000 revólveres, 113.980 fusiles y 7.000 carabinas. El revólver Colt más usado fue el modelo 1860, que también fabricaron los sudistas. También fue muy corriente el uso del revólver Remington -parecido al Colt, aunque más robusto y también mucho más económico-, así como el inventado por el coronel Jean Le Mat, en el Ejército del Sur.
Gracias a su potencia industrial, el Norte unificó muchas de sus piezas de artillería, mientras el Sur se ceñía a sus escasas posibilidades. Ambos bandos apreciaban especialmente el cañón francés del 12, de ánima lisa y avancarga, al que denominaban Napoleón. Los nordistas contaban también con una pieza más precisa y barata: el cañón Parrott, del 10 y ánima rayada, aunque con un serio riesgo de reventar en pleno fuego.
Sin gran profusión, se utilizó la ametralladora inventada por Richard Gatling en 1862, con cañones rotatorios, la munición en una tolva sin cargador y una manivela que alimentaba la máquina y movía los tubos. Teóricamente, y en condiciones óptimas, podía hacer hasta 600 disparos por minuto.
Durante esta guerra tyvo lugar el primer combate entre acorazados; el 9 de marzo de 1862 el sudista Merrimack se enfrentó al nordista Monitor al que derrotó en la batalla de Hampton Road. El 5 de agosto de 1864 otro modelo monitor, el nordista Manhattan, hundió al acorazado Tennessee en la batalla de Mobile. Losmonitores fueron construidos por el industrial sueco-americano John Ericsson; sus cañones principales ya no estaban situados en las amuras sino en una torreta blindada sobre la cubierta, que podía hacer fuego en varias direcciones.

ELCONFLICTO CON MÉXICO

a expansión territorial no sólo chocaba con los indios sino también con México, en cuya provincia de Texas se infiltraban continuamente los ganaderos estadounidenses. Desde 1826, los mexicanos intentaban impedirlo, y las fricciones aumentaron al año siguiénte, cuando el Gobierno mexicano abolió la esclavitud, que los texanos pretendían mantener con el aliento norteamericano. En 1830,el Gobierno mexicano pretendió terminar con la interferencia extranjera prohibiendo la inmigración de norteamericanos a Texas.
Pero ello no significó el cese de la agitación sino todo lo contrario. En octubre de 1835, los texanos se sublevaron, y el 2 de marzo de 1836 se declararon independientes, apoyados por el general norteamericano Samuel Houston, que contaba con el respaldo de Washington. El general mexicano Antonio López de Santa Anna penetró entonces en Texas con 8.000 hombres y, el 6 de marzo, derrotó a los sublevados, que se habían hecho fuertes en El Álamo; pero una segunda expedición mexicana tuvo peor fortuna, pues Houston derrotó y capturó al general Santa Anna en San Jacinto, el 21 de abril. A cambio de su liberación, Santa Anna reconoció la independencia de Texas, sin que los mexicanos aceptaran el acuerdo.
El 18 de febrero de 1845, el presidente James K.Polk declaró la anexión de Texas a Estados Unidos, lo que provocó una airada protesta mexicana que sirvió de pretexto al Gobierno de Washington para declarar la guerra a México, el 13 de mayo de 1846. Según su costumbre, los norteamericanos levantaron una fuerza de milicias, que atrajo a numerosos voluntarios en los territorios cercanos al conflicto. En el valle del Mississippi y Texas se alistaron 49.000 hombres; en cambio, en los antiguos estados de la costa atlántica únicamente se apuntaron unos 13.000 voluntarios.
México estaba sumido en la anarquía, y Santa Anna regresó del exilio para encabezar la lucha.
A pesar de la resistencia mexicana, dirigida por él mismo junto con Mariano Arista y Pedro de Ampudia, los norteamericanos penetraron en las despobladas provincias del norte, apoderándose de las principales poblaciones, y otra columna avanzó por el noreste, hasta que Monterrey cayó en manos del general Zachary Taylor el 21 de septiembre de 1846. Sin embargo, la principal fuerza norteamericana marchó por la costa del Caribe, donde tropezó con fuertes resistencias, salvadas gracias a las columnas transportadas por la Armada.
El 27 de marzo de 1847, el general Winfield Scott desembarcó en Veracruz y marchó a Cerro Gordo y a Puebla, donde debió detenerse porque muchos de sus voluntarios agotaban el compromiso y era preciso esperar a que llegara su relevo. Tres meses permaneció Scott detenido por esta cuestión burocrática -que evidenció la necesidad de contar con un ejército permanente-,hasta que la victoria de Chapultepec, del 12 de septiembre, le permitió entrar en la capital dos días más tarde e imponer el tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848. Por éste se entregó a Estados Unidos la mitad de! territorio nacional mexicano (los actuales estados de Texas, California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Utah y parte de Colorado), incluidos sus habitantes.
En los aspectos puramente militares, la guerra sirvió de bautismo de fuego a varios oficiales,antiguos cadetes de West Point, como Robert E. Lee, George McClellan, Ulysses S. Grant y Jefferson Davis, el futuro presidente de los Estados Confederados durante la Guerra Civil. A pesar de la mala experiencia de los voluntarios, dos años después de terminado el conflicto el Ejército norteamericano sólo contaba con 948 oficiales y 9.815 soldados.

