viernes, octubre 13, 2006

LAS ESPECIAS, CAUDAL DE BENEFICIOS Y MUERTE.


"NAVIGARE NECESSE EST"
n el principio eran las especias... Desde que los romanos, a través de sus viajes y sus campañas, empezaron a hallar gusto en los ingredientes estimulantes, calmantes o embriagadoresdeOriente, lastierras occidentales no saben ya prescindir de la especiería de las drogas índicas, tanto en la cocina como en la bodega. Hasta muy entrada la Edad Media, la alimentación nórdica resulta sosa hasta lo inconcebible, y aun las hortalizas hoy día más comunes, como las patatas, el maíz y los tomates, tardarían todavía mucho en adquirir carta de naturaleza en Europa; el limón como acidulante y el azúcar para endulzar son todavía una vaguedad, y los sabrosos tónicos, el café y el té, no se han descubierto aún. Hasta entre los príncipes y la gente distinguida, la burda voracidad es el desquite de la monotonía sin espiritualidad de las comidas. Y aparece el prodigio: un solo gramo de un condimento indico, un poco de pimienta, una flor seca de moscada, una punta de cuchillo de jengibre o de canela mezclados en la más grosera de las viandas, bastan para que el paladar, halagado, experimente un raro y grato estímulo. Entre el tono mayor y el menor de lo ácido y de lo dulce, de lo cargado y de lo insulso, aparecen de pronto una serie de ricos tonos y semitonos:
los nervios del gusto, todavía bárbaros, de la gente medieval nunca se satisfacen bastante con los
estimulantes nuevos: un plato no está en su punto si no lo cargan de pimienta; llegan a echar jengibre a la cerveza y refuerzan el vino con especies molidas, hasta que cada sorbo quema en la garganta como la pólvora. Pero no se limitaba a la cocina el uso de abundantes masas de especiería. La vanidad femenina es también cada vez más exigente respecto a los aromáticos de Arabia, y va del almizcle voluptuoso al ámbar sofocante y al dulce aceite de rosas; los tejedores y tintoreros hacen elaborar para ellas las sedas chinas y los damascos de la India, y los orfebres, montar las perlas blancas de Ceilán y los azulados diamantes de Narsingar. Más imperiosamente todavía, la Iglesia católica impulsa el consumo de los productos orientales, pues de los millares de millones de granos de incienso que levantan el humo de los incensarios movidos por los celebrantes en los millares de iglesias, ni uno solo ha salido de tierra europea; cada uno de esos millares de millones de granos de incienso llegaban por mar, embarcados en tierras de Arabia. También los boticarios son asiduos clientes de los tan celebrados específicos de Indias, tales como el opio, el alcanfor, la tan estimada resina, y saben por experiencia que para el enfermo no hay bálsamo ni droga que parezcan tan activos como los que en los botes de porcelana que los contienen llevan en letras azules las palabras arabicum o indicum. Por su carácter de cosa selecta y rara, y quizá también por lo elevado del precio, todo lo oriental ejercía una atracción hipnótica en los europeos. Como en el siglo dieciocho lo francés, los atributos árabe, persa, indostánico, se identificaban en la Edad Media con los conceptos de exuberante, refinado, distinguido, cortesano, costoso y precioso. Ningún artículo tan apete cido como la especiería. Era como si el aroma de las flores orientales hubiera enajenado con su mágica influencia el alma
de Europa.
Por doce manos si no más -así lo apunta melancólicamente Martín Behaim en su famosa Esfera del Mundo de 1492-, ha de pasar usurariamente la especia Indica antes de llegar a la última, la del consumidor. "Item, conviene saber que la especiería ha de pasar por muchas manos antes de llegar a la venta en nuestra tierra." Ni aun siendo doce las manos que se reparten la ganancia, se satisface cada una de ellas con el áureo jugo de las especias indicas. A través de todos los riesgos y obstáculos, el comercio de la especiería se considera el más lucrativo de los de la Edad Media, pues en él se reúnen el más pequeño volumen y el margen más grande de beneficio. Si de cinco embarcaciones -la expedición de Magallanes es de esto un vivo ejemplo- se pierden cuatro con su cargamento, y si de los doscientos sesenta y cinco hombres que partieron vuelven sesenta y cinco, el mercader no solamente no habrá perdido nada en el juego, sino que saldrá aún ganando: si de los cinco barcos vuelve uno solo al cabo de tres años, su carga compensa con creces del desastre, pues un solo saco de pimienta vale en el siglo xv más dinero que toda una vida humana.
¡No es, pues, maravilla el que, con la gran oferta de menospreciadas vidas humanas y la avasalladora demanda de especias, las cuentas se salden siempre a pedir de boca! Los palacios de Venecia y los de los Fugger y Welser se construyeron casi exclusivamente con dinero ganado en la especiería índica.
Pero la envidia va unida a los grandes beneficios como la herrumbre a la hoja de acero. Todo privilegio.
Fuentes: "Magallanes, el hombre y su gesta".Stefan Zweig

miércoles, octubre 11, 2006

DOCUMENTO-MUSEO NAVAL MADRID


TOMO: Tomo VII.
FECHA: 1789-1795.
ESCRIPCIÓN: Dictamen de Don José de Mazarredo sobre el «Plan para la formación de un Atlas marítimo de la América Septentrional formado por Don Juan de Villavicencio y Don Tomás Ugarte. Acompañan unas apuntaciones sobre los trabajos hidrográficos realizados por M. Verdún y M. de Fleurieu; oficio de aprobación del dictamen; copia del que hizo Don Vicente Tofiño; cartas y minutas sobre la construcción de embarcaciones para dichas tareas; adquisición de obras y cartas en París y Londres para auxilio de las operaciones; instrucciones redactadas por Mazarredo sobre las operaciones de la 1.ª y 2.ª división de bergantines y un «Extracto de los acontecimientos y operaciones de la 1.ª división de bergantines destinada a perfeccionar la hidrografía de las islas de la América Septentrional bajo el mando del Capitán de Fragata Don Cosme Damián Churruca, de 18 de octubre de 1795, copiado del original en 1901 por Don Antonio de Mazarredo y Allendesalazar.—Fol. 3-82.
MANUSCRITO: Ms. 2337.

lunes, octubre 09, 2006

¿PORQUÉ NO ATACARON LOS TERCIOS DE FARNESIO?


ARA LA INVASiÓN terrestre de Inglaterra, Alejandro Farnesio, duque de Parma y virrey español en Flandes, había preparado un ejército de 20.000 hombres, entre ellos 1.800 soldados de caballería. En Amberes, además, dispuso una flota de 17 buques de guerra y 70 barcazas y en los puertos de Neoporte y Dunkerque, 74 buques y 166 barcazas. Desde septiembre de 1587, sus tropas realizaron ejercicios militares y simulacros de embarque preparativos.
Cuando la Armada alcanzó el Canal en agosto de 1588,Ios soldados se embarcaron y prepararon para el combate en 48 horas. Medina, Sidonia creía que la intención de Farnesio era arrojarse a las aguas desde el primer momento. Pero las naves nunca zarparon, porque el virrey pensó que su misión era aguardar a que la Armada lograra controlar el Canal y asegurarle la travesía hasta las costas enemigas. Además, las naves que había preparado eran escasas, poco resistentes y se habían construido únicamente para el transporte de tropas y provisiones y, por otro lado, no podía botar todos sus buques a un mismo tiempo, sino de uno en uno, debido a la estrechez de las bahías donde se resguardaban. Para colmo, 32 barcos de guerra holandeses dirigidos por Mauricio y Justino de Nassau y la flota del Estrecho de la reina Isabel I -que luego se unió a la flota principal inglesa- aguardaban en las aguas el momento en que Farnesio se decidiera al ataque.Los mensajes que Medina Sidonia escribió a Farnesio solicitando su intervención y repuestos llegaron al cuartel del virrey cuando la Armada se encontraba ya en Calais. En su respuesta, Farnesio informó de la imposibilidad de luchar por mar sólo con sus medios. Medina Sidonia solicitó entonces que le facilitara un puerto seguro. Farnesio no arriesgó sus tropas. La Armada fue derrotada' finalmente, pero los tercios de Flandes quedaron intactos. (Imagen Alejandro Farnesio)

UNA TRAGEDIA QUE ALIMENTÓ LA LEYENDA NEGRA


A LLAMADA LEYENDA Negra que sobre los españoles se extendió por Europa estuvo alimentada, entre otros muchos ingredientes, por la tragedia de Don Carlos. Sobre este episodio de la familia real, hubo incluso quien aseguró -es el caso de Guillermo de Orange que Felipe II asesinó a su esposa, la reina Isabel, y a su hijo por celos. Posteriormente, Antonio Pérez añadía más elementos trágicos al drama y acusaba al monarca de haber mantenido relaciones sentimentales con la princesa de Éboli. Claro que, al menos, un argumento tan sabroso y trágico no podía pasar desapercibido a músicos y literatos, que legaron óperas y textos imperecederos.
Según el historiador Antonio Domínguez Ortiz, la Leyenda Negra antiespañola tuvo un solo protagonista, Felipe II, y, al parecer, sus orígenes se encuentran en la Italia renacentista, concretamente en las reacciones provocadas tras la conquista y la presencia española en Nápoles y Sicilia. Sin embargo, hay historiadores que apuntan a la época de Carlos V como preámbulo de esa leyenda tan oscura que iba apesar después sobre el llamado Rey Prudente.
Por toda Europa se propagó una mala fama de los españoles como personas racistas, y que, además, pusieron en marcha loshorrores de la Inquisición, sin dejar sitio para puntualizar que hubo otras inquisiciones en otros países incluso más sangrientas que la española.
El nucleo principal de la Leyenda Negra tuvo un carácter político y se formó a raíz de la lucha desencadenada por Felipe II contra los rebeldes de Flandes, a lo que se sumaron las hostilidades contra Inglaterra y la intervención en las guerras civiles.de Francia. Es entonces cuando personajes como Guillermo de Orange o Antonio Pérez echan más leña al fuego y difunden informaciones falsas sobre el rey.
EN ITALIA y FRANCIA, los ataques a la politica española iban acompañados de caricaturas del español medio, al que pintaban como un brutal militarote o como un arruinado hidalgo, soberbio y ridículo. En París se publica en 1594 la Sátira menipea, obra colectiva publicada con motivo de la coronación de Enrique IV, en la que, por poner sólo un ejemplo, España figura ser un charlatán que pregona las excelencias del catolicismo. No será hasta el reinado de Carlos II cuando la Leyenda Negra languidece, si bien la literatura ilustrada sigue siendo muy crítica con la España de las colonias.(Imagen Gullermo de Orange)

