miércoles, febrero 06, 2008

CASTELAR,COMENTARISTA DE LA GUERRA CON ESTADOS UNIDOS

n 1898 Emilio Castelar, que a la sazón contaba 66 años, era asiduo colaborador en las páginas de La Ilustración Artístíca, uno de los semanarios más prestigiosos del momento, en cuya segunda página solía publicar densos artículos escritos en florido estilo retórico, comentando la actualidad. Es curioso seguir su visión de la guerra con Estados Unidos, en la que a veces denota perspicacia y en otras, la misma miopía que la mayor parte del pueblo español ante la guerra. De lo primero es buena muestra su apreciación de las consecuencias de la catástrofe del Maine: "Como los jingoes se han empeñado en que ha de rabiar el perro, ya promoverán alguna reclamación, ya suscitarán alguna dificultad...".
De lo segundo, es elocuente su desconfianza sobre los modernos buques de guerra, a los que no veía futuro por su complejidad y por su propio poderío, por lo que concluía que las anticuadas naves de madera resultaban mucho más convenientes y seguras: “La enormidad de sus cañones, parecidos a vorágines de volcanes; la explosión de sus balas, parecidas a los enormes bólidos del espacio; las sacudidas y estremecimientos connaturales a la enorme vibración del buque, hacen que no se puedan calcular muchas veces las operaciones con exactitud y que todo el porvenir de los combates marítimos aparezca como un enigma indescifrable, hasta para los más sabedores de esta difícil y complicada materia. (...) Recuérdese cómo unos pocos barcos de madera hundieron, mandados por un archiduque de Austria, los férreos acorazados itálicos en las funestas aguas de Lissa.
Castelar admiraba a Estados Unidos en muchos aspectos, pero suponía que su Marina era una broma: “... Todo el mundo sabe lo mal dirigidas que están las escuadras yankees; todo el mundo sabe la composición abigarradísirna de sus tripulaciones, que cuentan desde portugueses hasta chinos; todo el mundo sabe la dificultad en sus levas y lo complicado de instrucciones dictadas muchas veces a marinos llegados de luengas tierras, como los antiguos ejércitos del Papa; cebadísimos por el deseo de la merced y el lucro; con escasas condiciones militares...
Quizás esperando una salida militar airosa y, desde luego, contrario a las condiciones que exigía Washington, Castelar rechazaba el arbitraje norteamericano: ‘El pueblo aquel —Estados Unidos— enloquecido sin duda por la fortuna y la prosperidad; habiéndosele subido a la cabeza el mosto nuevo de sus embriagadoras ambiciones; falto en su dementísima neurosis de toda circunspección, pide, como si pidiera lo más hacedero, el reconocimiento por nosotros de la independencia cubana. Y yo pregunto, ¿cuál es el guapo en España que sea osado a poner en litigio, ni por un minuto, la integridad inconsútil del territorio patrio? (...) Nosotros la defenderemos con el verbo de nuestros cañones y la salvaremos con el esfuerzo de nuestros ejércitos. Ningún español reconocerá jamás arbitraje alguno que suponga nuestro deshonor y nuestra mengua".
Consultado por Sagasta a la hora de pactar el armisticio con Estados Unidos, ya perdidas las batallas de Cavite y de Santiago, Castelar se mostró genial: optaba por “La paz, procurando salvar todo cuanto sea posible”. (Textos extraídos de La Ilustración Artística, 1898).

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