EL CAQUI

n 1848, las tropas británicas de la frontera de la India estrenaron un nuevo tipo de uniforme de algodón, teñido de verde-amarillo, cuyo nombre se basó en el vocablo indígena kakhi, que significa polvo. Se utilizaba únicamente en los servicios de campaña, reservándose el uniforme clásico para las grandes paradas y los actos sociales. El caqui, era cómodo, fresco y dificultaba la punteria enemiga, al confundirse con el terreno polvoriento. Su introducción rompió la tradición europea de los colores vivos. En el vestuario de todos los ejércitos el rojo y el azul se había combinado con los bordados o adornos amarillos, blancos, negros o verdes, para buscar la prestancia de los militares. Esto fue así hasta que el calor padecido en las guerras coloniales obligó a sustituir los trajes de paño por otros de algodón, e impuso los colores claros. El inconveniente que ello comportó fue el aumento de la visibilidad de las tropas, que ya eran vulnerables a distancia por el alcance creciente de los fusiles, circunstancia a la que había que añadir el ehcho de que en la guerra colonial el enemigo aprovechaba los accidentes del terreno para disparar desde distancias menores a las usuales en los campos de batalla europeos.

UN EPISODIO CRITICO


n plena Tercera Guerra Carlista, los oficiales de artillería del ejército del norte repudiaron al general Hidalgo de Quintana y solicitaron masivamente el retiro. El gobierno de Ruíz Zorrilla decidió mantener su autoridad y ordenó que un jefe de otro cuerpo se hiciera cargo de los regimientos de artilería y que los sargentos sustituyeran a los oficiales. Esta crisis fue pretexto para la abdicación de Amadeo de Saboya.

LA LEGION FRANCESA EN ESPAÑA

rancia había creado la Legión el 19 de agosto de 1831,empleándola en la ocupación de Argelia. Cuatro años después, dentro del marco de la Cuádruple Alianza, establecida en abril de 1834, la monarquía liberal francesa decidió prestar el nuevo cuerpo, que no llegaba a 5.000 hombres, al Gobierno de Madrid, que defendía el liberalismo contra los carlistas.
El 19 de agosto de 1835 desembarcó la Legión francesa en el puerto de Tarragona. Su jefe, el coronel Bernelle, contaba con 4.100 hombres, vestidos con el uniforme de Argelia y organizados según sus nacionalidades.
Una vez en España, Bernelle reordenó la tropa, mezclándola sin atender a sus orígenes, práctica que, desde entonces, sería normal en la Legión.
La fuerza entró en operaciones en Cataluña y Aragón. Al año siguiente, se trasladó a Navarra, donde se registraron los mayores combates. En mayo, a fin de atender a sus propias necesidades militares, Bernelle organizó tres escuadrones de lanceros polacos, una compañía de abuses, una de ingenieros y otra sanitaria.
Los legionarios fueron eficaces en el combate, aunque sufrieron numerosas bajas. Al no contar con nuevos reclutas, sus efectivos disminuyeron rápidamente por los muertos, heridos y enfermos. Acostumbrados a la buena organización francesa, los hombres se quejaban por no percibir sus sueldos, recibir víveres defectuosos y no poder renovar el ya harapiento vestuario traído de Argelia. Harto de discutir con los representantes españoles, el coronel Bernelle dimitió y regresó a Francia.
El coronel Conrad, segundo jefe del cuerpo, tomó el relevo y prosiguió la campaña, con sus efectivos reducidos ya a tres batallones que los españoles llamaban «los argelinos». Conrad supo hacerse oír por el Gobierno, que le entregó 80.000 duros, destinó la Legión a Cataluña y, finalmente, le ascendió a brigadier.
Los legionarios renovaron parcialmente sus uniformes y equipo, inspirándose en algunas prendas carlistas, como la boina roja con pompón, la cartuchera y las alpargatas. Entretanto, también habían adoptado un himno, el Canto de la Legión francesa en España, escrito por uno de los sargentos mayores. En marzo de 1837 reemprendieron sus combates. El más sangriento tuvo lugar en Barbastro, el 2 de junio de 1837, cuando
quedaron aisladas cuatro compañías de la Legión y un regimiento de la Guardia Real española.
Entre los atacantes figuraba una fuerza de voluntarios extranjeros alineados en el bando carlista y cuyo
choque con los legionarios resultó devastador para ambos.
La Legión francesa no había podido reponer sus bajas y estaba casi aniquilada. La acantonaron en Pamplona, sin sueldo, en pésimas condiciones y sin saber qué hacer con ella. Finalmente, en diciembre de 1838, los
500 supervivientes fueron licenciados y regresaron a Francia.