PRINCESA DE ÉBOLI, REINA DE LAS INTRIGAS


N LA CORTE SE murmuraba que el hijo de Éboli, el futuro duque de Pastrana, nacido en 1562, no era hijo de Ruy Gómez, sino del rey. Cierto o no, el caso es que la princesa ejercía cada vez mayor influencia en los circulos más cercanos a Felipe II,, especialmente tras la muerte de su marido. Ana Mendoza de la Cerda -sólo tiene 23 años al quedarse viuda-, parece que tuvo estrechas relaciones con el inteligente y atractivo Antonio Pérez, que tenía la misma edad que ella y con quien acaparó, a finales de los setenta, el «gabinete »del rey.
El mismo día de 1579 en que era detenido por conspirador Antonio Pérez, la princesa de Éboli también era arrestada, con el mismo cargo, por el capitán de la Guardia Española del Rey, don Rodrigo Manuel de Villena, quien le anunció que quedaba presa en nombre del monarca. Y subida en una carroza de Palacio, escoltada por cincuenta soldados de la Guardia Española, fue conducida, por Villaverde, hasta la Torre de Pinto, donde estuvo seis meses. Allí dio muestras de estar enferma, por lo que, en febrero de 1580, fue trasladada al castillo de Santorcaz. En esta antigua cárcel de clérigos, la princesa Éboli siguió conspirando y clamando por su libertad, pero sólo logró de Felipe II el traslado a su casa de Pastrana, desde donde siguió intrigando. Era el año 1581.
Durante los últimos diez años de su vida, el rey se mostró inflexible con la prisión de la ilustre dama. No le perdonó sus maniobras en Flandes y Portugal, ni su responsabilidad en el asesinato de Escobedo. El rey hizo con la princesa lo que con su propio hijo. Cuando murió, doña Ana tenía 52 años. Era el 12 de febrero de 1592.

domingo, octubre 08, 2006

LAS RESIDENTES VOLUNTARIAS DEL ACOGEDOR "SALON KITTY"


n la sede de la Gestapo en Berlín, las fichas de personajes importantes "estaban recogidas en un enorme fichero horizontal circular, capaz para quinientas mil tarjetas, que podía ser manejado por un solo operador; movido por un motor eléctrico, giraba sobre sí mismo y aparecia la ficha deseada por la simple presión de la tecla".
Esto, naturalmente, no era más que un detalle de la organización, que en realidad llegaba a todas partes. Heydrich, por ejemplo, aprovechó sus experiencias de crápula en la creación del famoso "Salón Kitty". El subjefe de la Gestapo había notado que con frecuencia los asiduos a casas alegres terminan haciendo confidencias a las chicas. Así que hizo adornar lujosamente un hotel de Berlín, transformándolo en un "nido de amor" reservado para diplomáticos y periodistas extranjeros, con residentes escogidas entre "muchachas de la vida" de singular belleza, inteligencia, cultura y conocimiento de idiomas. El bar, el salón y las alcobas del hotel fueron literalmente sembrados de micrófonos que grababan todas las conversaciones (y chicas nazis pertenecientes a la burguesía se ofrecían "voluntarias" como residentes del "Salón Kitty"). Gracias a este sistema ultracapilar de espionaje, la Gestapo fue instrumento primordial e indispensable de las más torpes y sangrientas aventuras del Tercer Reich. No sólo preparó las listas de las personas ajusticiadas durante la "Noche de los Cuchillos Largos", con la eliminación violenta de los jefes de las SA en la "purga" del 30 de junio de 1934 (porque, dijo Goering en Nuremberg, "esperaba tal encargo tratándose de una acción contra los enemigos del estado"), sino también, apenas Hitler quiso apoderarse del mando supremo de la Wehrmacht, preparó una odiosa maquinación contra los dos jefes del ejército, el mariscal Werner von B lomberg y el coronel general Werner von Fritsch.Von B lomberg, de sesenta y dos, años, se habla casado con su secretaria, Erna Gruhn. y la Gestapo reveló que la mujer se había criado en un equívoco "salón de masaje" de Berlin, había posado para fotos inmorales y estaba fichada por la Policía como prostituta. A su vez, Von Fritsch, conocido misógino, fue acusado por un falso testigo de prácticas homosexuales. El golpe fue montado por un bávaro,Heinrich Müller, que después sería jefe de la Gestapo, conocido por el sobrenombre de "Gesta po Müller". Von Fritsch recurrió a un "tribunal de honor", presidido por Goering, y del que también formaba parte el gran almirante Erich Raeder. Fue totalmente absuelto. Pero el general, igual que Blomberg, tuvo que presentar la dimisión, y murió misteriosamente al año siguiente en Polonia, a la cabeza de su antiguo regimiento.

EL "AFRIKA KORPS"DE ERWIN ROMMEL



l Afrika Korps del mariscal de campo Erwin Rommel se había organizado en septiembre de 1939, en previsión de una guerra en Africa. Formado por soldados jóvenes, robustos, decididos y bien adiestrados en el uso de todas las armas, no era, sin embargo, un "corps d'élite" compuesto de voluntarios ni de militares expresamente escogidos. Su reclutamiento se había hecho con el sistema normal, pero prefiriendo los suabos y los hamburgueses.
A fines de julio de 1940, cuando el OKW ofreció al Estado Mayor italiano una ayuda en la guerra de Africa. con dos divisiones para "apoyar el ataque al canal de Suez" (oferta que fue rechazada), el Alto Mando alemán intensificó la preparación precautoria de las unidades del Afrika Korps en los campos arenosos de la Alta Silesia -donde había situaciones semejantes a las del desierto cirenaico en lo que respecta a carros de combate, vehículos y transporte de baterÍas pesadas- y en la escuela de oficiales de Wunsdoif. El Afrika Korps estaba formado por las Divisiones 15ª y 21ª acorazadas, la 5ª División ligera, la 164ª División de infantería, una brigada de paracaidistas y la 19ª División "Flak" con piezas antiaéreas de 88 milímetros. Su transporte por mar empezó desde Italia en febrero de 1941 con la ja División ligera, y luego siguió la 1a acorazada. Ello requirió la formación de numerosos convoyes que fueron escoltados siempre por unidades italianas y que, aunque muy atacados, sobre todo por submarinos, no sufrieron pérdidas dignas de mención. Toda la operación duró casi dos meses, y los ingleses no advirtieron el paso de las fuerzas alemanas por el Mediterráneo. .

LILI MARLEEN

penas conquistada Belgrado, el Alto Mando alemán ordenó reparar las estructuras de la que había sido la radio yugoeslava y reforzar las instalaciones. Rápidamente la estación de Radio Belgrado se hizo una de las más potentes de Europa y fue destinada exclusivamente a transmitir programas en lengua alemana, destinados a los soldados del Tercer Reich por todas partes, desde Africa del norte a Noruega, y desde la Unión Soviética a los Pirineos. En Radio Belgrado una tarde alguien escogió distraídamente un disco que hasta entonces no había llamado la atención de nadie. Era una de tantas canciones inspiradas en la guerra, pero no estaba seleccionada en el grupo de las escogidas por el programa destinado a elevar la moral de los hombres, transmitido todas las noches a la hora de mayor audiencia. Esta canción tenía en efecto poco de heroico y mucho, demasiado, de nostálgico. Estaba titulada Lilí Marleen y contaba la historia de una muchacha esperando bajo un farol ante un cuartel, y de la ilusión de un soldado de poder estar un rato con ella.
La cantaba Lale Andersen, una cantante de voz débil, un poco ronca, más de cabaret que de canción de amor. El éxito de Lilí Marleen fue inmediato. Avalanchas de cartas
inundaron Radio Belgrado y todas las otras estaciones alemanas para que transmitieran otra vez esta canción que había impresionado la fantasía de tantos jóvenes solos y lejos de casa. Pronto el fenómeno llamó la atención del ministerio de Propaganda, y el mismo Goebbels quiso escuchar la canción.
Su sentencia fue negativa: la canción sólo podía influir negativamente sobre la moral de los hombres, y por eso debía ser eliminada del repertorio destinado a las tropas. Pero las protestas fueron tantas que no fue posible prescindir del disco. Radio Belgrado llegó al punto de transmitir Lilí Marleen todas las noches a la misma hora, y Lale Andersen, con voz que parecía venir del más allá, fue la cantante más famosa de Alemania: la chica con la que todas las noches un soldado alemán tenía una cita.
Goebbels llegó a descubrir que Andersen tenía rastros de sangre judía en las venas, y usó este descubrimiento para hacer que sus admiradores le volvieran la espalda,'ella lo pagó demostrando cada vez más abiertamente sentimientos antinazis. Después de todo, el ministro alemán de Cultura había tenido razón en sus sospechas.
Esta es la letra de la famosa canción:
Ante el cuartel, delante del portón
había un farol, y aún se encuentra allí.
Allí volveremos a encontramos, bajo el farol estaremos
como antes, Lilí Marleen. Nuestras dos sombras parecían una sola.
Nos queríamos tanto, que daba esa impresión.
y toda la gente lo verá, cuando estemos bajo el farol como antes, Lilí Marleen.
(Letra de Hans Leip, música de Norbert Schultze.)
Increíblemente, Lilí Marleen triunfó también entre los soldados de los otros ejércitos combatientes. Ingleses,italianos, americanos y hasta rusos tuvieron su versión de la balada, y puede decirse que en la segunda guerra mundial no hubo muchacho de uniforme que no pensara con nostalgia, al menos una vez, en alguna Lití esperándole bajo un farol, delante del cuartel.

