

Isabel, que se encuentra en Segovia, se proclama reina, con el apoyo de su corte y de la ciudad y recibiendo pronto el respaldo de otras ciudades, así como de los principales grandes y nobles de Castilla, e incluso de los seis magnates encargados de la custodia de la Beltraneja. Esta no se da por vencida, y logra que la apoyen los marqueses de Villena y de Cádiz, el duque de Arévalo, el gran maestre de Calatrava y el arzobispo de Toledo, Alvaro de Carrillo, dolido por el trato de favor concedido por Isabel al cardenal Mendoza, viejo rival suyo y de la reina. Para complicar más el conflicto civil castellano, los partidarios de la Beltraneja acuerdan el matrimonio de Juana con el rey portugués Alfonso y, con lo que encuentran un nuevo respaldo diplomático y militar para su causa.
Tanto una como otra de las pretendientes han de solucionar asuntos privados que inciden en sus aspiraciones. Juana, sus esponsales con Alfonso V, celebrados en Plasencia. Isabel, las pretensiones al trono castellano por parte de su esposo Fernando mediante la concordia de Segovia, se igualan los derechos de ambos cónyuges y se establece que los documentos serán redactados en común. Los partidarios de Juana inician su ofensiva, con apoyo portugués. en el valle del Duero y Galicia, penetrando por Zamora. Mientras, Isabel y Fernando convocan cortes en Medina del Campo, para conseguir los fondos necesarios para la campaña, y logran que la iglesia les entregue la mitad de la plata de los templos, como préstamo que se comprometen a devolver en un plazo de tres años. Así, Isabel y Fernando obtienen 30 000 maravedíes, con los que arman un potente ejército capaz de frenar el avance enemigo.
A principios de 1476, con el cuartel general de Isabel instalado en Tordesillas, Fernando inicia la contraofensiva. Primero, hacia Zamora, donde el alcaide de las puertas le entrega la ciudad, permitiendo que las tropas isabelinas asedien el castillo. Sin embargo, en febrero de 1476 llegan refuerzos portugueses, al mando del príncipe Juan, sitiando a su vez a los castellanos. En esto acuden los infantes de Aragón, don Enrique y don Alfonso, sitiando a su vez a los portugueses. Ante una situación tan loca, Alfonso V decide retirarse (1.3.1476), pero es perseguido y sus tropas son vencidas por los castellanos en el llamado Campo Peláez.
Este triunfo permite a Isabel instalarse en el trono castellano, que debe compartir con su esposo Fernando, pacificar la nobleza andaluza y hostigar las posesiones atlánticas de Portugal. La victoria final sobre la Beltraneja y Alfonso V de Portugal no se produce hasta 1479, cuando se firma la paz de Alcáçovas.
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