LA GUERRA EN EL RIO DE LA PLATA

os argentinos insistieron en sus expediciones al Alto Perú y los españoles los derrotaron en Huaqui, el 20 de junio de 1811, penetrando en su territorio. El general Manuel Belgrano les salió al paso, venció en Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, prosiguió hacia el interior y venció de nuevo en Salta, el 20 de febrero de 1813.
La reacción española no se hizo esperar, y el virrey Joaquín de la Pezuela derrotó a Belgrano en Vilcapugio, el 1 de octubre, y en Ayouma, el 13 de noviembre.
En 1815, una nueva expedición argentina mandada por José Rondeau fue derrotada en Sipe-Sipe.
En 1811 se había instalado en Montevideo el nuevo gobernador, Francisco Javier de Elío, que dirigió la guerra contra la junta de Buenos Aires. Sin embargo, el 28 de febrero de aquel año, el uruguayo José Gervasio Artigas, quien anteriormente había ayudado a reclutar el cuerpo de blandengues, acaudilló un movimiento campesino, independiente de la junta de Buenos Aires, venció a los españoles en Las Piedras el 18 de mayo y sitió Montevideo. Un armisticio firmado entre el virrey y la junta de Buenos Aires puso fin a su campaña, obligándole a retirarse. Aquel mismo año, también fracasó una expedición de Belgrano a Paraguay.
Los españoles lo derrotaron en Paraguarí y Tacuarí. En 1813, el virrey Abascal envió contra Chile una expedición a las órdenes de Osorio quien, tras larga lucha, derrotó a Bernardo O'Higgins en Rancagua, en octubre de 1814.

LA CONTIENDA EN VENEZUELA

spaña luchaba entonces contra Napoleón y apenas podía reaccionar en las colonias. Hasta marzo de 1812 no desembarcó en Venezuela el general Domingo de Monteverde, que encontró
a los republicanos enzarzados en luchas intestinas y desmoralizados por los efectos de un terrible terremoto.
Francisco de Miranda, no pudo formar un ejército disciplinado. Las tropas venezolanas fueron incapaces de resistir el impulso de Monteverde, que las derrotó varias veces.
Miranda capituló el 25 de julio de 1812, sin el acuerdo del resto del Ejército, a cambio de que
se respetaran las vidas, la libertad y los bienes de los venezolanos. Monteverde no cumplió el acuerdo y desencadenó una violenta persecución. Miranda fue acusado de traición por sus propios compañeros, quienes, en 1813, le entregaron a los españoles; fue encarcelado y, al cabo de cierto tiempo, quedó recluido en el arsenal de La Carraca, en San Fernando (Cádiz), donde murió cuatro años después.

LAS TROPAS SUIZAS AL SERVICIO DE ESPAÑA

egún un informe fechado a 31 de diciembre de 1814, en Palma de Mallorca, acerca de las actividades desde abril de 1808 a diciembre de 1814, Ludwig Von Wimpffen, hace constar que el Regimiento Infantería de Wimpffen nº1 de Suizos –estas Unidades adoptaba el nombre de su coronel- desde el 1734 estaba bajo las armas de Su Majestad Católica. En 1755 pudo conservar su propia organización y sus propias leyes. Después de las capitulaciones de 1796 y 1804, quedó sometido al mismo régimen que los demás Regimientos Suizos al servicio de España. Al empezar el levantamiento de España contra Napoleón, el Regimiento de Wimpffen –antes mandado por Smith y Schwaller- estaba fraccionado en Cataluña y fue el primero, en esta comunidad, en tomar las armas contra los franceses.
Desde 1808 a 1812, la unidad intervino en cuarenta y dos batallas sin contar su participación en la defensa de Zaragoza, Tarragona y las islas Medas. .
Al empezar la guerra de España -mayo de 1808-, los efectivos del Regimiento sumaban 2.101 hombres, organizados en dos Batallones, formados cada uno por una Compañía de granaderos y cuatro de fusileros. A fines de 1808 contaba 2.005 hombres; al terminar el 1810 quedaban 1.429 y en 1812 eran 152 los supervivientes.

En la Historia de la guerra de España contra Napole6n Bonaparte, se corrobora que en el año 1808 la fuerza del Ejército español constaba de 88.314 hombres de Infantería con 18.198 de Caballería, distribuidos en la forma siguiente: la Guardia de S. M. constaba de 3 Compañías de Guardias de la real persona o Corps (excluida la de Alabarderos); 3 Batallones de Infantería española, 3 de Infantería walona y 6 escuadrones de carabineros reales, cuyo total ascendía a 6.529 infantes y 1.600 caballos. La Infantería estaba integrada por 35 Regimientos de línea españoles, 4 de línea extranjera, 6 de Suizos y 12 de tropas ligeras, cuyo total era de 141 Batallones y 71.895 hombres. La Caballería constaba de 12 Regimientos de línea, 8 de dragones y 2 de húsares. Total 120 escuadrones y 16.040 hombres. El Real Cuerpo de Artillería tenia 4 Regimientos, con un total de 6.868 infantes y 550 caballos. El de Ingenieros, 800 hombres .

La ocupación progresiva del país a comienzos del año 1808 hizo que la situación, de los suizos en España se volviese cada vez más delicada. En el mes de mayo de aquel año, la distribución de las tropas suizas era la siguiente: el Regimiento de Wimpffen, de guarnición en Tarragona y varios puntos de Cataluña; el de Reding “joven” en Madrid; el de Reding “viejo” en Granada; el Betschardf en las Baleares; el Traschsler en Cartagena, y el de Preux en Madrid.