EL DUQUE DE ALBA SIEMBRA EL TERROR EN FLANDES



ACIDO EN PIEDRAHITA (ÁVILA) en 1507, Fernando Álvarez de Toledo tuvo tres pilares en su educación. Su abuelo don Fadrique, el único noble que permaneció fiel a Fernando el Católico frente a Felipe el Hermoso; el humanista y escritor Juan Boscán y, por fin, el condottiero húngaro Tomás Nadasti -principal artífice del parón turco ante Viena-, de quien fue su sombra durante varios años y de quien aprendió a estudiar el terreno en el que se desenvolverían las batallas. Su fogosidad y ansias de gloria le habían conducido, cuando contaba 16 años, al cerco de Fuenterrabía, entonces ocupada por los franceses.
Pronto se hicieron notar sus dotes de mando y estratégicas, así como su estricto sentido de la disciplina, el cual le acarreó problemas con algunos nobles que acudían a las campañas con todo su séquito como si fueran de merienda campestre. Esto sucedió en la campaña de Argel, primera en la que tuvo responsabilidades directas, pero el duque lo solucionó despojando de equipaje a todos ellos y metiendo a algunos en prisión. Estt; afán por profesionalizar los mandos tuvo el apoyo del emperador, quien en 1 546 le encomendó el ejército que derrotaría a la Liga alemana del elector Federico de Sajonia en Mühlberg, tras dos campañas con continuas marchas y contramarchas, golpes de mano, emboscadas y ataques nocturnos. Estos últimos recibieron el nombre de «encamisadas», ya que quienes los llevaban a cabo lucían unas largas camisas blancas sobre el uniforme para distinguirse en la oscuridad. Semejante forma de actuar -la tan hispana guerrilla- fue la que desbarató a unas fuerzas muy superiores que nunca supieron en qué lugar toparían con los españoles ni si volverían a ver el sol a la mañana siguiente.
La desaparición de la escena política de Carlos V -reti rada en Yuste- acarreó también un cierto ostracismo del duque de Alba. El nuevo rey, Felipe II, había hecho caso a su padre cuando éste le recomendaba no ponerle «a él ni a otros Grandes muy dentro en la gobernación», de modo que al duque no le quedó más remedio que esperar. Al tiempo, cobraban protagonismo en la corte dos de sus más encarnizados enemigos: el portugués Ruy Gómez de Silva, señor de Éboli, y Gonzalo Pérez. Pero un país en guerra continua como España no podía permitirse el lujo de desperdiciar un talento guerrero como el de don Fernando, así que Felipe II volvió a solicitar sus servicios y le nombró virrey de Nápoles en 1556. En esa ocasión, se trataba de expulsar a los franceses de Italia, que contaban con el apoyo del Papa Paulo IV. No sólo lo consiguió con apenas 17.000 hombres -4.000 de ellos españoles-, sino que además entró en Roma el 9 de septiembre de 1557, donde aún se recordaba el saqueo de 1 529. Tal vez por eso, el duque de Alba impidió a sus tropas desmandarse y acabó postrándose a los pies del pontífice, el cual se vio obligado a plegarse ante las circunstancias.
Este resonante triunfo le condujo al teatro de operaciones que tanto anhelaba: Flandes. Previamente había presionado con éxito a la reina francesa Catalina de Médicis, madre de la esposa de Felipe II, para que reprimiera a los hugonotes, pero, una vez solventada esta labor diplomática, se dispuso a cumplir las palabras del rey quien había asegurado sobre Flandes: «Antes preferiría perder mis Estados y cien vidas que tuviese que reinar sobre herejes». El plan consistía en ejercer primero una acción opresora de la rebelión a la que seguiría una visita del monarca envuelto en una aureola de clemencia. La primera parte se cumplió a rajatabla, pero la segunda jamás llegó a producirse. Así, el duque de Alba adquirió una siniestra fama que aún le acompaña. Al fin y al cabo, instauró el Tribunal de los Tumultos -también conoddo como «de la sangre»- y ajustició a los nobles católicos flamencos Egrnont y de Roro después de haberles apresado en una reunión a la que habían sido invitados.
Hasta 1573 se mantuvo como gobernador de los Países Bajos, momento en que pidió al rey su relevo. El deseo le fue concedido, pero su estrella comenzó a declinar. Su.hijo se había casado en contra de la voluntad del rey y además, se había negado a partidpar en la campaña portuguesa de 1580 que le costaría la vida al joven rey Sebastián en la batalla de Alcázarquivir si no se le daba el mando de las tropas. Un rey tan autoritario como Felipe no podía consentirlo y de nuevo se le condenó al ostracismo, pero ocurrió que la rebelión estalló en Portugal-donde Felipe II aspiraba al trono- y de nuevo, a los 72 años, se le encomendó la tarea de sojuzgarla. El motivo, en palabras del monarca, fue que «si ahí le temen tanto, bueno sería para espantajo, que para esto bueno es,..».
Efectivamente , el rigor con el que se empleó acabó con la resistencia delos otros pretendientes al trono-singularmente el prior de Crato-, y afianzó a la facción prohispánica, con lo que la Monarquía Católica amplió sus dominios. Falledó en la villa de Tomar, junto a lisboa, en 1582, y el propio Felipe II, como reconocimiento a sus valiosos servicios, viajó hasta allí para acompañarle en sus últimos momentos.
Javier Lorenzo

UN ESTANDARTE DECIDE LA VICTORIA DE CORTÉS


Camino de Tlaxcala, después de la "Noche triste", Hernám Cortés se topó con un gran ejército azteca. La ayuda de los indígenas y el arrojo del extremeño, que arrebató el estandarte al caudillo enemigo, decidieron el combate.

ASI LO CERTIFICÓ UN CAPITÁN DE Cuauhtemoc de los que se hallaron en la batalla. Y quiso Dios que llegara Cortés con los capitanes hacia la zona en la que estaba el caudillo de los mexicanos con su bandera tendida, ricas armas de oro y grandes penachos de argentería; y como vio Cortés al que llevaba la bandera, junto a otros muchos mexicanos equipados con grandes penachos de oro, el
extremeño dijo a Pedro de Alvarado, a Gonzalo de Sandoval y a Cristobal de Olí y a los demás capitanes: «Ea, señores, rompamos con ellos».
y encomendándose a Dios, arremetió Cortés y Cristóbal de Olí, y Sandoval y Alonso de Ávila y otros caballeros, y Cortés dio un encuentro con el caballo al caudillo mexicano, que le hizo abatir su bandera, y el resto de nuestros capitanes acabaron de romper el escuadrón, que eran muchos indios; y quien siguió al capitán que traía la bandera, que aún no había caído del encuentro que Cortés le dio, fue Juan de Salamanca, con una buena yegua overa, que le acabó de matar y le quitó el rico penacho que traía, y se le dio a Cortés, diciendo que, ya que él lo encontró primero y le hizo abatir la bandera e hizo perder el brío, le daba el plumaje (...).
Volvamos a nuestra batalla, que Nuestro Señor Dios fue servido que, muerto aquel jefe indígena que traía la bandera mexicana y otros muchos que allí murieron, aflojó su batallaride arte, que se iban retrayendo; y todos los de a caballo siguiéndoles y alcanzándoles. Pues a nosotros no nos dolían las heridas ni teníamos hambre ni sed, sino que parecía que no habíamos sufrido ningún mal trabajo.
Seguimos la victoria matando e hiriendo. Pues nuestros aliados los de Tlaxcala estaban hechos unos leones, y con sus espadas y montantes y otras armas que allí apañaron, hacíanlo muy bien y esforzadamente.
Ya vueltos los de a caballo de seguir la victoria, todos dimos muchas gracias a Dios, que escapamos de tan gran multitud de gente; porque no se había visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que se haya dado, tan gran número de guerreros juntos; porque allí estuvieron la flor de México y deTezuco y Saltocan, con la intención de que aquella vez no quedara vivo ninguno de nosotros.
Pues qué andas tan ricas que traían, con tanto oro y penachos y divisas, y todos los más caudillos y personas principales, y allí junto donde fue esta reñida y nombrada y temerosa batalla para en estas partes (...), había cerca un pueblo que se dice Otumba: la cual batalla tienen muy bien pintada, y en retratos entallada los mexicanos y tlaxcaltecas, entre otras muchas batallas que con los mexicanos hubimos hasta que ganamos a Tenochtitlán.
Y tengan atención los curiosos lectores que esto leyeren, que quiero traer aquí a la memoria que cuando entramos al socorro de Pedro de Alvarado en México fuimos sobre más de 1.300 soldados, con los de a caballo, que fueron 97, y 80 ballesteros y otros tanto escopeteros, y más de 2.000 tlaxcaltecas, y metimos mucha artillería; y fue nuestra entrada en México día de señor San Juan de junio de 1520 años, y fue nuestra salida huyendo a 10 del mes de julio del año siguiente, y fue esta nombrada batalla de Otumba a 14 del mes de julio.
Bernal Díaz del Castillo Militar y cronista castellano (1492-1584). Fragmento de «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España».

EL UNIVERSO TALLADO EN PIEDRA


LOS CONQUISTADORES ESPAÑOLES no les gustaba el aspecto de aquella gran piedra. Era extraña y los símbolos que la adornaban lo eran mucho más. Podía estar maldita, y por eso decidieron enterrarla y perder su rastro.
De forma circular, con más de 3,6 metros de diámetro y 24 toneladas métricas de peso, el Gran Calendario Azteca permaneció 250 años sepultado bajo tierra hasta que un grupo de albañiles lo encontró, en 1790, con motivo de las obras de construcción de la catedral que hoy ocupa el centro geográfico del antiguo imperio de Tenochtidán.
En esta evidencia palpable de los grandes conocimientos de matemáticas y astronomía cultivados por los aztecas, estaban grabados los días, los meses, los soles y los ciclos cósmicos; todos ellos, a su vez, se encontraban resaltados en tres colores: rojo, amarillo y blanco.
Los astrónomos habían tardado más de 52 años en tallar el calendario. En él se encuentra recogida una particular visión cosmogónica del universo. Así, para los aztecas, la eternidad como tal no existe y el mundo está condenado a crearse y destruirse un total de cinco veces.
Cuando los conquistadores llegaron al Nuevo Mundo, los aztecas creían que estaban en la quinta edad. Antes, la vida había sido creada y destruída cuatro veces por culpa de inundaciones, lluvias volcánicas, desprendimientos del cielo y grandes meteoritos. Por su parte, los seres humanos habían existido desde el principio aunque, para sobrevivir, habían tenido que transformarse en pájaros, perros y monos.