Como ya hemos indicado, el Regimiento de Wimpffen, en mayo de 1808 se hallaba en Tarragona y distintos puntos de Cataluña. Su distribución era la siguiente: en Barcelona, 2 Compañías en Lérida, 100 hombres en Tortosa, 800 hombres; en Montblanch, 24 hombres; en Cornudella, 24:hombres; en Tárrega, 24 hombres.; en Igualada, 24 hombres. Habiendo, además, en otros puntos.

Las tropas suizas, formaron parte del engranaje militar en España desde bastante tiempo, desde antes de la guerra de la Independencia, encontrándose las mismas totalmente integradas, y dispuestas a servir cómo fuerza de choque en la invasión napoleónica.

domingo, septiembre 24, 2006

LA EXPULSION DE LA COMPAÑIA DE JESUS

a conspiración contra Esquilache en abril de 1766,y la expulsión de los jesuitas en noviembre de 1767, son dos hechos que aparecen siempre relacionados, ya sea el primero la causa o simplemente el pretexto del segundo. Es muy probable que entre los instigadores del motín figurasen algunos jesuitas de Madrid, aunque no es segura su intervención, ni mucho menos la de la Compañía de Jesús en pleno. La mera explicación de que los jesuitas fueron expulsados por aquel incidente parece insuficiente a todas luces. Es preciso tener en cuenta que aquella Orden religiosa, con su cuarto voto de obediencia al Pontífice, era símbolo de la fidelidad a Roma, actitud que chocaba en un estado fuertemente regalista, como era el del siglo XVIII. La tesis del regalismo ha sido esgrimida siempre por los historiadores de la Compañía para explicar la expulsión.
A mayor abundamiento, los jesuitas habían sido ya expulsados, por aquel motivo, de Portugal en 1759 y de Francia en 1762: la decisión de Carlos III en 1767 tiene, así, ya muy poco de original.
Sin embargo, Rodríguez Casado encuentra que los jesuitas españoles eran por entonces tan regalistas como los que más, y destaca, por otra parte, el hecho de que la mayor parte de los prelados aprobaron la expulsión. La tesis del regalismo-antirregalismo no es despreciable, pero aconseja alinear a su lado otras posibles causas, quizá más fuertes, entre ellas el factor social. Efectivamente, de los 112 colegios que mantenía en España la Compañía de Jesús, unos 100 eran para jóvenes de la aristocracia. Como es lógico, la mayoría de las vocaciones jesuíticas se reclutaban en estos colegios, y la Compañía misma estaba formada por hombres salidos de las clases privilegiadas. Las rivalidades estudiantiles de la época-«colegiales», es decir, alumnos de los colegios nobles, contra «golillas», o «manteístas» , universitarios a secas-encierran un indudable trasfondo social e incluso ideológico, y trascienden, una vez terminada la carrera, al mundo profesional y aun al político.
El motín de Esquilache fue, seguramente, la primera manifestación abierta de aquella lucha, hasta entonces sorda. Lo de menos es que los jesuitas participaran directamente o no en la organización del motín.
El hecho es que el Gobierno de Carlos III aceptó la declaración de guerra de las clases altas, y entre las medidas adoptadas figura la supresión de su principal fuerza valedora. El decreto de expulsión obligó a exiliarse a unos 1.660 sacerdotes de la Península y 1.396 de América; sumando legos y escolares, el total pasaba de 5.000. Entre ellos figuraban los historiadores padres Burriel y Masdéu, el filósofo Eximeno,el músico Arteaga, el escritor padre Isla, etc. España perdía un puñado de sus hombres más ilustres y América la legión más activa de sus misioneros.

LA POLITICA DE ALBERONI

uriosa carrera la de Julio Alberoni, aventurero italiano que llegó de monaguillo a cardenal, pasando por ministro de España. Su figura ha sido recientemente reivindicada, aunque no es posible negar su carácter quimerista. El fue de los que convencieron a Felipe V de la conveniencia de un matrimonio italiano y, por supuesto, de una política italiana. Donde Alberoni se equivocó fue en la suposición de que las potencias no intervendrían en una guerra general y de que los italianos se levantarían en masa contra la opresión en cuanto los españoles se plantasen frente a Italia. .
Felipe V, convencido por la habilidad del abate A1beroni, le confió el poder y la dirección de la empresa.
Se firmó un tratado con Holanda e Inglaterra y se concedieron a ésta algunas ventajas comerciales en América. Al Papa se le halagaba con la idea de una cruzada antiturca. Pero el ejército que preparaba el intendente Patiño y la escuadra que se construía a toda prisa en Barcelona iban a tener una finalidad muy diversa. En 1717 zarpó la flota y, ante la sorpresa general, desembarcó en Cerdeña, donde el marqués de Lede se apoderó de la isla en menos de dos meses. Los sardos recibieron con gusto a los españoles.
El golpe estaba iniciado, y había que llevarlo hasta el final antes de que las potencias europeas reaccionasen.
En 1718 partió la segunda escuadra, espléndidamente organizada por Patiño: 30 bárcos de guerra, 340 transportes y 10.000 hombres. Esta vez el objetivo era Sicilia, que fue conquistada en una brillante operación dirigida también por el marqués de Lede. España estaba mostrando una capacidad y un poder que nadie podía suponerle, después de su decadencia en el XVII y de la agotadora guerra de Sucesión.
Entonces sí que reaccionaron las potencias. La flota inglesa atacó a la española sin previa declaración de guerra, y la destrozó frente al cabo Pessaro. Se formalizó la Cuádruple Alianza (Austria, Francia, Inglaterra y Saboya), en tanto que franceses e ingleses se disponían a la invasión de España. Alberoni, con sus sueños ilusorios, quiso formar otra coalición con Rusia y Suecia y fomentar rebeliones en Francia e Inglaterra; pero Felipe. V comprendió que era preferible desprenderse del peligroso ministro, y despachó a AIberoni.
Las tropas españolas abandonaron Sicilia y Cerdeña, bajo la promesa francobritánica de que los ducados de Parma y Toscana serían para el príncipe español don Carlos. Tal fue el sentido del tratado de Cambray, firmado en 1720.