HERNAN CORTES, AUDAZ E IMPERTINENTE


A PALABRA QUE MEJOR RESUME las acciones de Cortés es «audacia»; contiene un rastro de imaginación, de impertinencia y la capacidad de llevar a cabo lo inesperado, cosas que la diferencian del simple valor. (...) No precisa creer en ninguna teoría especial, según la cual los grandes hombres dominan la Historia, para ver que la combinación de inteligencia y prudencia, de valor y de buen juicio político propia de Cortés fue decisiva en los extraordinarios acontecimientos de México entre 1519 y 1521. El ejemplo de Cortés inspiró a muchos. Alonso de Navarrete, que le acompañó en toda la campaña, comentó, en su juicio de residencia, refiriéndose a Otumba: «Si el dicho Don Hernando faltara en aquel rencuentro e batalla no se escapara español alguno... este testigo vido tantas cosas señaladas quel dicho Don Hernando hizo (oo.) que a este testigo le parescia que en mucho papel no podia escrivir fielmente».
En 1524 Cortés envió a Carlos V un cañón de plata. La plata procedía de Michoacán. Lo llamó el Fénix. En él había hecho inscribir estos versos:
Aquesta nació sin par,
Yo en serviros sin segundo,
Vos sin igual en el mundo.
Como se presuraron a señalar los celosos de Sevilla, la ofrenda era extravagante. (...) Esta vez, el regalo llegó a España. Donde pronto lo fundieron para quedarse con la plata. (...) El nombre del cañón no carecía de ironía. Pues Cortés había establecido un impuesto llamado «el fénix» sobre todo el oro y la plata extraídos en México (...). No obstante era un nombre apropiado: hoy, .los tomates y el maíz se cosechan en el valle del Guadiana donde nació Cortés; y una sociedad nueva y con el tiempo extraordinaria, poseedora de su propia magia, se alzó de las cenizas de la vieja Tenochtitlán.
Hugh Thomas Extrocto de «La conquista de México»

DESCUBRE EL PACIFICO Y ES AJUSTICIADO


N 1513, VEINTiÚN AÑOS después de la llegada de Colón a América, los españoles dieron con «la mar oceána» que separaba el Nuevo Mundo de Asia. Lo encontró Vasco Núñez de Balboa en la parte más estrecha del Nuevo Mundo: el istmo de Panamá. Balboa era alcalde y gobernador provisional de Santa María de Darién, la primera ciudad fundada en la América continental (1510). Explorando la región llegó a las tierras de un cacique, en pos de oro. El hijo del cacique le explicó que donde debía buscarlo era «en la otra mar». Era la primera vez que los espanoles disponían de un testimonio confirmando que existía otro oceáno. Con los informes del indígena, Núñez de Balboa organizó una expedición de 190 hombres. Cruzó el Istmo y el 29 de septiembre de 1513 divisó el Pacífico. Tomó posesión de él, en nombre de la reina Juana
de Castilla, probó el agua ante un escribano, comprobó que era salada y bautizó el oceáno como Mar del Sur.
Pero el descubridor cayó en desgracia.. Siete años después fue ajusticiadopos su rival, el goberbador Pedro Arias Dávila, que fundó la ciudad de Panamá.

sábado, octubre 07, 2006

EL CANO, DE FUGITIVO A HEROE NACIONAL


UAN SEBASTIÁN ELCANO fue casi un héroe por accidente. Se enroló en la expedición de Magallanes, en buena medida, para huir de la Justicia. Había vendido su barco, una nave de 200 toneladas, con armamento y munición, a Saboya, que entonces era enemiga de España, lo cual constituía un delito de traición. Pensó que yéndose al fin del mundo, nadie se acordaría de él. Dicho y hecho. Logró el puesto de maestre (segundo de a bordo) de la nao Concepción y zarpó rumbo a las Islas de las Especias.Había nacido en Guetaria (Guipuzcoa) en 1476. Tenía, por tanto, 43 años. Su experiencia como marino estaba más que probada. Sus padres tenían un negocio de pesca y él
mismo llegó a ser armador. Había participado en la conquista de Orán (1509); y en las campañas navales de la guerra de Italia con el Gran Capitán. Pero se vio obligado a vender su barco a mercaderes a sueldo del Duque de Saboya, debido a un serio agobio económico.Cuando, tras la muerte de Magallanes, se hizo con el mando demostró sus dotes de navegante y también de caudillo. A diferencia del portugués, que trató a sus hombres con excesiva dureza, Elcano supo conjugar la energía con la cordialidad. Dado lo delicado de las situaciones que hubieron de arrostrar, les exigía mucho, pero al propio tiempo les insuflaba ánimo cuando sus fuerzas flaqueaban.
AL LLEGAR A ESPAÑA, Elcano fue recibido por Carlos V en Valladolid. Le entregaron un escudo de armas en el que figuraba un globo terráqueo con la divisa en latín: Primum circundedisti me (Fuiste el primero que me rodeaste). Además, fue premiado por el Emperador con un sueldo vitalicio de 500 ducados de oro anuales. Pero el navegante no las tenía todas consigo. El antiguo fugitivo no se quedó tranquilo hasta que no solicitó formalmente al César el perdón por la venta de su barco a los saboyanos. Ni que decir tiene que Carlos V se lo concedió.
Pero apenas pudo disfrutar de la gloria. Le perdió la sed de aventura. Sólo tres años después de regresar, se embarcó en una nueva expedición rumbo a las Molucas, repitiendo la ruta de Magallanes.
Iba de lugarteniente de Jofre García de Loaysa. La flota (siete barcos) fue destruida y dispersada y sólo quedó la navecapitana. El escorbuto fue diezmando a los supervivientes.
Elcano alcanzó el Pacífico pero no llegó a ver, de nuevo, las Islas de las Especias. Falleció a bordo, en plena travesía, en agosto de 1526.

RESPONSABILIDAD DE CARLOS V

ODOS LOS TESTIMONIOS, todos los indicios, todas las pruebas que hoy tenemos, apuntan a que los marqueses de Denia, (jefes de la Casa de doña Juana) se aprovecharon míseramente de su ventajosa situación, tanto él como ella, abusando de su poder y maltratando, de una forma u otra a la infeliz Reina y a la desvalida Infanta Catalina. Catalina escaparía a ese infiemo cuando -y también por razones de Estado- su imperial hermano cerró su acuerdo matrimonial con Juan III, el Rey portugués; un acuerdo doble, porque también entrañaba el del propio Carlos V con la hermana de Juan Ill, la princesa Isabel. Pero doña Juana seguía siendo la cautiva de Tordesillas, a merced de los marqueses de Denia.
¿Cuál fue la responsabilidad de CarlosV en todo ello? ¿Cómo quien se muestra con tan fuerte carga ética en todas sus acciones políticas pudo dejar a su madre a merced de aquel personaje, de tan dudosa actuación? Confieso que ha sido algo que me ha llenado de asombro, tras tantas veces como había visto proceder al Emperador con tan acusada responsabilidad moral en el gobierno de sus pueblos, en el trato con sus aliados, incluso en el mantenido con sus adversarios. Aquel que cuando hace treguas con el Turco le pide a su hijo que las mantenga, ...porque es razón lo que he tratado y tratéis, se guarde de buena fe con todos, sean infieles o otros, y es lo que conviene a los que reinan y a todos los buenos...
Siempre había visto en Carlos V al caballero de la Orden del Toisón de Oro, al Príncipe cristiano, al recto Emperador de la Cristiandad. ¿Y había sido capaz de olvidarse de su propia madre? ¿Había algo que justificara su conducta? Estaba, claro es, la siempre invocada razón de Estado. .
(...) ¿Había sabido escoger CarlosV? ¿Había dado demasiadas atribuciones al marqués? ¿Había vigilado como debía su actuación?
Manuel Fernández Álvarez

viernes, octubre 06, 2006

ROGER DE FLOR,UN ADALID MÍTICO EN BARCELONA

L MÍTICO ADALID almogávar Roger de Flor no era catalán sino siciliano, e hijo de alemán e italiana, lo que no le impidió sentirse súbdito aragonés ni ponerse bajo la autoridad del condado de Barcelona, pues en aquella patria grande que fue la Europa medieval las fronteras regionales aún no habían hecho mella en la conciencia de las personas. Roger de Brindisi, que así se llamaba el caballero antes de adoptar el otro más heráldico, fue un hombre culto que dominaba el latín y el griego, tenia rentas patrimoniales en la isla de Malta y era vicealmirante de la flota siciliana cuando a finales del trescientos, el basileo de Bizancio pidió al rey de Sicilia que le defendiese del avance otomana. Federico III, el hermano discolo del rey Jaime de Aragón que gobernaba con autonomía la isla, no quería enviar tropas regulares, así que decidió que la ocasión era propicia para dar empleo a las numerosas partidas de almogávares catalano- aragoneses que tan destacado papel habían jugado desde 1282.Para los nuevos escenarios de su lucha -los restos del imperio bizantino, con Grecia incluida-, encontró un jefe adecuado, un hombre de espíritu caballeresco que vio en la empresa de Bizancio la puerta franca hacia la gloria.
POCO TIEMPO TARDÓ Roger de Flor en conseguir la meta que se había propuesto Era un camino arduo, pero el esforzado caudillo logró victorias fulminantes y la fama de la Gran Compañía se extendió por todo el orbe mediterráneo. Y aunque en principio la campaña no se inscribió en la política expansionista de la Corona de Aragón ni en la estrategia militar siciliana, lo que era mero compromiso hacia Bizancio, pronto se transformó en una de las aventuras históricas más sorprendentes y singulares del Medievo europeo. Roger acorraló a los turcos en el monte Tauros, a las puertas de Cilicia, y conquistó numerosas ciudades sin apenas resistencia.
Fue nombrado duque, almirante y más tarde césar. Pero su ambición le perdió y los consejos prudentes de su esposa, que conocía los ardides de la Corte de Bizancio, no fueron suficientes para disuadirle de acudir al banquete en el que el heredero Miguel le tendió una celada fatal.
Roger de Flor murió asesinado y su desaparición provocó la célebre y tenebrosa venganza catalana.
I.M.

SEVILLA SE RINDE ANTE EL BLOQUEO NAVAL DE BONIFAZ

FERNANDO III, REY DE CASTIILLA y LEÓN, le cuadraba divinamente ese refrán que dice: «A Dios rogando y con el mazo dando». Dios recibía sus ruegos; Los infieles, sus mazazos. Convirtió ambos gestos, especialmente el segundo, en la misión-obsesión de su vida.
Nacido en el año 1199, hijo de Alfonso IX y de doña Berenguela, unificó los reinos de Castilla y León. Y a continuación se aplicó al mencionado objetivo que había fijado como centro supremo de su existencia. Su lema era: «Darle fierro al infiel>, expeditivo método para devolver la tierra a los hijos de Cristo por el procedimiento de arrebatársela a los de Mahoma.
En el 1234 se puso concienzudamente a la tarea. Ese mismo año ocupó Úbeda. Luego, en 123 6, Andújar, Baeza y Córdoba. En 1243, Murcia. En 1246, Jaén y de momento empezó a pensar en Sevilla. Nada menos. Fernando la veía desde la fortaleza de Alcalá de Guadaira, que había tomado tras una serie de expediciones de saqueo por tierras de Carmona. Corría ya el año 1 247.
Sevilla se ahogaba porque las tropas de Fernando, con la espada o con la pluma de los pactos, tenían ya en su poder, además de Carmona y Alcalá de Guadaira, Lorea, Guillena, Gerena, Cantillana y Alcalá del Río. Entonces, Sevilla sólo respiraba por mar, a través del pulmón liquido que constituía el Guadalquivir. Pero las naves de la primera flota castellana, al mando del almirante Ramón de Bonifaz, bloquearon el río y le cortaron a la ciudad andaluza el riego sanguíneo.
Una vez caída Córdoba y dejando todavía a un lado Granada, Sevilla era un regalo para la cristiandad. Su conquista suponía un avance militar, político y psicológico de primer orden para los creyentes. Así que a sus golosas puertas se reunió lo más selecto de la nobleza castellana. Pero la ciudad resistió y, durante meses, se produjeron escaramuzas en las que ningún bando cobró ventaja. Sin embargo, el 3 de mayo de 1248, Bonifaz rompió el puente de barcas que unía Sevilla con Triana, a través del cual se abastecía la población.
Empezó el hambre. Y con ella, la auténtica debilidad de los defensores. Las sucesivas embajadas de notables musulmanes que, a espaldas de los jefes militares, se entrevistaron con Fernando para pactar las condiciones de rendición no encontraron en éste flexibilidad alguna. Rendición incondicional. Eso era todo.
No tardó mucho en llegar. El 23 de noviembre, el rey tomó el Alcázar y dio un plazo de un mes para que la población musulmana abandonara el resto de la ciudad. Puso a su disposición una serie de pequeñas naves. Pero la mayoría prefería pasar a las restantes tierras musulmanas de la Península. El 22 de diciembre de 1248, un mes después de la toma del Alcázar, la ciudad entregaba sus llaves al rey cristiano. Una conquista recíproca. Los vencedores, hijos de la austeridad castellana y la severidad religiosa, se quedaron prendados de la riqueza y, llamémosla, alegría de los monumentos y calles. Sevilla era otro mundo.
Su caída supuso un hito en el proceso de Reconquista. En cierto modo lo frenó porque impuso la necesidad de consolidar y organizar un gran y rico territorio: la Baja Andalucía. Fernando, que no era sólo un obseso de la guerra, se entregó a ello. Repartió las tierras entre las órdenes militares y eclesiásticas, entre los nobles y los plebeyos.
Lo hizo en forma de heredamientos y donamos. Los primeros se entregaron a los repobladores que sustituyeron a los moros expulsados. Los segundos a quienes, de una forma directa o indirecta, con las armas o el dinero, habían contribuido a la tarea. Y se preocupó especialmente del ordenamiento jurídico y de otros aspectos unificadores. Por ejemplo, la adopción de la dobla como moneda áurea en sustitución del maravedí, que permanecería en Castilla únicamente como moneda de cuenta.
Pero Fernando III, no abdicó del todo de sus entusiasmos guerreros. A pesar de que no se encontraba muy «católico» de salud, se le ocurrió llevar su cruzada a África, al mismo corazón del invasor. Así pretendía evitar nuevas invasiones musulmanas, como la de los almorávides o los almohades.
El rey Fernando ni siquiera pudo cruzar el Estrecho. Murió en su querida Sevilla e130 de mayo de 1252. Allí, en la capilla real de la Catedral, yace enterrado. Su hijo Alfonso, uno de sus 13 vástagos, frutos de sus dos matrimonios, heredó el trono a los 32 años. Pasará a la historia cón el nombre de Alfonso X «el Sabio». Su padre, paladín de.la cristiandad, fundador de las catedrales de Burgos y Toledo, así como de la Universidad de Salamanca, fue llamado ya para siempre «El Santo», tras su canonización en 1671 por parte del Papa Clemente X.Carlos Toro

LA BATALLA DE KULIKOVO

ASARÁ UNA GENERACIÓN y le sucederá la siguiente; nacerán vidas y acontecerán muertes, pero nadie en el glorioso pueblo de los mongoles podrá olvidar jamás a los guerreros que combatieron contra el príncipe Dmitri en el campo de Kulikovo.
Hasta el mismo momento antes de que comenzara el combate temí que los rusos eludieran el enfrentamiento. Una neblina espesa descendió sobre la llanura y durante un buen tiempo perdimos incluso la posibilidad de contemplar a nuestros adversarios (...) Pero cuando la duda se hacía más dolorosa comenzó a soplar un vientecillo y la niebla se disipó. Lo que entonces apareció ante nuestros ojos fueron los soldados extrañamente ataviados de DmitrL
Aquella visión no nos causó ningún temor. Parecían tan pocos, tan débiles, tan inferiores que sólo sirvió para encender en nuestros corazones un deseo incontenible de arremeter contra ellos y acabar cuanto antes con su intolerable osadía (...).
Sólo cuando las flechas clavadas en los cuerpos enemigos convirtieron el campo en un terreno similar a un trigal cubierto de espigas recibimos la orden de embestir. Las espadas mongolas fueron forjadas para golpear desde una montura, cayendo y cortando vidas a su paso con la misma fuerza que el rayo. En Kulikovo dejaron de manifiesto la sabiduría de aquéllos que las habían creado. Mientras sujetaba las riendas entre los dientes y guiaba mi caballo con el impulso de las piernas, fui deshaciendo los miembros y los cráneos de todos aquéllos que se cruzaban a mi paso. A lo lejos vislumbré a un joven de largas vestiduras grises. Sujetaba entre sus manos.la de un moribundo pero, de repente, la soltó, se puso en pie y se llevó 1a mano a la frente en la ejecución de lo que me pareció un gesto cuyo significado no lograba penetrar. Entonces sucedió algo inesperado. o/
De repente,pareció que el aire -el mismo que sirvió de puente a nuestras flechas tártaras ,se detenía. Los caballos separaron como si les faltara el aliento y,por un.instante, dio la impresión de que los hombres dejaban' su brega. En ese mismo momento --sería la novena hora- cambió la dirección del viento. Si hasta entonces parecía haber empujado a nuestros guerreros al encuentro del enemigo, ahora dio la impresión de que se alzaba como un muro que nos impedía acercarnos a ellos (...).
LO VI EN ESE MISMO INSTANTE. Montaba un caballo negro y en su cabalgada flotaba en el viento su capa de un color azul tan oscuro que casi parecía similar al de su montura. ¿Cuántos hombres lo seguían? No sabría decirlo. No eran muchos. Sin embargo, su irrupción en el campo resultó terrible (...). Sorprendido, contemplé cómo decapitaba de un solo tajo de su espada a dos de mis compañeros y cómo, a continuación, destrozaba el dispositivo con el que habíamos comenzado a cercar. a los hombres de Moscú.
(...) Estábamos tan seguros de nuestra victoria, era tan grande la convicción que nos embargaba de que aquel encuentro se zanjaría con nuestro triunfo que aquel ligero retroceso ocasionado por el hombre de la capa azul oscuro y sus secuaces nos sumió en el más profundo desconcierto. (...) Entonces, aquellos rusos comenzaron a herir los corceles que
montábamos. Con picas, espadas y cuchillas, los desjarretaban y despanzurraban y, una vez que habían derribado a nuestros jinetes, los remataban a golpes.
Mientras, miraba en torno mío, grité con la intención de reagrupar a rnis compañeros. Resultó inútil. (...) Piqué espuelas a micabapo con la intención de llegar hasta aquel joven vestido de ,gris y,por lo menos, destrozarle la cabeza cou:mi espada. No pude conseguirlo. Como si formaran una riada., los guerreros,que retrocedían me ernpujaron en la dirección opuesta.Apenas había reculado unos pasos cuándo descubrú que los rusos nos estaban empujando hacia el río..No tardamos mucho en llegar hasta la orilla y pronto pude contempIar como los nuestros se arrojaban al agua para intentar cruzar la, corriente y ponerse asalvo.(.. )
Entonces volví a vedo. Cojeaba jadeante mientras la sangre se le concentraba en el rostro proporcionándole un tinte rojizo. Esta vez -estaba decidido- .no se salvaría, como había acontecido unos momentos antes.
Extraje una flecha la última- de mi carcaj de cuero y la coloqué sobre el arco. Alcé el arma con cuidado y apunté con atencion. Podía ser el último muerto que ocasionara en mi vida y, por eso,deseaba asegurarme de no fallar. En ese mismo instante, mi cabeza se convirtio en un torbellino. Reconocí que aquel rostro no era otro que el del halcon que en sueños no había podido cazar. También era el del joven al que había clavado una flecha tan solo unos días antes...
Todo mi cuerpo se sintio invadido en ese instante por la sensacion de que no podría darle muerte jamás. Algo extraño -¿alguien quizá?-le otorgaba una proteccion que yo y mis armas éramos incapaces de quebrantar. Aterrado, dejé caer al suelo el arco. (...) Obligué a mi montura a girar sobre sí misma y galopar hacia el río. Ahora era urgente que me pusiera a salvo.
Fuentes:CésarVidal
Extracto de «El yugo de los tártaros» (SM)
LA BATALLA DE KULIKOVO
(Imagen, conmemoración del 625 años de la batalla de Kulikovo)