LA INTEGRACIÓN DE PORTUGAL

a muerte del alocado rey don Sebastián en Alcazarquivir(1578) dejaba a Portugal sin otro heredero que el anciano cardenal don Enrique, y abocado el reino a un grave problema sucesorio. El heredero más lógico, desde el punto de vista legal, era Felipe II, hijo de portuguesa y emparentado por todos los costados con la Casa de Avis; pero muchos lusitanos veían en aquella sucesión la absorción de un país-Portugal-por otro país-España-: hacía ya tiempo que se había perdido la conciencia de la unidad peninsular.
De aquí que muchos prefiriesen a don Antonio, prior de Crato, pese a tratarse de un heredero ilegítimo.
Felipe II supo manejar hábilmente los resortes diplomáticos, y se atrajo a la mayoría de los gobernantes portugueses, así como a la alta nobleza y a la burguesía de negocios, que esperaban de España la defensa del imperio ultramarino portugués y la libre entrada de la plata española, muy necesaria para los negocios coloniales.
Pero las clases media y baja, afectadas por un profundo sentido nacionalista, se negaban de todo
punto a la integración. Cuando murió sin testar el viejo rey don Enrique, Felipe II tuvo así que recurrir, contra su deseo, a la fuerza de las armas. La ocupación de Portugal, en 1580, fue una operación perfecta del duque de Alba, que penetró por Extremadura, amagó hacia el norte y, cuando parecía dirigirse hacia Oporto, cayó por sorpresa sobre Lisboa. El prior de Crato huyó a las Azores, apoyado por Francia e Inglaterra, y fue preciso organizar una expedición que conquistó aquellas islas (1582), después de derrotar a la escuadra aliada.
La unión ibérica estaba al fin lograda, y con ella la presencia de la monarquía católica en los cinco
continentes; fue entonces cuando empezó a decirse que en los dominios de Felipe II no se ponía el sol.
Pero aunque el rey extremó sus consideraciones con los portugueses, nunca se pudo borrar del todo la idea de la «invasión» española.
Bibliografía: Historia de España moderna y contemporánea. José L. Comellas

sábado, septiembre 23, 2006

CARTAGENA DE INDIAS EN EL SIGLO XVIII. FORTIFICACIONES

ra Cartagena de Indias la ciudad más hermosa, grande y fuerte de toda la América Meridional. «Tiene título de Ciudad desde el año de 1574, con uso del Escudo de Armas, q. la ylustran q. son en campo de Oro, Cruz Berde coronada y dos Leones Rojos empinantés. En ademán de sostenerla, y en 6 de marzo de 1575, obtubo del Monarca Español el renombre de Mui Noble y Mui Leal Ciudad» (1). Era la. capital del Virreinato de Santa Fe-NuevaGranada- (hoy Colombia), cuando tuvieron lugar los incisivos y mordientes ataques del admirante Sir Edward Vernon, en los años 1740 Y 1741, al poner en ejecución el más ambicioso y extraordinario de los proyectos de ataque y corte político planeados por la nación inglesa, sobre los dominios españoles en el nuevo Mundo. ,". SIC(textos transcritos literalmente)
Fué fundada por el conquistador madrileño y adelantado don Pedro de Heredia, a mediados del año 1533, en un lugar «que los Yndios Naturales del País llamaban Calamar i q. significa Cangrejo quizás por los muchos de q abundan sus playas» (2). Su puerto, «uno de los mejores del Mundo», según la feliz declaración que Marco Dorta ha sabido encontrar en el informe del capitán de los viejos tercios, don Juan Díaz de Vallejera, que la visitara en el año de 1570(3). Todavía en pleno siglo XVIII gozaba de ese gran prestigio; las «Memorias» contienen este admirable reflejo:
«Su Puerto q. pasa por uno de los Mejores de toda la America y en donde se enbarcan las producciones y los caudales q.bajan del Nuebo Reyno de Granada y toda la Tierra firme y adonde arriban los Galeones, y demas bajeles sueltos de registros q. bienen de Europa, p.ª abastecer aquel Reyno de los Generos Europeos de q. Carece la hacen mantener un comercio prodijioso en oro, Plata, Perlas, Esmeraldas,Cacao, Algodon, Cueros, Recinas, Balsamos, Yerbas y rayces botanicas, Palos de Tintes, y otras diferentes drogas, bellas y excelentes Maderas de Particularissimas Calidades de lustre de Color y solides y sobre todo p.ª Construccion de Nabios cuyos Ramos Comerciantes le han adquirido la reputacion de una de las mas Ricas y Mas ymportante Plaza de la America..,» (4).SIC