ACTA DE INSTALACION DE LAS CORTES GENERALES Y EXTRAORDINARAS




España. Consejo de Regencia

on Nicolás María de Sierra, Secretario de Estado y del Despacho universal de Gracia y Justicia, o interino de Hacienda y Marina, Notario mayor de los Reinos, etcétera, etcétera.
Digo: Que constituido en esta Real isla de León el Consejo de Regencia desde el día 22 del corriente a esperar el momento deseado de la instalación de las presentes extraordinarias Cortes generales, después de haber reiterado la convocatoria acordada ya, y circulada por la Junta Central; y prefijado para su apertura el presente día; habiendo hecho que precediera una solemnísima rogativa pública por tres días, para implorar del Padre de las luces las que exigen para el acierto los sublimes objetos de un Congreso, de que no hay ejemplar en los siglos que han antecedido, por la generalidad y universalidad de la representación nacional con que se ha procurado convocar y organizar; habiéndose dispuesto que para llenar en lo posible la que corresponde a las Provincias desgraciadamente ocupadas por el enemigo, se practicasen elecciones de Diputados suplentes entre los emigrados de ellas, presidiéndolas los primeros magistrados de la Nación; subsiguiéndose a esto el implorar de nuevo la inspiración divina por medio de la Misa del Espíritu Santo, que acordó el Consejo de Regencia, y debía celebrar de pontifical el Cardenal de Scala, Arzobispo de Toledo, en virtud de un Decreto formal del día de ayer con otros actos de religión análogos al intento; llegado ya el instante en que debía realizarse la instalación, se dispuso que congregados todos los señores Diputados de las Provincias libres y suplentes de las ocupadas, en el Real Palacio de la Regencia, saliesen formados con el Consejo Supremo, y se dirigiesen a la iglesia parroquial en esta Isla, donde había de celebrarse la Misa votiva del Espíritu Santo, cantarse antes o después el himno Veni Sancte Spiritus, y enseguida, precediendo una ligera insinuación exhortatoria, se hiciese por los señores Diputados y suplentes la profesión de la fe y el juramento que debían prestar.
Todo lo cual se preparó y ejecutó con el aparato majestuoso que requería el interés y sublimidad del objeto, habiéndose congregado en dicho Palacio y sala destinada para su recibo los señores:
-Don Benito Ramón de Hermida, Diputado por el Reino de Galicia;
-El Marqués de Villafranca, por el de Murcia;-
-Don Felipe Amat, por el principado de Cataluña;
-Don Antonio Oliveros, por la provincia de Extremadura;
-Don Ramón Pover, por la isla de Puerto Rico;
-Don Ramón Sans, por la ciudad de Barcelona;
-Don Juan Valle, por Cataluña;
-Don Plácido de Montoliu, por la ciudad de Tarragona;
-Don José Alonso y López, por la Junta superior de Galicia;
-Don José María Suárez de Rioboo, por la provincia de Santiago;
-Don José Cerero, por la de Cádiz;-Don Manuel Ros, por la de Santiago;
-Don Francisco Papiol, por Cataluña;
-Don Pedro María Ric, por la Junta superior de Aragón;
-Don Antonio Abadín y Guerra, por la provincia de Mondoñedo;
-Don Antonio Payán, por la de La Coruña;
-Don Juan Bernardo Quiroga, por la de Orense;
-Don José Ramón Becerra y Llamas, por la de Lugo;
-Don Pedro Ribera y Pardo, por la de Betanzos;
-Don Luis Rodríguez del Monte, por idem
-Don Antonio Vázquez de Parga, por la de Lugo;
-Don Manuel Varcárcel, por idem;
-Don Francisco Morrós, por Cataluña;
-Don José Vega y Sentmenat, por la ciudad de Cervera;
-Don Félix Aytés, por Cataluña;
-Don Ramón Urgés, por idem;
-Don Salvador Viñals, por idem
-Don Jaime Creus, por idem;
-Don Ramón de Lledós, por idem;
-Don José Antonio Castellarnau, por idem;
-Don Antonio María de Parga, por la provincia de Santiago;
-Don Francisco Pardo, por idem;
-Don Vicente Terrero, por la de Cádiz;
-Don Francisco María Riesco, por la Junta superior de Extremadura;
-Don Gregorio Laguna, por la ciudad de Badajoz;
-Don Vicente de Castro Lavandeyra, por la provincia de Santiago;
-Don Domingo García Quintana, por la de Lugo;
-Don Andrés Morales de los Ríos, por la ciudad de Cádiz;
-Don Antonio Llaneras, por la isla de Mallorca;
-Don Ramon Lázaro de Dou, por Cataluña;
-Don Alonso María de la Vera y Pantoja, por la ciudad de Mérida;
-Don Antonio Capmany, por Cataluña;
-Don Juan María Herrera, por Extremadura;
-Don Manuel María Martínez, por idem;
-Don Alfonso Núñez de Haro, por la provincia de Cuenca
-Don Pedro Antonio de Aguirre, por la Junta superior de Cádiz;
-Don Joaquín Tenreyro Montenegro, por la provincia de Santiago;
-Don Benito María Mosquera, por la ciudad de Tuy;
-Don Bernardo Martínez, por la provincia de Orense;
-Don Pedro Cortinas, por idem;
-Don Diego Muñoz Torrero, por la de Extremadura;
-Don Manuel Luján, por idem;
-Don Antonio Durán de Castro, por la de Tuy;
-Don Agustín Rodríguez Bahamonde, por idem;
-Don Francisco Calvet y Rivacoba, por la ciudad de Gerona;
-Don José Salvador López del Pan, por la ciudad de la Coruña;
-Don José María Couto, suplente por Nueva España;
-Don Francisco Munilla, suplente por idem;
-Don Andrés Savariego, suplente por idem;
-Don Salvador San Martín, suplente por idem;
-Don Octaviano Obregón, suplente por idem;
-Don Máximo Maldonado, suplente por idem;
-Don José María Gutiérrez de Terán, suplente por idem;
-Don Pedro Tagle, suplente por Filipinas;
-Don José Manuel Couto, suplente por idem;
-Don José Caicedo, suplente por el Virreinato de Santa Fe;
-Marqués de San Felipe y Santiago, suplente por la isla de Cuba;
-Don Joaquín Santa Cruz, suplente por idem;
-Marqués de Puñoenrostro, suplente por Santa Fe;
-Don José Mejía, suplente por idem;
-Don Dionisio Inca Yupangui, suplente por el Virreinato del Perú;
-Don Vicente Morales, suplente por idem;
-Don Ramón Feliu, suplente por idem;
-Don Antonio Suazo, suplente por idem
Don Joaquín Leyba, suplente por Chile;
-Don Miguel Riesco, suplente por idem;
-Don Francisco López Lisperguer, suplente por el Virreinato de Buenos Aires;
-Don Luis Velasco, suplente por idem;
-Don Manuel Rodrigo, suplente por idem;
-Don Andrés de Llano, suplente por Guatemala;
-Don Manuel de Llano, suplente por idem;
-Don José Álvarez de Toledo, suplente por la isla de Santo Domingo;
-Don Agustín Argüelles, suplente por el principado de Asturias;
-Don Rafael Manglano, suplente por la provincia de Toledo
-Don Antonio Vázquez de Aldana, suplente por la de Toro
-Manuel de Aróstegui, suplente por la de Álava
-Don Francisco Gutiérrez de la Huerta, suplente por la de Burgos;
-Don Juan Gallego, suplente por la de Zamora
-José Valcárcel, suplente por la de Salamanca;
-Don José Zorraquín, suplente por la de Madrid
-Don Manuel García Herreros, suplente por la de Soria
Don José de Cea, suplente por la de Córdoba
Don Juan Clímaco Quintano, suplente por la de Palencia;
-Don Jerónimo Ruiz, suplente por la de Segovia;
-Don Francisco de la Serna, suplente por la de Ávila
Don Francisco Eguía, suplente por el señorío de Vizcaya;
-Don Evaristo Pérez de Castro, suplente por la provincia de Valladolid;
-Don Domingo Dueñas, suplente por la de Granada;
-Don Francisco de Sales Rodríguez de Bárcena, suplente por la de Sevilla
Don Francisco Escudero, suplente por la de Navarra
Don Francisco González, suplente por la de Jaén;
-Don Esteban Palacios, suplente por la de Caracas;
-Don Fermín de Clemente, suplente por Caracas;
y,-Don Francisco Fernández Golfín, Diputado por Extremadura.
Salieron todos a las nueve y media en punto de esta mañana formados con el Consejo de Regencia, estando tendida toda la tropa de Casa Real y la del ejército acantonado, y dirigiéndose a la iglesia parroquial, se celebró por aquel Prelado la Misa, en la cual, después del Evangelio y de una breve y sencilla exhortación que hizo el Serenísimo señor Presidente don Pedro Quevedo, Obispo de Orense, se pronunció por mí por dos veces en alta voz la siguiente fórmula del juramento:
«¿Juráis la santa Religión Católica, Apostólica, Romana, sin admitir otra alguna en estos Reinos? ¿Juráis conservar en su integridad la Nación española, y no omitir medio para libertarla de sus injustos opresores? ¿Juráis conservar a nuestro muy amado Soberano el Señor Don Fernando VII todos sus dominios, y en su defecto a sus legítimos sucesores, y hacer cuantos esfuerzos sean posibles para sacarlo del cautiverio y colocarlo en el Trono? ¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la Nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la Nación?»

Y habiendo respondido todos los señores Diputados: «Sí, juramos», pasaron de dos en dos a tocar el libro de los Santos Evangelios, y el señor Presidente, concluido este acto, dijo: «Si así lo hiciereis, Dios os lo premie; y si no, os lo demande».
Se siguió inmediatamente el himno Veni Sancte Spiritus y el Te Deum entonado con gravedad y solemnidad, y finalizada esta función, desde la iglesia bajo la misma formación caminaron a la sala de Cortes, y, habiendo ocupado sus lugares los Sres. Diputados y suplentes, y constituídose sobre el trono el Consejo de Regencia, dijo el señor Presidente un discurso muy enérgico, aunque breve, en que manifestando el estado de alteración, desorganización y de confusión del tiempo en que se instaló, y los obstáculos, al parecer invencibles, que presentaban entonces las circunstancias, para desempeñar dignamente y con los ventajosos efectos que se apetecían, un encargo tan grave y peligroso, concluyó dando el testimonio más irrefragable del patriotismo y sentimientos generosos del Consejo de Regencia, expresando que dejaba al más alto discernimiento y luces de las Cortes la elección y nombramiento de Presidente y Secretarios de aquel augusto Congreso. Con lo cual se finalizó el acto, quedaron instaladas las Cortes, y se retiró el Consejo de Regencia a su Palacio, habiéndose observado en todos estos actos la majestad y circunspección propia de la más noble, generosa y esforzada de las Naciones, y un regocijo y aplausos en el pueblo muy difíciles de explicarse.
De todo lo cual certifico como tal Notario mayor.
Real isla de León, 24 de septiembre de 1810.
NICOLÁS MARÍA DE SIERRA.
(Archivo del Congreso)

jueves, octubre 05, 2006

NAPOLEON REVOLUCIONA EL ARTE DE LA GUERRA

L GENERAL BONAPARTE, veterano de las campañas de Italia y Egipto, ya había dejado de manifiesto que era mucho más que un aprovechado alumno de los maestros militares franceses. Aunque educado según los principios de Lazare Camot y de los hermanos Du Teil que tanto le ayudaron en los primeros pasos de su brillante carrera militar, el ahora emperador de Francia supo aprovechar logros del pasado y sumarIos durante los últimos años a innovaciones de especial relevancia en el campo de batalla. La infantería napoleónica es, en ese momento, la primera de Europa. Aunque el uso de formaciones como la columna y la línea distaba mucho de ser original, Napoleón logró sumar a eso elementos la creación de una infantería que podría denominarse ligera.
Sus componentes eran reclutas bisoños o voluntarios novatos cuyo entrenarmento y veteranía resultaban insuficientes para permitirles maniobrar de una forma más convencional pero cuya efectividad final resultó innegable. Desde septiembre de 1804, todos los regimientos franceses recibieron la orden de convertir una de sus compañías de fusileros en voltigeurs o unidades ligeras. Estos voltigeurs sirvieron,por ejemplo, a Napoleón para ocultar sus maniobras a las fuerzas enemigas. De mayor importancia aún fueron los aportes introducidos por Napoleón en el arma de caballería. A semejanza de lo sucedido con la infantería, el emperador de los franceses creó unidades de carácter ligero. Los lanceros o chevau-légers-lanciers, por ejemplo, proporcionaban a los regimientos pesados una capacidad de reconocimiento impensable en otro ejército europeo.
De la misma manera, unidades como los cazadores a caballo o los húsares cumplían un papel de extraordinaria importancia cubriendo retiradas, despistando a las tropas enemigas en la detección de los avances militares o combatiendo en el campo de batalla. Los dragones -otro de los grandes aportes de Bonaparte- incluso se convirtieron en una especie de unidad de caballería intermedia entre las pesadas y las ligeras. Útiles en combate directo,desempeñaban funciones relevantes en la protección de los flancos y en tareas de reconocimiento. Posiblemente, donde Napoleón mostró con más claridad su talento militar en relación con la caballería fue en su utilización como un arma ofensiva independiente, algo absolutamente inusitado para sus oponentes. Sus ataques con masas compactas de caballería en Jena o Eylau tuvieron un efecto paralizante, primero, y aniquilador después; sobre las mejores fuerzas armadas del continente. Sin embargo; a pesar de sus éxitos en la utilización de la infantería y de la caballería, no debe olvidarse que Napoleón fue educado como artillero y que esta circunstancia tuvo una especial trascendencia en su revolución del arte de la guerra. En contra de la opinión de distintos teóricos de la, artillería, Napoleón modificó el calibre de sus cañones de manera radical. Así, los pertenecientes al calibre 4 fueron sustituidos de manera prácticamente total por los del 6 Y los del 8 por otros del 12. No sólo se trató de un aumento de calibre. El emperador además transformó la artillería de arma de apoyo en un arma ofensiva que hizo converger con terribles consecuencias sobre un punto concentrado de las líneas enemigas.
Además, desde 1800, Napoleón realizó un esfuerzo considerable para que el ejército francés contara con conductores encargados exclusivamente del traslado lo más rápido posible de las piezas artilleras. Estas importantes innovaciones llegaron complementadas por el desarrollo específico de dos pilares del ejército imperial. Nos estamos refiriendo a la intendencia y al mando. La primera no era ciertamente perfecta, pero Napoleón supo consagrar un sistema de despojo y requisa de aquellas zonas por donde pasaban sus hombres que prácticamente aseguraban su alimentación y abastecimiento.
En cuanto al segundo, su sofisticación fue comparativamente extraordinaria. Sin temor a exagerar, puede decirse que no contaba con el más mínimo paralelo en los ejércitos de Rusia, Austria o Prusia. Al Cuartel General Imperial -dividido en el Cuartel General de la Grande Armée, el Comisariado General de Intendencia y la Casa del Emperador- Napoleón sumó un servicio topográfico realmente incomparable y, muy especialmente, la obtención de una verdadera" .montaña de datos relativos a las fuerzas enemigas. Ese sistema permitió a Napoleón controlar con notable perfección fuerzas militares de un tamaño realmente impresionante,circunstancia una vez más totalmente fuera del alcance de otros ejércitos.
Con todo, constituiría un error pensar que los éxitos del emperador radicaron únicamente en las.innovaciones técnicas. Bonaparte supo además utilizar de manera magistral factores como la moral de las tropas, la movilidad de sus fuerzas (en buena medida derivada de las reformas ya señaladas) y la capacidad para separar y parcelar, primero, y destruir, después,las tropas enemigas. Entonces -sería inútil negarloNapoleón era con mucho el general más competente de Europa. Pese a todo, existían razones para interrogarse acerca del tiempo que podría mantener esa superioridad indiscutible. Para empeza los éxitos imperiales derivaron en buena medida de su mando único y centralizado. Sin embargo, habría que preguntarse si, enfrentado con una guerra en varios frentes, sería capaz de delegar en subordinados o insistiría en mantener el mando de una manera única y, por ello, ineficaz. Tampoco parecía que la política seguida por las tropas francesas en territorio enemigo pudiera contribuir a cimentar de manera perdurable las victorias de Napoleón.
LA TÁCTICA DE PRACTICAR expolios continuados y sistemáticos podía ser útil en tropas, pero dificilmente se podía ser tan optimista en relación con las posibles reacciones futuras. Enfrentado con poblaciones civiles hostiles e incluso opuestas violentamente, ¿podría Napoleón sofocar todo tipo de sublevaciones sin que eso influyera negativamente en su estrategia?
Finalmente, había que tener en cuenta que los adversarios de Napoleón fueron derrotados vez tras vez desde hacía más de un lustro. Sin embargo, sería erróneo considerados como a un conjunto de soldados torpes o incompetentes. Eran, en términos generales, militares hábiles, e incluso brillantes, desbordados por una mente bélica superior. Pero precisamente por ello entraba dentro de lo verosímil que acabaran un día adáptando las innovaciones napoleónicas e introduciéndolas en sus ejércitos. Para entonces, Napoleón podría hallarse frente a avispados alumnos dotados con medios materiales superiores. Al darse tal circunstancia, el sol del hasta entonces invicto emperador comenzaría a eclipsarse.
C.V.

TROPAS ESPAÑOLAS PARTICIPARON EN LA CONQUISTA DE SAIGON

N TERRITORIO VIETNAMITA. - Cochinchina, región meridional de Vietnam cuya capital era Hue, fue un territorio gobernado por la familia de los Nguyen, que se había expandido por el delta del Mekong, había ocupado Saigón en 1698 y había extendido lentamente sus dominios por las llanuras del bajo Mekong. La monarquía imperante fue derrocada por un levantamiento en los años 1 771-1 785, pero recuperó el poder en 1 789 por medio de NguyenAnh, quien propició el auge económico de la región. A partir de estas fechas, los soberanos de Hue comenzaron a poner trabas a la presencia extranjera en la región. Esta postura xenófoba fue creciendo en intensidad y dio el pretexto para la intervención militar de los franceses cuando el rechazo de los europeos devino, por parte del emperador anamita Tu Duc, entre 1830 y 1864, en persecución de los misioneros católicos tanto franceses como españoles, que alcanzó su punto más algido con el asesinato del obispo español José María Díaz Sanjurjo. Para proporcionar una mayor consistencia a la respuesta, Francia, basándose en los términos del Tratado de la Cuádruple Alianza, solicitaba la cooperación española, que enviaba desde la guarnición destacada en Manila una expedición integrada por 500 (otras fuentes hablan de 1.400) hombres, peninsulares y tagalos, al mando del coronel Ruiz de Lanzarote.La guerra comenzaba en 1858 y culminaba su primera fase en febrero de 1859 con la toma de Saigón por el general francés Rigault de Genovilly. A partir de 1860, la presencia española se reducía a 200 hombres comandados por el coronel F. J. Palanca, que fueron abandonados a su suerte por las autoridades españolas y cuyo aprovisionamiento quedaba en manos francesas. Palanca fue destituido en 1861, pero no fue relevado hasta 1863. La marcha de la campaña, favorable a los expedicionarios; y el levantamiento de los católicos en Tonkín obligaban a Tu Duc a firmar la paz en Saigón en 1862. Francia sacaba importante tajada económica y política, mientras España recogía algunas migajas en forma de indemnización por la guerra y cierta libertad de comercio en algunas plazas, pero fracasaba en su objetivo de «introducirse a modo de potencia en el continente asiático e iniciar una expansión en el exterior». Antes de regresar a sus bases filipinas,las tropas españolas se vieron forzadas a intervenir en abril de 1863 para sofocar las sublevaciones levantadas en las provincias cedidas a Francia tras la guerra.