Emporio de riquezas, ruta segura de penetración hacia el Perú, ,“llave de las Yndias”, eran axiomas fijos superestimados por sus propios fundadores y,dueños; los españoles; y acicates de asalto o conquistas de las grandes y temibles naciones rivales de Espaíña. He aquí, por tanto, el capital motivo que llevaría antaño, en 1544, al francés Roberto Baal y su flota pirata al primero de los saqueos que sufriría la ciudad a lo largo de su historia. Después, en 1568, el corsario Juan Hawkins sóló conseguirá. bombardear las cortinas del oeste o del mar; pero, en 1,586, Sir Francis Drake -que recorría sángrienta y victoriosamentete las Antillas y el"istmo saqueando, destruyendo e incendiando poblaciones aztecas, apresando los galeones con sus riquezas, en un amplío arco de acción, que iba desde Santa Marta (Colombia) a San Agustín de la Florida (Estados Unidos)- le arrebató plaza al Gobernador don Pedro Fernández del Busto, en una empresa que, según González Palencia, no fué «ni tan heroica cómo los ingleses la juzgaron, ni tan diabólica como la dijeron los españo1es»(5).En Francia, a fines del siglo XVII, los armadores de Brest constituyeron una sociedad comercial, que iba a repartir en acciones, los frutos que consiguiera la expedición bélica, que bajo las órdenes supremas del almirante Jean Bernard Desjeaus, barón de Pointis, se encargaría de conquistar a Cartagena de Yndias. En el fuerte negocio no andaba lejos el propio monarca frances Luis XIV, que llegó a estipular en las cláusulas del contrato, cómo la plaza, su gobierno y su guarnición habrían de quedar para su monarquía. Puesta en movimiento la armada, sabido es que, en aquel año de 1697 -fecha de la salida del puerto de Brest-, la ciudad de Cartagena y sus riquezas pasaron a poder de Pointis, quien embarcó en sus navíos los tesoros del esquilmo y regresó a sus bases con el más señalado provecho «comercial» que registran las páginas virreinales. Dejó en Cartagena como dueño y señor de la posesión al «Govº del Pitic Goave Mr. Ducase» (6), jefe de un cuerpo de filibusteros dispuestos a estrujar las haciendas y vidas de los cartageneros. Tal hecho marca el baldón en la gloria, que como empresa de conquista militar la quepa, siendo conocida la condena a que fué sometido por su proceder político.
Por estas sangrientas y dolorosas experiencias, se tomó en consideración inexcusable, la creación de un sistema de fortificaciones, que pusieran a la ciudad y a su puerto en condiciones de defensa. La idea de hacer de Cartagena ,una plaza fuerte, nace con la misma fundación de la ciudad (7), aunque las reales ordenes que se dictan en este sentido, en muchas ocasiones enérgicas, no fueron cumplidas hasta el incendio del año 1552, en que la ciudad de casas o bohíos de bajareques y palmas quedó totalmente destruída.

«El Sor. Felipe 2º Rey Catolico de España, en el año de 1574 con motibo del nuevo establecimiento de Galeones, mando cercarla de de Murallas y Bastiones y que se fortificara su Puerto que habra de Serbir de Escala y abrigo a las Armadas y Galeras y Galeones que Nabegaban para los demás Puertos de Tierra firme que con estas obras se creía quedaría defendida de las ymbasiones y ostilidades de los Estrangeros...» (8).SIC

-Efectivamente, las primeras obras fuertes son levantadas por los ingenieros y hombres de la confianza del monarca, tales fueron Juan Bautista Alltonelli y el maestre de campo Juan de Tejada, llegados a Cartagena pocas fechas después del asalto y arrase de la ciudad por Sir Francís Drake -1586-. Pero las murallas urbanas y los baluartes de San Matías -en la Bocagrande- y del Boquerón -isla de Manga- que Antonelli y Tejada planearan y ejecutaran, sería un siglo mas tarde, destruídos por Pointis -1697-.
Y de nuevo la corte se preocupó por asegurar la plaza:
«El Sor. Carlos 2° Rey Catolico de España en el año de 1698 embio por G. al Maestre de Campo G.ral Don Juan Diaz Pimienta y a Don Juan de Herrera Sotomayor Yngeniero Militar con Ordenes para que reedificaran y fortificaran de nuevo a la moderna lo q. ejecutaron poniendola en el estado y disposición que mantiene con buenas Murallas, Baluartes y fortalezas esteriores
principalmente en la entrada del Puerto,..,» (9).SIC
No entra en los límites de este estudio dedicar .mayor noticia a la evolución de l,a-arquitectura militar y aun civil, que en los siglos XVII y principios del XVIII, o en las posteriormente realizadas, ya casi en los albores de la enmancipación, se llevaron a cabo en Cartagena de Indias. Ello significaría un trabajo amplisimo que dilataría los objetivos concretos que nos hemos señalado, si bien, en razón de la mejor y más necesaria idea del escanario de la batalla por Cartagena, en 1741, se hace preciso señalar la localización de los castillos o fuertes levantados con arreglo a un sistema de defensa, perfectamente reglado para las necesidades tácticas de la época. Las deficiencias técnicas, sus obras é incluso el inconveniente capital que representaba el número de hombres necesarios para guarnecerlas, son otros importantísínios aspectos que entran en los imponderables de un desorbitante poderío ..superior a las posibilidades de la nación metropolitana,que así revelaba su debilidad.
He aquí una breve noticia. descriptiva del sistema. defensivo de Cartagena en el año crucial y crítico del ataque del almirante SirEdward Vernon:

- Castillo de San Felipe de Barajas, en el cerro o padrastro de San Lázaro.
- Murallas de la Ciudad y arrabal de Getsemaní, con sus baluartes, revellines y baterías.
- Fuerte del Pastelillo, en la isla de Manga.
- Fuerte del Manzanillo, en la isla de este nombre. - Castillo Grande o de la Santa Cruz, en la playa de Boca grande.
- Castillo de San Luis de Bocachica, sector Sur de la isla de Tierra Bomba.
- Fuertes de San Felipe-y Santiago, en la misma isla litoral del Mar del Norte.
- Baterías de Chamba, Punta Abanicos, de la Marina, todas en Tierra Bomba.
- Batería de San José, en la isla de Barú, frente al castillo de San Luis.
Al Norte de la ciudad:
- Batería de la Cruz Grande, en la avenida del Mar del Norte.
- Batería de la Boquilla,en el ocasional desagüe de la Ciénagae Tesca en el mar.

(1) «Memorias, q Podran Serbir p.- la Historia de la Ciudad de Cartag.de.
Yndias. Plaza. fuerte é ymportante de la America tenida por Antemural Presídio
del Nuebo Reyno de Granada ,en la Costa de Tierra firme. Año de l798. (Arch.
docum. del Serv. Hist., Mil. ,Madrid; signatura: 5-2-11-6.) .
(2) Idem ref. ant. cit., pág. 2. .
(3) Marco Dorta Enrique:Cartagena de Indias,.la ciudad y sus .monumentos. Publicaciones de la Escuela de. Estudios Hispano-americanos. Nº general LV. serie 2ª, núm. 20. Sevilla,1951"

(4) Ref. (1); cit. págs. 3 y 4.
.(5) Del Discurso del Capitan Francisco Drake, public. en Madrid, 1921
(6) "Extracto de lo acaecido en el Sitio de la Plaza de Cartag.de Ynd."
cuando fue atacada por los Franc." en el año de 1697.» (Arch. docum. Serv. Hist.,
Mil.; signatura: 5-2-6-1.
(7) Marco Dorta Ob. cit., v. ref. (8); cit. en pág. 10
técnicis:
(los textos están transcritos literalmente)

viernes, septiembre 22, 2006

DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE AGUSTINA DE ARAGÓN"LA ARTILLERA"

a revoluci6n de España en 1808 es un cuadro interesante, y los sucesos ocurridos con este motivo en la capital de Arag6n merecen ser descritos con cierta particularidad, para poder observar a los seres humanos en situaciones en que sus almas se ven violentamente agitadas y por lo tanto, puestas en movimiento todas las facultades del hombre. Pero si volvemos la mirada a los años de la invasión napoleónica, en el ámbito de lo pretérito, sin la crudeza que da a los hechos el ser presentes, encontramos una mujer, AGUSTINA ZARAGOZA cuyo recuerdo nos hace vibrar con el vigor de la raza. Su famosa hazaña, empero, llega a nosotros deformada por la fantasía. . .
Para estudiarla con rigor histórico, hemos buscado datos entre los legajos que yacen encarpetados en los archivos de España, país más dado a realizar hazañas que a escribirIas, porque en la forma cómo los hombres tergiversan la voluntad ordenadora del Estado, es donde se halla la expresión de la existencia; y en los archivos, donde la ley choca con la vida, es donde se encuentran las apetencias, las ambiciones., los pequeños orgullos y tos profundos resentimientos vinculados a los hombres.

En una amarillenta pero tersa y bien conservada hoja de uno de los infolios de Bautismos, de la parroquia de Santa María del Mar, de Barcelona, consta que el día 6 de marzo de 1786 fué bautizada. una niña a la cual se impusieron los nombres de Agustina, Raimunda y María. .
Aquel1a niña bautizada en el .templo que después de la catedral es la iglesia más grande de la ciudad condal, fué la incomparable. mujer que la Historia registra con el nombre de AGUSTINA DE ARAGON, y el pueblo zaragozano bautizó con el remoquete de LA ARTILLERA
La fe de bautismo, copiada literalmente y traducida del catalán, dice así:
“6 marzo 1786”
En dicho día, mes y año he bautizado a Agustina, Raimunda, María, hija legítima y natural de Pedro-Juan Saragossa, obrero; y de Raimunda Domenech, cónyuges. Padrinos: Juan
Altarriba; armero, y Agustina Vilumara,mujer del- padrino.- Ramón Alber y Juliana. Presbítero y Subvicario,»

En el año 1747, otro Pedro-Juan Saragossa, payés de Fulleda, y María Labastida, del mismo pueblo y unida al anterior por legítimo matrimonio, tuvieron un hijo al que impusieron los nombres de Pedro, Juan, Francisco y Ramón. Y por la misma época del siglo XVIII, un honrado albañil llamado Onofre Domenech, que estaba casado con María Gasul, tuvo con esta una hija que se llamó Raimunda.
Al correr,.el tiempo, río de acontecimientos, corriente impetuosa que con el paso lento nos trae el futuro, Pedro-Juan Saragossa y Raimunda Domenech, al llegar el año 1772, se unieron en matrimonio y de él nació LA ARTILLERA.
La partida de matrimonio de los padres de Agustina Zaragoza, traducida del catalán, es como sigue:
«Día 8 de agosto de 1772. Yo, Ramón Pellicer, Presbítero y Vicario de Fulleda, Arzobispado 'de Tarragona, :hechas las acostumbradas amonestaciones en la presente iglesia, habiendo examinado a los abajo nombrados contrayentes en los rudimentos de Doctrina Cristiana y haberlos aprobado, después de leerles la previa Monición y estando presente en calidad de testigos: Salvador Margoret; alcalde, y José Cantó, todos del presente pueblo den Fulleda, y habiendo confesado y comulgado los contrayentes, he asistido al matrimonio que han celebrado por palabras de presente Pedro-Juan Saragossa, soltero, payés del presente pueblo, hijo legítimo y natural de otro Pedro-Juan Saragossa, difunto, y de María..Saragossa y. Labastida,.viuda, y la honrada Raimunda Doménech Gasull, conyuges, todos del presente pueblo de Fulledda, y entendido el mutuio consentimiento los uní en matrimonio ,fueron velados y el mismo día firmaron capítulos matrimoniales en poder de Ignacio Buño1,ciudadano honrado de Barcelona y Notario público de la villa Montblanch, día 17 de mayo de 1772.Ramón Pellicer, Vicario.» (1) .
Fulleda, pueblecito donde nacieron los padres y los cuatro abuelos de Agustina, es un lugar de la provincia y partido judicial de Lérida, que pertenece a la diócesis de Tarragona y al Ayuntamiento de su nombre.
Como en Ful1eda no se habla más que catalán, en él se expresaban los antecesores de la heroína y, asimismo, en lengua catalana expresó sus primeros deseos la que andando el tiempo sería una mujer excepcional.
Siendo aún una niña, pues sólo tenía diecisiete años, se casó con un apuesto mozo que era cabo segundo del Primer Regimiento del. Real Cuerpo de Artillería, de guarnición en Barcelona.
La partida de este matrimonio es la siguiente:
«En la ciudad de Barcelona, y en el día diez y seis de Abril de mil ochocientos y tres; Yo, el infraescrito, he a.sistido al Matrimonio. Celebrado por palabras de presente entre partes de Juan Roca, Cabo 2.° de la Brigada del 1°'. Regimiento del R. Cuerpo de Artíllería, natural de Masanel de Cabrenys, del Obispado de Gerona,hijo legítimo y natural de los consortes Ferriol y Rosa Vilaseca, de parte una; y Agustina Zaragoza, soltera, natural de esta Plaza, hija legítima y natural de los consortes Pedro y Raimunda Zaragoza, de parte otra; siendo presente por testigos Alberto Dalmau, fabricante de medias, y Jaime Motas, artillero.
Ministro Dn. Manuel Jordana.»
Juan Roca Vilaseca, primer marido de Agustina Zaragoza, habia nacido en el año 1779; y cuando tenía diecisiete de edad, es decir, en 1796, ingresó como artillero en el Regimiento citado. En seguida fué destacado al vecino reino de Portugal, en el cual permaneció acantónado hasta
1797. En 1801, cuando la «Guerra de las naranjas» (2), volvió a Portugal y tornó parte en las acciones de guerra que se indican en Su hoja de servicios. Hecha la paz con la nación vecina, regresó a Barcelona, conoció a Agustina, se. enamoró de ella y se casaron. Poco después de
su matrimonio ascendió a cabo primero; y el día. 18 de octubre del año 1804 fué promovido a sargento segundo. En este mismo año, viviendo en la capital del Principado, Agustina tuvo el primer hijo de Juan Roca;

(1) Las mujeres casadas en Cataluña ponían en primer lugar el apellido del marido. Por eso en este docwnento la abuela de Agustina no figura con su verdadero apellido. ...
(2) La «Guerra de las naranjas~ se llamó así, porque en la sostenida contra..
Portugal en el alío 1801, que fué muy breve, el Príncipe de la Paz, Geneialísimo del ejército hispano-francés, en.el primer parte que dirigió al Rey, decía: "Las tropas, que atacaron al momento de oír mi voz, luego que llegué a la vanguardia; me han regalado de los jardines de Yelvés, dos ramos de naranjas, que yo presento
a la Reiná.» . . . .