miércoles, octubre 04, 2006

CÁSCARAS DE NUEZ PARA UNA GRAN GESTA

OLÓN Y LOS MARINOS QUE CON ÉL iniciaron el viaje hacia las Indias orientales partieron del puerto de Palos en una nao, la Santa María, y dos carabelas, la Pinta y la Niña. A su vuelta, regresaron en las dos carabelas, porque la Santa María, la Capitana, encalló el 25 de diciembre de 1492 en la costa norte de La Española (la actual Santo Domingo y Haití). De los dos navíos, la carabela había nacido como consecuencia de la revolución técnica que la flota europea había sufrido en las últimas décadas de la Baja Edad Media y de una necesidad: el paso de una cultura de navegación de cabotaje (trayectos por aguas conocidas entre los puertos, sin alejarse demasiado de la costa), a la navegación de altura y de las grandes exploraciones.
La navegación de altura y los primeros barcos capaces de soportarla nacieron en Portugal a lo largo del siglo XV, cuando, para regresar a la Península de sus expediciones africanas, los marineros se vieron obligados a abandonar la costa y adentrarse en el mar (los vientos y corrientes costeras eran favorables a la navegación durante el viaje de ida, pero no en la vuelta). Portugal desarrolló entonces un nuevo concepto de nave, heredera de las galeras mediterráneas y de los barcos atlánticos: la carabela latina. De las primeras, la carabela adoptó el aparejo latino (velas triangulares) y las líneas alargadas de su casco; y de los segundos, su constitución robusta y su impulsión exclusivamente vélica. El resultado fue la construcción de barcos de casco estrecho y reducido tonelaje, con dos o tres palos de velas latinas, especialmente aptos y manejables para las expediciones a lo largo de las costas africana.
Los barcos utilizados por Colón eran una variación de estas naves portuguesas: la carabela redonda, que comenzó a fabricarse a finales del siglo XV en los astilleros de la Baja Andalucía. A diferencia de la carabela latina portuguesa, utilizaba velas cuadradas en uno o dos de sus palos, sobre un total de tres. Según los documentos conservados en Canarias, Colón decidió acoplar un aparejo redondo a la Pinta, la nave más rápida de las tres.
Por su parte, como nave comercial de gran tonelaje, la nao nació en el siglo XII. Fue el segundo de los mayores navíos medievales conocidos, tras la carraca. La nave empleaba velas cuadradas en los palos mayor y trinquete (el palo de la proa de la nave, la parte delantera del barco) y en el de mesana (el mástil que está más a popa del buque, la parte trasera), una vela latina. La popa de la nao utilizada por Colón era plana.
De los dos modelos de barcos, las carabelas eran especialmente útiles para las exploraciones y navegaciones rápidas en aguas desconocidas, mientras que la misión de la nao, un navío de más porte, era la de ir en conserva para cargar los hallazgos de las expediciones.
Por entonces, la capacidad de transporte de los barcos no se medía por toneladas (una medida de peso), sino por tonelaje (de capacidad). Se calcula que la nao Santa María era capaz de desplazar alrededor de 100 toneladas, la Pinta unas 70 y algo menos la Niña. La mayor parte de la capacidad de carga de los barcos se reservaba para las provisiones que se consumían durante los viajes. El resto se repartía entre los repuestos del barco, el armamento de la tripulación y los objetos destinados al trueque e intercambio con los pueblos indígenas. En el siglo XV, las naos llegaron a alcanzar 600 toneladas de desplazamiento.
Óscar Medel

martes, octubre 03, 2006

OFICIAL y CABALLERO

ONZALO FERNÁNDEZ de Córdoba fue uno de los últimos caballeros que representaron los ideales medievales y, al tiempo, uno de los primeros que alumbró el Renacimiento. Pródigo hasta la extenuación -"la riqueza es servirme de ella" decía-sus gestos resultan hoy tal vez asombrosos, pero no exentos de imaginación.
En ocasiones dejaba ir a los prisioneros con regalos, después de agasajarlos; ofreció un ducado a los soldados por día que no blasfemaran; compraba lo saqueado por las tropas y lo devolvía a sus propietarios y, por supuesto, mantenía estrictamente los ritos religiosos, hasta el punto de que tras su muerte, se encontraron cilicios y disciplinas en uno de sus cajones.
NO SE CONOCE, además, que tuviera otro trato de mujer que con sus esposas: primero, Isabel de Sotomayor y, cuando ésta falleció de un mal parto, María Manrique. Desde luego, la especie que a veces circula sobre sus su puestas relaciones con doña Isabel la Católica son un burdo engaño. Con razón pudo decir, a pesar de todos sus recelos, el rey Fernando el Católico que el Gran Capitán era «el principal varón de nuestros reinos».

EL CAÑÓN DESEQUILIBRA LA BALANZA MILITAR

l cañón se inventó, por casualidad, a finales del siglo XIII en el laboratorio alemán, Berthold Schwartz. Pero la primera vez que se usó con fines bélicos fue en 1324, durante el asedio de la ciúdad francesa de etz. Así se4 convirtió en el arma deseda.
EL NACIMIENTO DE LOS CAÑONES fue consecuencia del uso de la pólvora y, como tantos inventos, también del azar. Se cuenta que Berthold Schwartz, un fraile alemán de finales del siglo XIII, dejó en un mortero una mezcla de salitre y otros materiales inflamables tapados con una piedra. De forma fortuita, una chispa se coló en la mezcla del religioso y la piedra: salió despedida con violencia, causando grandes desperfectos en su laboratorio. Fue el primer cañonazo de la Historia.
Los chinos habían inventando la pólvora hacía siglos y en algunos puntos de Europa ya se usaba como munición de artillería, mediante distintos artefactos o «ingenios» como los del asedio de Niebla-. Pero los primeros cañones propiamente dichos tuvieron su bautismo de fuego en el asedio de Metz en 1324, en plena guerra civil francesa.
En la península Ibérica, el rey Mohamed IV de Granada, ordenó disparar «pelotas de hierro grandes» para acelerar los asedios de Orihuela y Alicante,según recogen las crónicas de la época; y resultaron decisivos en la Guerra de los dos Pedros entre Aragón y Castilla (1355). Pronto los cañones se utilizaron en las batallas navales: los ingleses los adoptaron desde 1340 y, más tarde, fueron incorporados a todos los grandes barcos de las flotas europeas. La evolución culminó con la construcción del primer buque de guerra: el galeón, que contaba con gran número de cañones en cubierta. A mediados del siglo XIV se desarrolló una artillería más práctica que los primitivos cañones: las lombardas o bombardas. Éstas se componÍan de dos elementos: un tubo de hierro, abierto por ambos lados, llamado caña, y otra parte más corta y cerrada donde se cargaba la pólvora, la recamara..Para dar fuego a la carga, la recámaracontaba con un pequeño agujero llamado oído. La puntería se hacía ,a ojo, hasta que aparecieron, a finales del XIV, unos mecanismos.rudimentarios (joyas de puntería) que servían para colocadas piedras en la dirección adecuada. Sin embargo, las bombardas continuaron siendo piezas de poca precisión. El problema no residía en la calidad de la munición, sino en la escasa potencia del disparo.
La munición que se usaba era conocida como bolaños o pelotas.Fragmentos de piedra caliza para los cañones grandes y proyectiles esféricos de plomo para los pequeños. Hasta que se perfeccionaron, el mayor logro de aquellos rudimentarios cañones es tribaba en el miedo psicológico que infundían en las filas enemigas, que se asustaban al ver tan cerca (apenas dos kilómetros) las bocas de fuego humeantes y, sobre todo, al escuchar el terrible estruendo que hacían.
Los cañones (y sus hermanos pequeños, los arcabuces y mosquetes) se hicieron cada vez más sofisticados, más mortíferos y comenzaron a proliferar por los campos de batalla de Europa. Modificaron las estrategias militares y convirtieron en escombros fortalezas que, hasta entonces, parecían inexpugnables.
Alberto García

JUAN DE LA COSA DIBUJA EL PERFIL DE AMÉRICA

LA LUZ DE LOS siglos, sobresale la labor del geógrafo y navegante Juan de la Cosa. Nacido en Santoña (Santander), se trasladó a vivir a.El Puerto de Santa María, donde habría de firmar su famoso mapamundi en 1500. Si hay una respuesta a la célebre pregunta ¿quién descubrió América?, la más adecuada sería decir que fue Juan de la Cosa. Cuando en el segundo viaje Colón avistó las costas de Cuba, no le cupo la menor duda de que se trataba de Cipango, la actual Japón. Juan de la Cosa lo desmintió con su carta. Ya en el primer viaje colombino, se dio cuenta de que los nativos no eran mongoles, los pájaros no correspondían a los descritos por los viajeros de Oriente, ni las islas pertenecían a Asia. Ésta fue la principal razón de sus desavenencias con Colón.
TAMBIÉN ISABEL DE Castilla se dio cuenta de que el marino cántabro era de fiar. Por ello le envió a Lisboa para espiar a los portugueses y aprender de sus navegaciones. Cuando los reyes suspendieron el monopolio
americano de Colón y comenzaron a otorgar las primeras capitulaciones, Juan de la Cosa figuró en la primera de todas, la concedida a Ojeda en 1499. Fue en esta travesía en la que levantó mapas y trazó distancias para completar su carta. También viajaba con ellos Americo Vespucio, quien a su vuelta publicó unos escritos con las peripecias de la expedición. Aquellas cartas tuvieron mucho eco en Europa y el cosmógrafo Waldseemüller decidió dar el nombre de su autor a la Terra Incognita que los esforzados navegantes habían hallado entre Europa y Asia. La Carta de Juan de la Cosa recogía todo lo descubierto hasta entonces, tanto por españoles y portugueses como por el italiano Caboto al servicio de Inglaterra. En la pieza, hecha con dos pieles de vaca cosidas entre sí e iluminada con oros y dibujos preciosos, aparecen Europa y África con formas muy parecidas a las reales. Las tierras de Asia y el Extremo Oriente siguen fieles a la tradición medieval y a la izquierda aparece claro y rotundo el perfil de América, desde Terranova hasta Brasil. Era el Padrón de Indias, el primer mapa del Nuevo Mundo.
Ignacio Merino

EL «GENERAL VIRUELA», ALIADO DE LOS ESPAÑOLES

a corona española conquistó América gracias a las armas... y a los virus. La caída de los imperios y civilizaciones indígenas fue,. en buena medida, una hecatombe epidemiológica. El Descubrímiento implicó una universalización de las enfermedades y un intercambio de males: los europeos cogimos la sífilis y los americanos se contagiaron del sarampión, la gripe o las paperas.
En el caso de México, el gran aliado de Hernán Cortes fueron las infecciones microbianas. Carentes de defensas, los distintos pueblos de la zona sucumbieron masivamente ante las nuevas enfermedades importadas por los conquistadores. Una simple tos podía ser la sentencia de muérte para un azteca. Se contagiaban y en poco tiempo fallecían.
En 1518, antes de que Cortés llegara a México, la población rondaba los 18 millones de habitantes. Cuarenta años más tarde: en 1560, sólo quedaban 2.600.000 habitantes..La mayoría murieron víctimas de las infecciones, sólo una pequeña parte de las defunciones son atribuibles a la guerra. ;
La viruela y el sarampión fueron las enfermedadesmás mortíferas. El "general Viruela"fue para los indígenas lo que «el general Invierno» para las tropas alemanas en el frente ruso. Pero también diezmaron la población mexicana, la peste, la grípe, la tosferina y las paperas.